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domingo, 7 de enero de 2007

En un Bar


Esa noche decidí salir a tomar algo y a conocer el ambiente de la ciudad. Esperando no pasar mucho tiempo en los trayectos entre bar y bar, me puse unos vaqueros apretados, unas zapatillas, y una camiseta de tirantes, que marcaba bastante mis músculos; encima llevaría un buen abrigo, para los desplazamientos.
No me costó mucho encontrar algunos sitios en los que parar, aunque eran simples bares de ambiente, acercándome a la zona gay y esperando que me invitaran los relaciones públicas, o siguiendo los movimientos de gente. Por pedir algo, me tomé una cerveza en los dos primeros locales, que estaban bastante llenos. Me aposté en una esquina de la barra, observando los cortejos de la gente local, y no tan local, pues muchas veces podía distinguir perfectamente bastantes personas, que claramente no eran españolas, por sus apariencias.
Más que nada, hice tiempo para ir al siguiente local que “no me podía perder”, en el que el ambiente empezaba un poco más tarde. Hubo un par de personas que se atrevieron a acercase a mí a saludarme, algunos de ellos con muy buena pinta, pero yo estaba disfrutando al máximo mis labores exploratorias, y no les di mucha conversación, por lo que desistieron, quizás con la intención de volver a intentarlo en el siguiente local al que yo, informaba secamente, iba a ir después.

Llegó el momento de entrar en esa especie de discoteca minúscula, en la que tardé bastante en llegar al guardarropa, debido a lo llena que estaba, para dejar mi enorme abrigo a buen recaudo. Aunque las cervezas ya me estaban haciendo efecto, debido a mi falta de costumbre con el alcohol, la entrada incluía una copa, que decidí consumir tranquilamente. Me la sirvieron en un vaso de tubo ante mi estupefacción y me fue fácil beberla despacio, por su fuerte sabor a alcohol.
Me movía por el local, buscando huecos en los que estuviera tranquilo, para seguir mirando discretamente a la gente de la discoteca, cuando me di cuenta de que había cruzado mi mirada con un chico en varias ocasiones, y en esta última, me estaba mirando descaradamente. Era un chico con rasgos claramente sudamericanos, de unos treinta y pocos años, e iba embutido en una camiseta que le marcaba unos buenos bíceps, muy naturales. Me lancé a hacerle un gesto de brindis con mi copa, y enseguida estaba casi a mi lado bailando, sin dejar de quitarme la vista de encima. Me sentía completamente observado, pero es algo que nunca me ha disgustado.
El barullo de gente quiso que acabáramos frotándonos y el enseguida se lanzó a mordisquear mi cuello. Yo me dejé hacer, quizás por el efecto de la bebida, y en pocos minutos estamos besándonos lascivamente en una esquina de la barra. Yo insinué que deberíamos irnos a casa y él accedió. Salimos de la disco, tras recoger los abrigos, agarrados por la cintura y él paraba en cualquier esquina para meterme otra vez la lengua en la boca, mientras me tocaba el culo con las dos manos descaradamente. En una de esas, dejó de besarme y me miró a los ojos.
-          Tú hoy vas a hacer todo lo que yo quiera, ¿verdad? - preguntó
Yo asentí.



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