Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

miércoles, 25 de julio de 2007

Una sesión normalita


La conversación en la página de contactos fue rápida, para pasar a WhatsApp. Desde allí tampoco hablamos mucho, simplemente me dio las instrucciones de cómo tenía que esperarle en mi casa al día siguiente, a la hora que habíamos pactado. Las reglas eran sencillas, en suspensorio, de rodillas detrás de la puerta abierta y con un plug metido en mi culo.

Quince minutos antes de la hora prevista ya me había avisado que estaba en camino y yo ya estaba duchado y bien limpio. Coloqué la mesa de centro perpendicular al sofá, dejando dos plazas con sitio de sobra a su frente, y en la esquina más cercana al él, coloque el cenicero con una cajetilla de Lucky sin abrir y el mechero. Decidí que el mejor sitio para los 20 euros que habíamos acordado, por molestias de desplazamiento, sería debajo del cenicero y allí los sitúe en un solo billete.


Daba vueltas en el salón, mirando el reloj que ya pasaba de las 19:00, nervioso, cuando sonó el timbre del portal. Corrí hacia el y pregunté:
-          ¿Sí?
-          Abre - Oí escuetamente de vuelta.

Abrí, deje mi móvil aparte, abrí la puerta de casa y me situé detrás, según lo acordado, esperando impacientemente mientras oía los pasos por la escalera,  mirando al suelo. Pronto vi una sombra proyectada en el suelo y oí la puerta cerrarse. Unos pies aparecieron sobre el parqué y sin saber muy bien cómo, una polla me entró hasta el fondo de la garganta de un solo empujón. Con la impresión, mi culo se relajo, y el plug se cayó, produciendo un golpe plástico en el suelo.
Mientras seguía chupando la verga que tenía buen tamaño, oí una cremallera y vi una mochila posarse en el suelo. Un segundo después, note algo frio alrededor de mi cuello y un apretón que me hizo llevarme una mano a él, para encontrar un tacto de cuero, que resultó ser un collar que estaba atado a una cadena de perro. La polla empezó a separarse cada vez un poco más de mi boca mientras la chupaba, al mismo tiempo que recibía los tirones que me daba el collar al cuello:
-          Vamos, sin sacártela de la boca - dijo el Amo desde encima de mi cabeza.
Avanzamos juntos hacia el sofá, él de pie, andando hacia atrás, y yo a 4 patas, avanzando rápido para que su polla no llegara a salir del todo de mi boca, hasta que se sentó en el sofá y pude continuar la mamada tranquilamente, apoyado sobre mis rodillas, entre sus piernas abiertas, que tenían un ligero vello negro, recortado recientemente, mientras que sus pelotas y pubis no presentaban ni un solo pelo. A la tracción de la cadena del collar, se unió una mano posada sobre mi cabeza, y sus caderas tomaron el control del ritmo de la mamada, haciéndome relajar completamente mi garganta, para permitir la follada de boca que me estaba metiendo, dejando caer mi baba sobre sus ya inflados cojones, durante poco más de un minuto.


