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sábado, 14 de abril de 2007

Casa de Campo


Y sí que salimos. Timbró en mi piso a la hora en punto y me dijo directamente que bajara yo. Corrí escalera abajo tras asegurar mi cartera y las llaves en los pequeños bolsillos de mi pantalón corto. Él esperaba de cara al portal apoyado por un hombro en el muro.
-          Date una vuelta para que te vea – dijo rápidamente con sonrisa socarrona en cuanto aparecí abajo, moviendo mi cabeza hacia los lados en su búsqueda.
-          Vas a ser buena puta, ¿verdad? – Dijo mientras yo estaba de espadas dándome la vuelta.
Termine la vuelta de frente a él y contesté con la cabeza baja.
-          Sí, Señor.
-          ¡Vamos! – dijo rápidamente pero sin moverse.
Levanté la cabeza para ver que sucedía.
-          En tu coche -completó.
Le indiqué la entrada del garaje y le seguí, adelantándome únicamente para abrir las puertas y permitir que pasara delante. Minutos más tarde recorríamos el centro con una música dance, que él había elegido, en tono muy bajo, pues él me iba diciendo por donde tenía que girar en cada momento. Parecía que salíamos de Madrid cuando me dijo que parara un segundo en una zona de carga y descarga. Me mandó salir a comprar hielos, whisky y coca cola al chino que estaba enfrente del coche.

Cuando volví él estaba en el asiento del conductor, así que di la vuelta por la calle para subirme en el asiento de copiloto y acomode rápidamente la compra en el asiento de atrás mientras él ya había arrancado.
-          He pensado que mejor te llevo yo.
-          Sí, Señor. – respondí aturdido aunque sin dudar.
Pronto me di cuenta que no salíamos de Madrid si no que estábamos bordeando la casa de campo, aunque ya estaba bastante perdido. Tras un par de vueltas encontró el sitio que buscaba, apagó el motor, sacó las llaves y abrió su puerta.
-          Espera aquí.
Tardo aproximadamente 10 minutos o quizás menos pero a mí se me hicieron eternos y no llevaba móvil, tal y como él me había dicho. Volvió a entrar en el coche y suspiró como impaciente, más bien con cara de “¿me entenderá a la primera?”.
-          A ver, la cosa va a ser así… - comenzó.
Me explicó con frases cortas lo que tenía que hacer y parecía que tenía todas las posibilidades cubiertas. Tenía que salir del coche durante 2 horas y dejar con él mi cartera y mis llaves, obviamente las llaves del coche también. No tendría referencia del tiempo, él me esperaría solamente 15 minutos pasado el tiempo y después se iría a mi casa. A mi vuelta, fuera como fuera, tenía que llegar con 250 euros para él, si no el castigo sería épico.
-          ¿Tienes alguna pregunta? – preguntó tomando aire después de las instrucciones.
-          No, Señor – contesté rápidamente con dudas, mientras repasaba mentalmente todos los detalles.
-          Por allí delante tienes gente que te ayudará – dijo riéndose.
Salí del coche con las piernas temblorosas pero acelerando el paso pensando cómo podría hacer para controlar el tiempo cuando a la mente me llegó el pensamiento concreto “¡Este tío me está prostituyendo! ¡Va a ser mi chulo!”. Aceleré más el paso hasta llegar a la zona en la que empezaba a ver gente por allí; todos gente bastante mayor, aprovechando las sombras de los árboles y arbustos para que no se les viera completamente. Mi cabeza fue rápida para darme cuenta que yo quería todo lo contrario. Me quite la camiseta y el pantalón corto quedándome solo en suspensorio y empecé a pasear por las zonas más iluminadas. Pronto recibí alguna discreta llamada desde las sombras.
Las primeras veces fueron las más complicadas, el tío en cuestión se abalanzaba a meterme mano a la parte que más le gustase y yo le dejaba hacer sin mover mis manos.
-          Lo siento, pero cobro. – espetaba cuando los frotamientos empezaban a subir de tono.
Alguno me daba un empujón y se iba, o me gritaba, pero no tarde en encontrar alguien que contestó como necesitaba.
-          ¿Cuánto?
Ahí empezaba la negociación. Miraba su ropa y me preguntaba cuanto me pagaría ese tipo mientras le preguntaba ya incorporando mis manos al magreo, que es lo que les gustaba.
Hice una mamada por 50 euros y me la chuparon dos tíos por 20 euros cada uno. Yo hacía cuentas y pensaba que iba bien pero me estaba llevando demasiado tiempo. La siguiente mamada la hice por solo 30 euros y deje que un chico bastante joven me la chupara por 10. Conseguí que un señor me ofreciera otros 50 por follarme tras un poco de negociación.
-          ¡Ya han debido de pasar más de 2 horas! – empecé a decir a media voz.
Eché a correr al lugar del coche, esperando no encontrarlo allí ya; sin embargo, el Amo estaba apoyado en el capó con un cubata en la mano y un cigarrillo en la otra.
-          Estaba a punto de irme – me dijo con sonrisa socarrona.
Me miró divertido mientras recuperaba el aliento y me vestía de nuevo. Cuando me enderecé enfrente de él me hablo pausadamente.
-          Han pasado 2 horas y 5 minutos - Empezó a decir.
-          ¿Cuánto traes? - continuó.
-          Creo que no lo suficiente, Señor. – dije muy bajito mientras agachaba la cabeza para abrir el bolso de mi pantalón corto y ordenar los billetes mientras los contaba.
-          180 euros, Señor. – extendí la mano hacia él y me arrodillé abochornado bajando la cabeza, esperando que el castigo no fuera volver a casa andando.
El tomó los billetes y me mando conducir a casa. Fue todo el camino tomándose el cubata, que tenía casi entero, y sin mediar palabra con la misma música que el viaje de ida pero esta vez a toda mecha. No me dio tiempo a pensar en cómo me castigaría, me centré en llegar a casa sin confundirme.

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