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jueves, 28 de junio de 2007

A las seis en punto de la tarde


A la seis en punto de la tarde empezaron a timbrar en el portal y, por supuesto, abrí sin preguntar quien. La puerta de mi casa estaba abierta de par en par y el gloryhole bien instalado con la cortina abierta. Mi salón completamente a oscuras, salvo el piloto del aire acondicionado y la bombilla del panel de madera; yo de pie delante del cristal, dentro de mis suspensorios fosforescentes.
Los primeros cuchicheos me indicaron que habían venido dos personas. Por las siguientes risitas, entendí que se habían dado cuenta de que yo no veía para afuera y comprendí que era el momento de ponerme a cuatro patas. La primera polla de mi glory no tardó en aparecer por el agujero circular y lancé mi boca sobre ella con ansias. Las voces al otro lado confirmaban que habían venido dos personas: discutían entre ellos sobre cuando le tocaba al otro.
Yo continúe chupando la punta, lamiendo el contorno, tragándome entera, y en general, chupando lo mejor que podía las dos pollas, que se fueron alternando a través del glory. Los chicos me conocían, ya que de vez en cuando me hablaban llamándome por el “nombre” (la mayoría de las veces me decían “sigue así, perro”). Sin duda, uno de ellos, era uno de los contactos a los que le había pasado el mensaje.

Los gemidos se hicieron más agudos y el miembro que chupaba se puso extremadamente duro en mi boca. Me lo saque con urgencia para dejar la mano que asomaba por el agujero terminar la faena y miré, pegando mi cara al panel de madera, como la polla semi-conocida se corría hacia mi salón. Algo similar hizo el otro miembro, un par de minutos después, tras un poco más de trabajo de mi boca.
Me apresuré sobre mi bloc de notas y escribí en grandes letras mayúsculas, en una sola hoja que arranque e introduje por el agujero:
PASALO

Cuando recogieron la nota entre risas, anote despacio sobre mi bloc, ignorando la erección que se había formado en mis suspensorios. La última frase que escuche fue “Joder! Ahora necesito una birra”.

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