Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

lunes, 8 de enero de 2007

Perro por sorpresa


Llegamos a su casa, y su furor por besarme no se vino a menos. No paró de morrearme mientras se denudaba. Para quitarme la ropa a mí, simplemente me decía “quítate eso”. Terminamos desnudos, encima de su cama, él sobre mí, cuando se tumbó a un lado de la misma. Yo me coloqué a cuatro patas a su lado, para empezar a chupársela.
Sus manos se desplazaron por toda mi espalda, dejándome comérsela a mi ritmo, hasta que bajaron por la raja de mi culo para terminar en mis pelotas. Las sujetó firmemente y comenzó a apretarlas cada vez más, dándose cuenta que cuanto más apretaba, más rápida era mi mamada, y más tiempo intentaba dejármela completamente entera dentro de mi garganta.

-          Tú eres un buen perro, ¿no? -preguntó
-          De los mejores - contesté, algo orgulloso
-          Demuéstramelo - siguió
-          ¿Cómo? - pregunté, mirándole a los ojos.
-          Ponte a 4 patas en el suelo y ladra. - contestó.
Se retorcía por la cama de risa cuando me vio en el suelo a cuatro patas, con la cabeza mirando hacia él, imitando los ladridos de un perro y sacando la lengua para jadear.
-          Anda vuelve a la cama - me dijo por fin, todavía riéndose.
Me subí a la cama a cuatro patas, para seguir con el juego del perro ,y él se puso de pie.
Me folló el culo bastante bien con su generosa polla, mientras apoyaba sus dos manos en mi espalda. Me soltó un par de azotes suaves, sin parar de metérmela, hasta que la sacó del todo y quitándose el condón se tumbó en la cama.
-          Trae la cara aquí – dijo, dando una palmada en su abdomen.
Meneó su polla con una mano, mientras me rodeaba el cuello con la otra, y soltó tres chorros de leche, que me cayeron calentitos en toda la cara, desde la frente, manchándome el cabello, hasta la barbilla, arroyando por las comisuras de mis labios, y por los dobleces de mi nariz.
Sacó unos pañuelos de un cajón, soltándome el cuello, y yo los tomé para empezar a limpiarme la cara. Él se tumbó relajado en su cama, abriendo las piernas y tapándose con el enorme edredón.
-          Que pereza salir a mear ahora – dijo, por sacar un poco de conversación.
-          No tienes porque… - empecé a contestar
-          ¿Cómo? - preguntó, sin saber lo que yo había querido decir.
-          Que puedes mear aquí mismo – contesté, con media sonrisa.
Se subió a horcajadas encima de mi abdomen.
-          Pero no quiero manchar la cama - me dijo.
-          Tranquilo, que no se mancha nada. Vete despacio. - contesté.
Acercó su polla a mi boca y yo la abrí preparándome. Tardó en empezar a salir, parece que le costaba hacerlo cuando no estaba solo, pero cuando empezó, el chorro fue aumentando potencia rápidamente;  él lo redirigía hacia el centro de mi boca en cada momento. Fui tragándomelo todo, tranquilamente, aunque tuve que acelerar cuando el chorro llegó a su máximo, y acercarme un poco más cuando ya disminuía la potencia, al acabar. No se derramó ni una gota y le limpié la punta con la lengua, llegando a meterme todo el capullo en la boca.
Después de eso, él se acostó a dormir y yo le dije que me iba. Me acompañó hasta la puerta cuando terminé de vestirme.




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