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sábado, 7 de abril de 2007

El chulo de putas


El Amo me lo había avisado en las primeras conversaciones, que le gustaba chulear. Y la verdad, es que lo hacía demasiado bien. Habíamos quedado ya dos veces y a parte de usarme a su antojo para sus necesidades sexuales, tanto orales como anales, tenía una capacidad enorme para hacerme sentir inferior, humillado y sí, una puta para chulear.
La primera vez, su actitud me había dejado completamente sin palabras. Ese Amo que entra en tu casa partiendo la pana y en menos de 10 segundos te sientes tú el invitado en su casa, mientras él se fuma un piti y tú le estás limpiando las zapas con la lengua a 4 patas en el suelo. Me había pedido que le esperara preparado para salir pero al final se quedo en casa y cuando me ordeno quitarme la ropa, me dijo que la dejara colocada en una esquina del sofá. Y la razón para todo eso era que cuando ya se iba a ir, conmigo todavía de rodillas desnudo en medio del salón y mientras se  fumaba el último cigarrillo, sin miedo a tirar la ceniza al suelo incluso encima de mí, se paró un minuto a revisar mi ropa. Más que mi ropa, buscaba especialmente la cartera, que revisó rápidamente hasta encontrar el único billete que llevaba, de 20 euros.


-          Esto es lo que llevas para salir conmigo?
No me dio tiempo a contestar. Me escupió encima, se guardó el billete en el bolso del pantalón y tiro su cigarro encendido al suelo aplastándolo rápidamente con su zapatilla. Se dio la vuelta y salió por la puerta tranquilamente ante mi cara de estupefacción.

Y lo peor es que cuando me mandó un mensaje diciendo que quería repetir la sesión, no tarde en contestar.
-          Cuando usted quiera
El tío se partía de risa humillándome sin piedad. En nuestro segundo encuentro se dedicó a putearme pero bien y exigir que le diera las gracias por torturarme, que pidiera más y que me humillara como una autentica mierda. Probó en mi culo todos los instrumentos que tenía: pala, fusta, vara y látigo y me pedía que eligiera el que menos dolía. Entonces me daba un golpe más con ese aún más fuerte que todo lo anterior y me preguntaba si estaba seguro. Cuando se cansaba de preguntarme, simplemente seguía con el que más a mano tenía. No tengo que hacer ningún esfuerzo en recordar que pasé varios días acordándome de él cada vez que me sentaba y él lo sabía. No volvió a contactar conmigo hasta que no se me había pasado y esa fue su única pregunta
-          Sigues teniendo el culo amoratado?
Por supuesto, tras el final de la primera sesión, la segunda no podía acabar de una forma distinta. Esta vez me dio dos opciones: volver a darle los míseros 20 euros en la puerta de su coche al que llegaría con las pelotas atadas y vestido como el dijera o darle 50 euros y simplemente llevarme una patada en las pelotas. Y lo peor es que no tuve tiempo a elegir porque mientras le miraba pensando cual de las opciones sería mejor, me dio tranquilamente una buena patada en las pelotas, de la que tardé en recuperarme completamente unos minutos, mientras casi me arrastraba por la casa hasta mi escritorio para obedecerle.
-          Serán los 50 euros - Dijo después de asestar la patada.
He de decir que aun así, era un Amo extremadamente generoso. Me dejaba gozar de su polla en mi boca, siempre durante largos minutos, permitiéndome chuparla a mi gusto y ritmo antes de empezar a follarme la boca hasta que le apetecía follarme el culo, cosa que hacía muy bien y muy fuerte provocándome una mezcla de placer y dolor que me hacía perder chorros de leche súbitamente en ocasiones. Y su corrida, que todas las veces me permitía recibir en la cara, era también muy generosa.
Pues con estos antecedentes, estaba en casa preparándome para ver al Amo por tercera vez, siguiendo el claro protocolo que había establecido y que no se diferenciaba mucho en el que suelo seguir antes de cada cita, o varias veces por semana, consistente en ducharme bien, limpiar mi culo por dentro y comprobar que mi depilación está  perfecta en todas las partes de mi cuerpo. La única diferencia es que había pedido que me vistiera de una forma determinada, que no era un problema para el mes de Agosto en el que nos encontrábamos: camiseta de tirantes, pantalón corto, suspensorio debajo y unas zapatillas blancas. El estilo me resultaba un poco exagerado para mi gusto pero no dude en ponerme lo que me había indicado, ya que ese día “sí que íbamos a salir”.
Tal y como había exigido, estaba listo 15 minutos antes de su llegada y se lo comuniqué con un mensaje de móvil que envié exactamente a las 21:45
-          La puta esta lista para el Amo


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