Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio en...

martes, 5 de diciembre de 2006

Manualidades (I)


Mi nueva casa me encantaba, pero aún le faltaban algunos detalles necesarios. Me quedé en el medio del salón, pensando que se podía hacer cuando lo vi claramente en mi mente. El ancho del salón era el perfecto y la altura también.
Solo necesitaría un par de herramientas, y hasta podría ocultarlo para que no se vea el resto del tiempo. Me vestí a toda prisa, para salir a comprar lo necesario. Unos minutos más tarde volvía a casa cargado de herramientas, que acabarían en el trastero la semana siguiente, y pocas más veces volverían a salir.
Organicé todo encima de la mesa y empecé a hacer los huecos en los muros. El plan era sencillo, aunque me daría trabajo. Hacer unos huecos en las paredes y en el falso techo. Dentro irían, bien ancladas, unas argollas de metal. Solo tuve que medir bien las posiciones.

domingo, 12 de noviembre de 2006

Un esclavo americano en España


No me fue en absoluto difícil encontrar un Amo con el que tener mi primera experiencia en España. De hecho, tampoco tenía la intención de ser muy selectivo, ni muy exigente. Mi perfil funcionaba perfectamente. Mi cuerpo bien cuidado, mi experiencia, y el morbo añadido de mis orígenes, me proporcionó unas cuantas visitas y un montón de mensajes, solo en el par de días que dediqué a encontrar unas cuantas tiendas, necesarias para mis aprovisionamientos: comida sana y de calidad, ropa de deporte, un gimnasio y, por supuesto, un par de sex-shops en los que de momento solo ojee las inmensas posibilidades que, o bien ya había probado en USA, o bien estaba dispuesto a probar en mi nueva etapa en España.
Leí todos los mensajes con excitación; palabra que describía perfectamente mi estado general. El hecho de hallarme “en tierra hostil”, con más de 4 días sin posibilidades de rozarme con un buen macho dominante, y mi usualmente voraz apetito sexual, habían ya causado mella en mi habitual tranquilidad. Había mensajes de todo tipo, la mayoría, he de decir que completamente vacíos de posibilidades de encuentros rápidos, como mi mente (y cuerpo) estaban pidiendo a voces, y que sin embargo, animaron aún más mi excitación: “uff, que bueno estás” y “joder! Te daba por todos los lados…” son mensajes que a todo el mundo le gusta oír, ¿no?

Ni siquiera llegué a leer todos los mensajes, me encontré con uno que consiguió hacerme levantar de la silla del golpe: “busco un esclavo como tú”. El número de teléfono al final del escueto mensaje se quedó grabado en mi memoria.

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