Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

martes, 24 de abril de 2007

La limpieza de mi piso


Aunque me parecía, en cierto modo contradictorio, ya que en muchas ocasiones dedicaba mi tiempo libre a hacer las tareas domesticas de otros, estaba cansado de hacer las de mi propio piso. Soy extremadamente ordenado, y gracias a eso, no hay mucho que hacer; pero las tareas rutinarias me resultan completamente monótonas, cuando las hago para mi mismo.
Comprobé las tarifas de Madrid y tome la decisión de que podía permitirme que alguien viniera un par de hora,s dos días por semana, a hacerse cargo de la limpieza de mi casa. Solo faltaba responder la pregunta clave…. ¿quién?

domingo, 15 de abril de 2007

Ya de vuelta en casa



Llegamos de vuelta a mi casa. Él seguía en silencio y se había acabado la copa; yo todavía abochornado por no haber cumplido la orden, y temeroso de cuál sería el castigo. Me miró de arriba a abajo haciendo un gesto de “¿y bien?”, mientras se sentaba en el sofá de mi salón y empezaba a subir las piernas a la mesa. Entendí que me tenía que haber quitado la ropa al legar a casa, y así lo hice en tan solo un par de segundos pero cuando iba a quitarme los suspensorios también, él agitó los restos de unos hielos en su vaso de plástico.
Corrí a recoger el vaso y prepararle una nueva copa, esta vez en un vaso de cristal, que le llevé al salón, con la bebida que había comprado horas antes, y yo mismo había traído de vuelta de mi coche en una bolsa verde del chino. Le entregué la copa y me quedé de rodillas a su lado, con la cabeza baja. Él comenzó a beber y se encendió un cigarrillo.
-          ¿Qué hago contigo? – empezó a decir, sin esperar respuesta.

sábado, 14 de abril de 2007

Casa de Campo


Y sí que salimos. Timbró en mi piso a la hora en punto y me dijo directamente que bajara yo. Corrí escalera abajo tras asegurar mi cartera y las llaves en los pequeños bolsillos de mi pantalón corto. Él esperaba de cara al portal apoyado por un hombro en el muro.
-          Date una vuelta para que te vea – dijo rápidamente con sonrisa socarrona en cuanto aparecí abajo, moviendo mi cabeza hacia los lados en su búsqueda.
-          Vas a ser buena puta, ¿verdad? – Dijo mientras yo estaba de espadas dándome la vuelta.
Termine la vuelta de frente a él y contesté con la cabeza baja.
-          Sí, Señor.
-          ¡Vamos! – dijo rápidamente pero sin moverse.
Levanté la cabeza para ver que sucedía.
-          En tu coche -completó.

sábado, 7 de abril de 2007

El chulo de putas


El Amo me lo había avisado en las primeras conversaciones, que le gustaba chulear. Y la verdad, es que lo hacía demasiado bien. Habíamos quedado ya dos veces y a parte de usarme a su antojo para sus necesidades sexuales, tanto orales como anales, tenía una capacidad enorme para hacerme sentir inferior, humillado y sí, una puta para chulear.
La primera vez, su actitud me había dejado completamente sin palabras. Ese Amo que entra en tu casa partiendo la pana y en menos de 10 segundos te sientes tú el invitado en su casa, mientras él se fuma un piti y tú le estás limpiando las zapas con la lengua a 4 patas en el suelo. Me había pedido que le esperara preparado para salir pero al final se quedo en casa y cuando me ordeno quitarme la ropa, me dijo que la dejara colocada en una esquina del sofá. Y la razón para todo eso era que cuando ya se iba a ir, conmigo todavía de rodillas desnudo en medio del salón y mientras se  fumaba el último cigarrillo, sin miedo a tirar la ceniza al suelo incluso encima de mí, se paró un minuto a revisar mi ropa. Más que mi ropa, buscaba especialmente la cartera, que revisó rápidamente hasta encontrar el único billete que llevaba, de 20 euros.


-          Esto es lo que llevas para salir conmigo?

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