Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

lunes, 19 de febrero de 2007

Segunda Prueba


Llegó bastante más tarde de las 20:00, y sin avisar de su retraso; de hecho, yo ya pensaba que
había sido un calentón, y que no vendría ese día, ni volvería a saber nada más de él.

Mientras el Amo subía las escaleras yo me quité el suspensorio, para recibirle desnudo, como el día anterior, pero esta vez dejé la puerta abierta y me arrodille en medio del salón. A él no pareció disgustarle este ligero cambio y cerró la puerta tras de sí, cruzando el salón a mi alrededor para acomodarse en el sofá. Esta vez iba vestido de forma más elegante con pantalón de traje y zapatos; parecía que acababa de salir del trabajo.
-          Mis zapatos necesitan una limpieza – dijo con tono de sugerencia
No tardé nada en bajar mi cabeza hasta ellos y empezar a limpiarlos. Mientras movía mi lengua eliminando las manchas de lluvia de sus zapatos, observé sus calcetines ejecutivos muy diferentes a los deportivos blancos, que ya había catado. Pocos minutos después, estaría saboreando de nuevo los pies del Amo a través de ellos.
La comida de pies no duró mucho y, esta vez, parecía que no estaba tan cachondo como el día anterior, porque alargó bastante la sesión. Pude empezar saboreando su polla, que ya había cabalgado intensamente, hacía unas 24 horas. Al comenzar, me pidió que le lamiera las pelotas, que le colgaban bastante, debajo de su polla un morcillona. Me dediqué a ellas tranquilamente lamiendo sin prisas los cojones del Amo, la parte de sus piernas que más cercana a ellos y cada uno de sus pliegues, con sabor a macho acumulado durante el largo y duro día de trabajo. Pude lamer un poco el tronco de su polla, mientras notaba que se iba levantando cada vez más, pero él me indicó que “todavía no”, con una voz suave, en la que note que estaba disfrutando, pero que a la vez sonaba muy autoritaria.
El momento llegó cuando él terminaba de desabrochar su camisa. Se inclinó hacia adelante para sacarse las mangas y su polla, perfectamente dura, se balanceó delante de mi cara. Me la metí de golpe en la boca, lo más profundo que pude, sacándole un jadeo. Recuperó su postura relajada y yo continué chupando sin miedo su polla, de tamaño medio, haciendo que me entrara hasta el fondo en varias ocasiones, en las que él sujetaba mi cabeza con ambas manos, y moviendo su cadera me follaba el fondo de la garganta durante cuatro o cinco embestidas cortas, para luego sacármela del todo y hacerme mirarle a los ojos con las babas aún colgando de mis labios.
-          ¡Qué bien la chupas, puta! – me dijo con cara de vicio.
Pero no iba a correrse sólo con la mamada; me anunció que luego me follaría, pero que quería disfrutar de mi cuerpo un poco más. Yo me puse de rodillas con las manos a la espalda y le mire unos segundos a los ojos, antes de bajar mi cabeza. Estaba completamente dispuesto a que disfrutara conmigo, de la forma que más le apeteciese en ese momento, pero no le dije nada; no creo que hiciera falta.
Me palpó el torso completamente, empezando por los hombros y terminando por los abdominales, sin que yo me moviera de mi postura, con ambas manos, deteniéndose en los pezones, que fue apretando con sus dedos progresivamente, mirándome fijamente a los ojos, hasta que conseguía que mi cara indicara dolor. Cuando me colocó a cuatro patas, empezó a sobar mi culo, primero mis nalgas para acabar agarrando mis huevos desde atrás. Los enganchó como una abrazadera con dos de sus dedos y tiró de ellos hacía él, acariciándolos con la otra mano antes de darme unos buenos manotazos.
-          Consígueme algo para atarlos - pidió el Amo.
Me fui corriendo a por uno de mis cuerdas estrechas, que le pareció agradar, y me quedé de pie enfrente del Amo ofreciéndosela. Me los ató rápidamente, con mucha habilidad, dejándomelos bien apretados y listos para los siguientes manotazos que me daría, aún más fuertes que los primero, mientras me exigía que no me moviera. Me mordí los labios con fuerza para evitar que el dolor me hiciera mover las piernas, y conseguí que lo único que se zarandease con sus golpes fuera mi polla dura, por la inercia del movimiento. El Amo parecía complacido y busco sus pantalones para separar de ellos un cinturón de cuero negro, con una hebilla metálica.
Mantuve la posición mientras él paseaba, también desnudo a mi alrededor, observando mi cuerpo como si estuviera en una exposición y observara una obra de arte antes de pagar por ella. Desde uno de mis laterales, sentí el golpe de su cinturón, que había doblado en cuartos, y que cayó justo en el centro de mi polla, haciéndome quejarme. No fue el último golpe desde esa posición hasta que me aclaró:
-          Ya sabes lo que quiero para que pare… - no terminó la frase, esperando que yo le entendiera.
Me rodeó por la espalda, pasando el doblez de su cinturón por mis nalgas, mientras yo cerraba los ojos, preparándome mentalmente para la siguiente ronda. Me llevó otros tres golpes, desde el otro lado, que cayeron a diferentes alturas de mi polla, el poder aguantarlos sin hacer el más mínimo ruido ni moverme, corrigiendo cada uno de mis músculos con cada nuevo golpe con respecto al anterior.
Superada esta prueba se arrodilló en el sofá y me señaló el cojín, justo delante de él, con cara de vicio. Me coloqué a cuatro patas encima del sofá, y  la follada que me metió no tuvo nada que envidiar a la que yo había, casi dirigido, el día anterior. Se encargó de meter y sacar su polla de mi culo con grandes gemidos en varias ocasiones, con un solo empujón, hasta que en uno de ellos me la metió hasta el fondo y también me hizo gemir a mí. Después de eso comenzó, a follarme directamente a ritmo rápido y fue capaz de correrse después de múltiples embestidas, sacando su polla de mi culo justo antes, para hacerme sentir su leche caliente sobre mis nalgas, y también sobre mi espalda, por el primer chorro que soltó, que llegó hasta ella.
Yo seguía a cuatro patas cuando me di cuenta que se estaba vistiendo, y me incorporé para intentar limpiarme.
-          Ya te ducharas cuando me vaya – Me dijo sin preocupación
-          Sí, Amo – contesté.
-          No te aceleres…. Aún te estoy probando – me dijo con una sonrisa abierta
-          Espérame mañana sobre esta hora - terminó.


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