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miércoles, 13 de junio de 2007

Manualidades (II)


Era un día caluroso de Junio, quizás un miércoles. La ciudad medio vacía, y la poca decisión de los turistas, hacía que mi Inbox estuviera vacío;  yo deambulaba por la casa, en suspensorios como siempre, al borde del aburrimiento más extremo.

De repente, en mi mente se cruzó la imagen de mi recibidor, que tantas veces había visto de rodillas desde el centro de mi salón. No tarde en darme cuenta que mi idea era factible. Me deslice dentro de unos pantalones de deporte, no demasiado cortos, una camiseta de tirantes y me lance a la calle a hacer las compras para la idea que tenía en mente, parándome 5 minutos en mi antiguo portátil, para buscar la localización de las tiendas que necesitaría.


La idea general no era muy complicada: un par de laminas de madera, con unos mecanismos de puerta, un cerrojo y una sierra para hacer un agujero circular. Sin embargo, la calentura de ese día me iba a salir un poco más complicada: una barra de cortina, una luna tintada, un interruptor, una bombilla (mejor un fluorescente; aunque fluorescente necesito otra cosa)
- ¡Y en un par de semanas será el orgullo gay! - se escapó de mi boca, en voz alta, mientras conducía a mi destino.
- Será el momento perfecto para el estreno - añadí para mí mismo, mientras comprobaba que iba en la dirección correcta.
Tardé prácticamente todo el día en reunir, de las diferentes tiendas, todos los materiales necesarios, pero finalmente lo tenía todo delante de mí, en el salón de casa. Decidí cenar algo ligero, sentado en una silla mientras miraba todo el arsenal, antes de empezar la obra que tenía en mente. La acabe en una noche.
Cerca ya de la madrugada, observaba la obra desde ambos lados, comprobando todas las esquinas. Se trataba de dos placas de madera, que separaban el recibidor del resto del salón, de manera que podía dejar la puerta de casa abierta, sin dar acceso al resto de mi casa. Además, había conseguido ejecutar los lujos que mi mente salida había imaginado. Ya tenía montado mi propio GloryHole.
En la tabla de madera principal, un agujero redondo permitía la interacción entre ambos lados, a la altura que yo esperaba estuviera la entrepierna media de mis visitantes. Más arriba, un cristal al que había pegado la lámina, supuestamente creada para el sol, permitía que solo se viera desde el recibidor hacia el salón, y no viceversa. Una cortina permitía bloquear esta visión y un interruptor, accionado desde el recibidor, encendía la luz del lado del salón, donde pronto esperaba estar, dando mayor visibilidad en caso de que no se usara la cortina. Ya me estaba imaginando a un buen macho mirándome comer su polla través del cristal, mientras se fumaba un cigarrito. La pequeña repisa que había añadido por la parte del recibidor ya estaba dotada con un cenicero, encendedor y una caja de pañuelos de papel.
En el pequeño panel lateral, un pestillo por la zona del salón aseguraba el panel a la pared permitiendo o no la apertura; con esto, podría tener mi nuevo juguete instalado durante los varios días que duraba toda la celebración del orgullo en Madrid. Había hecho allí una abertura cuadrada, casi una ranura, por si acaso.
En mi lado, lo único que necesitaría, una caja de pañuelos y un bloc de notas con un lápiz, para tomar notas.
Aunque estaba loco por empezar a utilizar mi nuevo glory, me di una ducha fría y me fui al gimnasio. Pasaban ya las nueve de la mañana.


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