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miércoles, 21 de marzo de 2007

Primer Cumpleaños en Madrid

Me desperté en la mañana con ese pensamiento. Aunque era algo que no solía celebrar desde hace años, éste, yo solo en Madrid, me apetecía hacer algo por mi cumpleaños. Cumplía 24 años, ya 3 como esclavo, y estaba viviendo mi sueño en España, "encontrándome con mis raíces".

El Amo al que servía en ese momento, llevaba unos días fuera de la ciudad, y ese día finalizaba mi contrato con él, así que, tenía todo el día por delante para celebrarlo. Me lancé a la ducha, y me di una larga y calentita, ignorando mi incipiente erección mañanera. Me vestí con tranquilidad, eligiendo un suspensorio de color llamativo, unos pantalones de chándal, cómodos y calentitos, una camiseta cualquiera y una sudadera holgada. Salí a la calle sonriente a por mi desayuno, que me costó encontrar, pues quería tortitas.

Después de desayunar tranquilamente en el restaurante, me fui a dar un paseo por el barrio de chueca, visitando todas las tiendas que me encontraba por mi camino, pues aún no sabía cual sería mi auto-regalo de cumpleaños. En una tienda de ropa interior, encontré lo que en ese momento me parecería lo mejor, y me compré unos suspensorios preciosos, y también un slip muy pequeño, que creía me quedaría genial.

Tras haber estado mirando la ropa interior, tenía una excitación bastante grande, y al encontrarme un sex shop delante de mí, decidí entrar a echar un vistazo. Paseé mi vista sobre el estante de los juguetes anales, después de haber echado un vistazo rápido a la zona de los libros y DVD's, que se encontraba nada más entrar en el local. No vi nada que me llamara especialmente la atención, pero me llevé un cockring hecho con cintas de cuero, que se unían entre sí con corchetes, y unas bolas chinas de buen diámetro, pues no tenía ningunas. El dependiente me informó que tenían una zona trasera de videos, y decidí pasar a ella, pues tampoco tenía prisa en ese día, que era solo para mí.

La zona de atrás era bastante underground, por llamarla de alguna forma fina: una serie de cubículos cutres, en los que se podían meter unas monedas para ver unos videos, que no me interesaron mucho. Mi sorpresa llegó cuando observé una polla que aparecía en el cubículo en el que me había metido; no me había fijado en los agujeros que conectaban los cubículos entre sí, pero parecía que funcionaban como un gloryhole.

La polla que asomaba parecía estar completamente depilada, pues no se intuía ni un solo vello, y ya estaba completamente erecta. Unos 18 centímetros, calculé. La verdad es que el entorno no acompañaba, y ni siquiera había cerrado la puerta de mi cubículo, pero esa polla se me había aparecido, a modo de regalo de cumpleaños, y me agaché para empezar a comérmela. Supongo que era lo que el dueño de la polla estaba esperando, habiendo oído ruido en el cubículo a su lado, el mío; no se sorprendió cuando me empecé a tragar su polla con avidez. Estuve chupándosela un largo rato, habiendo dejado mis bolsas de la compra en una esquina, agachado en el suelo, mientras frotaba mi polla dura a través de mi suspensorio y de mi pantalón de chándal; ligeramente, sin llegar a masturbarme. La verdad es que estaba mucho más deliciosa, y era un mejor desayuno, que las tortitas que aún inflaban mi estómago.

La polla desapareció igual que llegó, y yo intenté mirar a través del agujero, pero todo era oscuridad en el cubículo de al lado. Oí unos ligeros jadeos y pegué mi oreja a la madera. El dueño de ese manjar, que había disfrutado, estaba corriéndose justo a mi lado, separados por una fina lámina de vieja madera. Cuando el sonido terminó, empecé a recoger mis bolsas, y salí de allí, marcando mi polla dura a través del chándal, esperando cruzarme con quién me había dejado comerle el rabo. Por mucho que miré, no localicé a nadie más en el resto de cubículos, todos abiertos, y me decidí a abandonar la tienda.

El chico de la tienda estaba arreglando algo en la puerta cuando yo salía, y me la abrió con una exagerada sonrisa, cuando yo me dirigía a ella, fijándose en mis pantalones, aún marcando mi polla. Se despidió de mí como si hubiera sido el cliente del año.

- Feliz Cumpleaños- me dijo, y yo me paré en seco y le miré con cara de sorpresa.
- Perdona. Vi la fecha antes en tu identificación. Me di cuenta ahora, que hoy es día 21 - explicó.
- Gracias - contesté pensativo, antes de seguir mi camino fuera de la tienda.

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