Cuando me ordenó ponerme en pie, por fin vi su cara en persona, en la que se reconocía un gesto vicioso. El resto de su cuerpo, atlético, aunque no musculado. La mochila que había visto posarse antes en el suelo, había llegado hasta su lado, y él busco allí unas cuerdas, más parecidas a cordones de zapatillas. Deslizó mi suspensorio hasta mis rodillas y procedió despacio al atado de mis pelotas, hasta que consideró que estaban bien apretadas. Lo comprobó dándole unos golpecitos y yo me mantuve con las piernas bien abiertas, hasta que mandó volver a subirme el suspensorio.
-          Vete a por el plug y tráelo con la boca - me dijo.
Bien entrenado en lo que tenía que hacer, me puse de rodillas para después posar mis manos en el suelo, y avancé a 4 patas hacia la puerta, donde se había caído el plug. La única forma que encontré de transportarlo convenientemente estando a 4 patas, fue conseguir empujarlo con los labios y los dientes, hasta que lo metí en mi boca, como si fuera en mi culo. Cerré los labios alrededor de su base. Corrí aguantando las babas dentro de la boca, hasta ponerme delante del Amo, a los pies del sofá, donde deje caer el plug lleno de baba. La mano del Amo levantó mi cabeza, tomándome por la barbilla.
-          Abre la boca - dijo.
Un escupitajo se disparó inmediatamente desde su boca hasta el centro de mi garganta. Tragué rápidamente.
-          Gracias, Amo - contesté con cortesía.
Mantuve la boca abierta, mirando a mi Amo, en caso de que viniera otro más, siguiendo la posible trayectoria del lapo, mientras el Amo movía su cabeza hacia adelante sobre mi, haciendo un gesto de acumular saliva. Sin embargo, su cabeza se movió hacia la izquierda en el último momento  y el siguiente lapo fue directo al suelo.
-          Limpia eso - ordenó.
Me di prisa a bajar mi cabeza hasta el suelo, sacando la lengua rápidamente, para recoger todo con ella, y tragármelo en cuanto pude.
-          Y ahora mis zapas - dijo el Amo.
Sin meter la lengua en la boca, me moví hacia sus pies, y me dediqué tranquilamente a una de sus zapas, empezando a lamer la punta primero, y poco a poco desplazándome cada vez más arriba por los laterales blancos de la misma, dando lametazos cortos y apretados. Disfruté muchísimo el tiempo que pasé dedicado a ambas zapatillas, alternativamente, sin que mi erección se bajara ni un ápice, dentro de mi suspensorio, con los huevos bien atados, hasta que me una tela negra cubrió mi ojos, y sentí un apretón en mi nuca, que tiró de mí hacia arriba. Me había vendado los ojos y dejado de rodillas en medio de mi salón.
Mi respiración se aceleraba, sin saber que sería lo siguiente, y me pareció que oía el sonido antes de sentir el golpe, a mano abierta, que se estrelló contra mi mejilla izquierda. La sorpresa me hizo apartarme ligeramente, pero reaccioné a tiempo, volviendo a mi posición original, erguido y con las manos a la espalda, haciendo un esfuerzo por no apartarme de allí, ante esa sensación de que pronto me caería otra por el otro lado. Sin embargo, fueron dos más, bastante seguidas, las que me cayeron por el lado izquierdo, justo antes de  que una mano me empujara por la espalda, haciendo que mi cabeza cayera contra el sofá, aún sujetada por el collar de perro. Automáticamente mis manos salieran disparadas hacia adelante, parando el golpe, y apoyándose en mi sofá.
Devolví mis manos a la espalda en cuanto fui consciente de mi nueva posición, y el problema se arreglo completamente, cuando noté las esposas cerrarse alrededor de mis dos muñecas. Unos segundos después, un pie empujaba cada uno de mis tobillos, alternativamente, abriéndome las piernas. La polla del Amo se deslizaba dentro de mi culo, todavía lubricado por el uso del plug, un instante después.
Fueron solamente 10 o 12 embestidas, bien profundas, y saliendo casi completamente de mi culo.
-          Lo tienes muy estrecho. No te follo más que me corro ya. - dijo el Amo, con tono de vicio.
Me quitó la venda de los ojos, ya sentado de nuevo en el sofá, y me ordenó meterme en la boca sus dos enormes pelotas; cosa que me costó bastante, sin usar mis manos, que seguían esposadas a mi espalda. Mientras yo me peleaba con mis mandíbulas y conseguía empezar a mover mi lengua por todas sus dos pelotas, él abrió la cajetilla de tabaco, que tenía preparada desde el comienzo de la sesión, y se fumó un cigarrillo tranquilamente. Yo veía su rabo, todavía durísimo, descansando sobre su abdomen, cuando abría los ojos, e incluso me atrevía a levantar la vista hacia los ojos del Amo, donde me lo encontraba con cara de gusto, fumando, mirando fijamente como le chupaba los huevos. Tuve que sacarme sus grandes huevos de la boca, a petición suya, que me levantaba la cabeza empujando mi barbilla, para mirarle a los ojos, con la boca abierta, esperando el lapo, de sabor a tabaco que me caería en la boca de nuevo. Después de agradecerle al Amo como es debido, volvía mi cabeza hacia sus pelotas, volviendo a empezar la pelea de metérmelas enteras en la boca.
Cuando había acabado el cigarro, sus manos volvieron a la mochila, de la que sacó unas cuantas pinzas de tender la ropa, que fue colocando alternativamente en mis pezones, y alrededor de los mismos, después de separarme de sus huevos, hasta que no le quedaba ninguna pinza libre. Yo le miraba fijamente, entornando ligeramente los ojos, cada vez que una de ellas se cerraba sobre mis pectorales. Cuando baje la vista para mirar, tenía 4 pinzas a cada lado de mi cuerpo, y él estaba encendiendo un segundo cigarrillo.

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