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miércoles, 9 de mayo de 2007

El dominante sabía lo que hacía


Cuando por fin sus manos pararon, respire profundamente para recuperar mi aliento; pronto note algo frío deslizarse por entre mis dos nalgas. Una buena cantidad de lubricante dejaba paso a algo que se metía en mi culo, cada vez más abierto, con firmeza. “Para ser un aficionado, está bien equipado” – pensé, pues cuando note mi ojete cerrarse de nuevo, con una ligera presión desde fuera, ya sabía que estaba usando un plug.
Me soltó las muñecas de la espalda pero no me quitó las muñequeras y sentí algo revolotear a mis pies.
-          Ven aquí.
Me incorporé y di la vuelta para ver su dedo señalar una colcha extendida en el suelo, mientras una especie de cadena colgaba del resto de su mano. Me tumbé sobre la colcha y él utilizó la cadena para unir, con cierta distancia, las muñequeras, haciéndolas pasar por una de las patas de acero de la cama. Era una cama vieja y de matrimonio así que en esa postura, de verdad tendría que hacer fuerza para poder separar las manos de allí.

Conmigo en la postura elegida, le fue fácil jugar con cualquier parte de mi cuerpo, sentándose sobre el resto para mantener el control. Se había puesto de nuevo unos calzoncillos tipo bóxer ajustados y su erección se veía notablemente apretada por la tela elástica, hacia uno de los lados.
Primero se sentó sobre mi abdomen, apoyando sus rodillas casi al lado de mis orejas y me estuvo vacilando un rato mirándome a los ojos. Me dio un par de bofetones. Me apretaba la mandíbula con su mano para que abriera la boca y jugaba a encestar su lapo dentro, para después abofetearme de nuevo preguntando se estaba rico.
-         Sí, Señor – comencé a contestar
Después se movió más atrás sobre mi cuerpo y tuvo cuidado de colocar mi polla dura en una posición en la que me hiciera daño al sentarse encima. Desde allí jugó con mis pezones apretándolos despacio, y mirándome fijamente a los ojos, mientras iba subiendo la presión hasta que yo hacía un gesto de dolor. Repetía lo mismo en el otro pezón y volvía al primero, para la esta nueva vez, seguir apretando aún después de mi gesto de dolor. La tercera vez que repetía el proceso, lo hacía con sendas manos en los pezones, y cuando yo ya estaba casi mordiéndome los labios para aguantar su pellizco, los dejó libres durante un segundo para recoger unas pinzas de un lado de la colcha y colocármelas, fijas, bien profundas, apretándolos. Así, ya pudo mover su culo más abajo sobre mi cuerpo, ahora sentándose por encima de mis piernas, liberando mi polla completamente dura y babeando.
Empezó a torcer mi polla hacia mis huevos lentamente para luego soltarla y hacer que golpeara mi abdomen por la inercia, antes de volver a su sitio; la golpeaba con las palmas de las manos, poniendo una media sonrisa, mientras miraba para ella, con cara de querer chuparla;  las gotas de semen saltaban por todos los lados de mi polla, debido a los balanceos. Con dos dedos de una mano, rodeo despacio mis huevos por la parte superior;  en cuanto consiguió abarcarlos, empezó a apretar y a estirarlos hacía sí, mientras la otra mano seguía golpeando mi polla en todas las direcciones. Me hizo gemir bastante durante esos minutos, pero pronto sus manos fueron sustituidas por algo más permanente, que resultó ser una cuerda similar a las usadas para tender la ropa. Me dejó los huevos bien atados y apretados y se levantó para separar mis piernas, empujándolas con sus pies, y volver a sentarse sobre la colcha con las piernas cruzadas, como un indio, entre las mías.
Tirando del trozo de cuerda libre de atar mis pelotas, conseguía que yo levantara el culo de la colcha, y aprovechó esto para tomar la base del plug y sacármelo de un tirón, sacándome también un buen quejido,  haciendo que intentara bajar el culo de nuevo, con el consiguiente tirón de mis pelotas.
Así estuvo jugando un buen rato, esta vez con un dildo rígido de textura brillante. Estiraba mis pelotas y las golpeaba con un mano, hasta que conseguía que yo levantará mi culo y en ese momento me clavaba el dildo culo adentro, hasta que conseguía que lo bajara de nuevo para intentar rechazarlo.
Cuando soltó la cadena de la pata de la cama casi ni me moví. Tenía doloridas las nalgas, las pelotas me iban a explotar, los pezones también y mi ojete estaba ardiendo, mientras mi polla seguía dejando caer pequeñas gotas de líquido preseminal. A regañadientes me coloqué a cuatro patas sobre la cama cuando me lo ordenó y él corrigió mi postura, diciéndome que separara más las rodillas mientras se colocaba de rodillas entre ellas.
Cuando empecé sentir su polla entrar por mi ya ardiente ojete, una de sus manos empujó mi cabeza hacia la almohada y yo la giré para evitar quedarme boca abajo. Ya metiéndomela hasta el fondo, su mano se movió de mi cabeza hasta una de mis manos y la arrastró hasta mi espalda donde sonó un clic metálico. El movimiento se repitió con la otra muñeca y volvía a tener las manos unidas sobre mi culo, donde él seguía con un mete-saca, a ritmo frenético.
Ya conmigo en esa posición sin poder moverme mucho me soltó un par de cachetazos en la parte superior de cada una de mis nalgas, que reabrieron el resquemor de los azotes que había recibido al comienzo de la sesión. Su polla me entraba hasta el fondo, haciéndome gemir e intentar moverme, lo que hacía que las pinzas me tiraran de los pezones, pegadas al colchón de la cama. Una de ellas hasta se soltó, produciéndome una punzada intensa en el pezón izquierdo, cuyo gemido se unió a los de las embestidas que seguía notando, ahora permaneciendo más tiempo en el fondo de mí, antes de salir de nuevo.
Él comenzó a suspirar en una de esas estancias de su polla en el fondo de mi culo y dio un par de embestidas rápidas de corto recorrido, dejando su polla en el fondo con un último gemido apagado.
Solo tardó dos minutos en soltarme de todo lo que me había puesto con tranquilidad, a lo largo de la sesión, mientras protestaba por la mancha que había quedado en la sabana de la cama, justo debajo de donde mi polla se había balanceado mientras me follaba. Cuando me quise dar cuenta, estaba vestido, con mis zapatillas en la mano, en el pasillo del portal, mientras él cerraba la puerta dándome una palmada en el culo.

                         



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