Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

domingo, 13 de mayo de 2007

Casa de Campo (II)


Sabiendo todo lo que podía esperar con él, con mi polla ya recuperada del último castigo por haberle fallado la vez anterior, decidí aceptar su proposición otra vez, quizás por demostrarme a mí mismo de que podía obedecerle, cuando me llegó su mensaje a primera hora de la mañana “Quiero ir a chulearte hoy”.
Llegó a mi casa como siempre, partiendo la pana, con un cigarrillo encendido, que tiró al suelo de mi salón, pisándolo con sus zapatillas, justo enfrente de mí, desnudo, esperando por él con la puerta abierta. Fue directo a sentarse al sofá, mientras me pidió un whisky con coca cola. Noté mi cara ponerse roja a gran velocidad mientras las palabras salían de mi boca.
-          No me había avisado… -empecé a decir.
-          ¿Y? – me cortó la frase a la mitad – Vete a comprarlo, zorra.

Entré en la habitación para ponerme un pantalón corto, sin ropa interior y una camiseta, a toda prisa. El Amo me interceptó cuando cruzaba el salón en dirección a la puerta, con las llaves en la mano.
-          A ver esa cartera.  – dijo seriamente.
Me dirigí a él y bajando la cabeza saqué mi cartera del bolsillo del pantalón corto, para dársela.
-          Esto se queda aquí – le oí decir antes de que me devolviera la cartera, que guardé para continuar mi trayecto.
Una vez abajo, descubrí que se había quedado con un billete de 50 euros que había en mi cartera y por suerte, tenía más dinero para comprar la bebida en el chino. Volví a casa y le preparé la copa, que le llevé al sofá, dónde él estaba fumando, para después desvestirme allí delante y ponerme de rodillas delante de él.
-          Que dura me la pones, zorra.
Se levantó para bajarse los pantalones y dejar al aire libre su polla, dura como había anunciado, pero cuando me lancé a metérmela en mi boca, hizo un ruido con la boca para decirme que no, mientras un dedo de su mano hacia un gesto para que me girara.
Me pegó una de las folladas del siglo, metiéndome la polla bien adentro, haciéndome gemir de placer, sin miedo del daño que me hacía por su brutales enculadas, siempre hasta el fondo, a 4 patas en medio del salón, mientras me agarraba del pelo o dejaba sus ásperas manos caer en forma de azotes en mis nalgas. Él también disfrutaba, por sus gemidos, follándome cada vez más rápido y más fuerte.
-          De rodillas – me dijo al sacármela.
Levanté mis manos del suelo mientras me giraba, con prisa, casi perdiendo el equilibrio por los movimientos combinados, llegando justo a tiempo delante de la polla del chulo cuando su leche empezaba a salir, para caer primero en mi frente, y después por mi nariz, llenándome la cara de abundante lefa caliente. El Amo gemía de placer al correrse y yo sonreía por el trabajo bien hecho por mi culo y el premio de tener su leche en mi cara.
Ya desahogado, el Amo se sentó en el sofá a disfrutar de su bebida y fumar otro cigarrillo, aunque no tardó en anunciarme que hoy saldríamos también. Mi intuición de a dónde iríamos se disipó cuando ya estábamos metidos los dos en el coche y él jugaba con la radio buscando algo de música que le gustase.
-          Ya sabes llegar, ¿no? – preguntó, sin prestarme mucha atención.
Asentí con la cabeza y puse camino a la casa de Campo, el mismo lugar al que me había llevado él mismo la otra vez, intentando recordar el camino sin despistarme. Llegamos allí en unos 15 minutos, ya con la música que le gustaba al Amo sonando a todo volumen.
-          ¿Te tengo que recordar cómo va esto, zorra? – Me preguntó, ya con el coche parado.
-          No, Amo – contesté, mientras me quitaba la camiseta y el pantalón corto, para quedarme en suspensorios, todavía dentro del coche.
-          Tienes 3 horas. 300 euros – me dijo mirándome fijamente - ¿Entendido?
-          Sí, Amo – dije echando cuentas
-          ¡Pues venga! – me echó de mi propio coche.
Salí corriendo hacia la zona en la que sabía que habría gente y esta vez decidí no perder tiempo y no regatear a nadie, aceptando lo que me ofrecían, cuando lo hacían, y huyendo rápidamente si el hombre tenía pinta de que no se iba a gastar la pasta. Hice unas cuantas mamadas por 10 euros cada una, y ya con la polla dura, decidí sacármela de los suspensorios por un lado e ir con ella por fuera pidiendo guerra. Fue una buena idea pues me llegaron a pagar 30 euros por chupármela un buen rato. Conseguí un par de ellos que me follaron también por 30 euros.
Hacía cuentas con la mente intentando calcular el tiempo que habría pasado: iba bien pero tendría que acelerarme. Conseguí un hombre mayor al que le hice un completo por 50 euros y empecé a cruzarme con gente con la que ya había estado; no parecía que hubiera muchas más gente. Decidí hacer un poco más de tiempo para que llegara alguien más, probando a ver si alguien quería repetir; solo conseguí chupar un par de pollas por 5 euros cada una y el hombre que antes me la había chupado, lo volvió a hacer por 10.
Ya pensando que me tenía que ir, apareció una persona nueva y me lancé a seducirlo directamente, y sabiendo que quería follar, se la chupe un rato gratis para ponerle a tono, hasta que me ofreció 50 euros por darme bien por el culo. Echaba cuentas de nuevo mientras ese hombre me follaba, apoyado en un árbol; sabía que tenía que irme corriendo en cuanto acabara. Así lo hice, para llegar a mi coche fatigado, y encontrar al Amo sentado dentro del coche, hablando por teléfono mientras se tomaba una copa.
-          Te han sobrado 10 minutos – dijo colgando el teléfono y saliendo del coche.
Yo busqué el dinero, guardado cuidadosamente en mis zapatillas y empecé a contar.
-          250 euros, Amo – me arrodillé, desesperado por haber vuelto a fallar.
-          Pues ya sabes lo que te espera… a casa – me contestó el Amo.
El trayecto en silencio, como en veces anteriores, con la música alta, y yo casi llorando por lo que me iba a caer. Cuando llegamos, me desnudé por completo, tras servirle una copa más al Amo, y me coloqué, como la vez anterior, desnudo, con los pies juntos y las manos pegadas a mi cuerpo, en medio del salón, mientras él se sentaba en el sofá y se encendía un cigarrillo. Ya le había llevado la vara.
-          Te he avisado que hoy sería el doble – dijo con tono de advertencia.
Creo que se apiadó de mí, pues no creo que me haya llegado a dar los 100 varazos en la polla que me correspondía como castigo, por conseguir 50 euros menos de lo establecido. La polla la tenía completamente roja, con varias heridas y me caían lágrimas por la cara. Aunque el Amo paró de darme varazos, no parecía que se fuera a ir todavía.
-          Falta la multa – me dijo sentado desde el sofá.
Tuve que vestirme algo para salir al cajero, notando el resquemor en mi polla de los últimos varazos cuando me rozaba con el pantalón de chándal, que me había puesto sin ropa interior. No contaba con hacer tanto gasto ese día, y además, el chulo había decidido que el doble se aplicaría también a la multa y no sólo al número de varazos de castigo. Con 100 euros más en su bolsillo, el Amo apagó su último cigarrillo, en el suelo de mi casa antes de irse. Yo me quedaba barriendo, en pelotas, para que las heridas de mi polla no rozaran con nada, aunque el mismo aire me hacía volver a llorar a veces.

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