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viernes, 23 de febrero de 2007

Cumpliendo del Contrato (II)


El ruido de la puerta me pilló completamente por sorpresa, y ya que el trabajo que estaba haciendo no era urgente, corrí hacia el salón para comprobar que era el Amo Marcos quien acababa de entrar y me puse de rodillas a su disposición.
-          ¿Por qué no estás desnudo? – me preguntó con su voz suave.
Casi se me había olvidado que llevaba unos suspensorios puestos y empecé a bajármelos, todavía de rodillas, pero el Amo me paró cuando iba a pasarlos por debajo de mis rodillas, y allí los dejé.
-          Ya me encargaré de eso luego – me dijo.
-          Quiero una cerveza – dijo autoritariamente.

Me levanté corriendo para traerle la cerveza, aun con los suspensorios a la altura de mis rodillas. Me los quité completamente antes de ponerme de rodillas, después de entregarle al Amo Marcos, que ya estaba sentado en el sofá, quitándose la camiseta. Después de darle un buen trago, colocó sus manos detrás de la nuca.
-          ¿No vas a limpiarlas, puta? – me preguntó.
No contesté y me lancé a lamer sus axilas, pero me paró una de sus manos, golpeando mi cara con fuerza.
-          Pide permiso, puta – me dijo, cuando vio mi cara de sorpresa.
-          ¿Puedo limpiar sus sobacos, Amo? – contesté rápidamente.
Otra ostia me volvió a caer en toda la cara, más fuerte que la anterior.
-          ¿Cómo se pide, puta? – dijo el Amo Marcos.
-          Por favor, Amo. ¿Me deja limpiar sus axilas, Amo? Se lo suplico – las palabras se aceleraron en mi boca, ciertamente suplicando.
-          Hazlo, puta – permitió el Amo.
Por fin, me moví de nuevo hacia las axilas del Amo, con cuidado, no fuera a ser que me cayera una nueva ostia. Esta vez llegué a una de ellas y sacando bien mi lengua de la boca, empecé a lamerlas con ansias. Tenían un sabor y un olor realmente fuerte, como si no se hubiera duchado ese día, cuando se había cambiado de ropa para venir a mi casa después del trabajo.
Esta vez no hubo lamida de pelotas. Mientras yo limpiaba el olor a sudor de sus sobacos, el Amo de desabrochó los pantalones y de pronto me agarró del pelo, tirando de él con fuerza, haciéndome llevar mi cabeza a su entrepierna, de lado, con una mueca de dolor por el tirón repentino. Un lapo se estrelló en mi mejilla, con los ojos cerrados, directo desde la boca del Amo Marcos, que no dejó de tirarme del pelo, hasta que consiguió colocar mi cabeza lista para meterme su polla en la boca.
Tampoco me dejó comerle la polla un rato. La follada de garganta empezó automáticamente desde que abrí los labios y su polla dura se deslizó duramente entre ellos. El Amo Marcos gimió y ya con la polla al fondo, empezó a follarme la garganta con sus cortas embestidas, que me rasgaban la garganta, mientras todavía estaba abriendo mi boca del todo. El ritmo lo marcaba su mano sujetando mi pelo fuertemente, hasta que tiró de mi cabeza alejándome de él, y me soltó el pelo, casi de un empujón. Me quedé con mi mueca de dolor, tambaleándome de rodillas delante del Amo, mientras él se situaba al borde del sofá y, acercando su cara hacia la mía, me soltaba otro lapo directamente a la cara.
-          Fóllate, puta – me dijo, mientras me soltaba una nueva ostia y se recostaba cómodo, sin alejar su entrepierna del borde del sofá.
Me puse rápidamente de pie para darme la vuelta y comencé a agacharme acercando mi culo a la polla dura del Amo. Marcos agarró mis dos nalgas con las manos y las separó, emitiendo un bufido de ganas. Noté su mano húmeda que golpeaba mi ojete, más que tocándolo, azotándolo, antes de sujetarme las caderas, mientras yo orientaba mi ojete hacia la punta de su capullo.
Encontré la posición para meterme su polla hasta el fondo, exhalando todo mi aire de un golpe en un gemido, y estabilizando mi equilibrio, empecé a follarme profundamente con la polla del Amo Marcos, metiéndomela hasta el fondo en todas las embestidas, sin que él tuviera que moverse en absoluto, aunque me agarraba por las caderas. Mis gemidos aumentaban de tono, a la vez que aumentaba le ritmo al que me follaba con su polla; y los de Marcos casi al mismo tiempo. No aguantó mucho más hasta que me sacó de su polla, empujando mis caderas lejos de él.
Aún con la polla fuera, yo seguí gimiendo  y repitiendo los movimientos, como si me siguiera follando.
-          Toma, puta – me dijo el Amo Marcos.
Yo seguía moviéndome como una zorra en celo, imaginando que su polla seguía dentro de mi ojete, que palpitaba en medio de mi culo, mientras dos chorros de leche del Amo se estrellaban contra mi espalda.
-          Síiiiii, puta – dijo el Amo Marcos, sin que yo dejara de moverme al recibir su leche caliente en mi espalda.
Me di la vuelta para arrodillarme, con la boca abierta y la lengua fuera.
-          Gracias, Amo – dije, justo antes de llevar mi boca hacia las pelotas del Amo.
Marcos me apartó de sus huevos casi de un manotazo, para acabar de quitarse los pantalones, que todavía estaban en sus tobillos. Me puso a cuatro patas y se sentó encima de su propia leche que seguía en mi espalda.
-          Al baño, puta – me dijo.

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