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sábado, 30 de junio de 2007

Medio dormido


Medio dormido, busqué mis suspensorios por el suelo del salón y me dirigí frente al cristal del glory. Un nuevo grito, de una voz joven, que ya había bebido demasiado, me hizo despertar completamente.
-          ¿Estás ahí? No voy a pagar, ¡eh! -gritaba la voz inestable.
Llevé mi boca al agujero del glory poniéndome de rodillas y dije claramente hacia afuera “No tienes que pagar nada”. Unos pasos tambaleantes se oyeron, hasta que por fin pude ver un buen nabo flácido por el agujero. Me retiré hacia atrás, esperando a que apareciera a través del gloryhole y el chico consiguió desplomarse sobre el panel, dejándolo entrar en el agujero. Mis ojos se abrieron de golpe, al ver que estaba completamente depilado ,y que mediría más de 20 centímetros.

Por supuesto, dediqué mis dos manos, mis labios y mi lengua a conseguir que ese fantástico nabo, que babeaba bastante, se pusiera completamente duro. Una vez conseguido, apoyé mis manos en el panel, y dediqué mi boca entera, y mi garganta, a darle placer a ese tío (a darme placer con ese miembro) metiéndomela alternativa y aleatoriamente dentro de mí: solo la punta, jugueteando con mi lengua en su capullo, hasta la mitad, apretando bien los labios, hasta el fondo, relajando la garganta o a tres cuartos, deslizándola bien con mucha saliva. Cada vez iba más rápido en mis movimientos, programados pero a la vez improvisados, y me costó controlar mi mente para retirar mi boca en el momento exacto, sustituida por mis manos, para conseguir el climax, que estrelló toda la esencia, a chorro, contra mi cara, obligándome a cerrar boca y ojos. Seguí agitando sin parar aquel precioso rabo con mi mano mientras sentía la leche caliente sobre mi cara, hasta que el chico la sacó de bruscamente del agujero.
Mientras aun de rodillas buscaba un pañuelo de papel con mi mano derecha, intentando abrir despacio un ojo, el chico del otro lado volvió a aseverar “aunque me haya corrido, ¡no pago por esto!”. Yo me levanté como una exhalación hacia a mi dormitorio, sin dejar de limpiarme la cara, y volví de rodillas al agujero, para comprobar que el chico seguía farfullando frases sobre mamadas, correrse y pagar. Le llamé desde mi baja posición:
-          ¡Oye! ¿Te importa asomarte aquí un segundo? - pregunté con voz seria.
Se arrodilló con torpeza, mientras explicaba lo mejor que podía, que no pagaba por una mamada, por muy buena que fuera. La verdad, no sé que perra le había entrado con eso, o quien le habría dado mi dirección con una información errónea (en los mensajes que pase al día siguiente añadiría las palabras “completamente GRATIS”).
Conseguí ver un ojo, que me pareció azul, asomarse por el agujero, mientras cerraba el otro, intentando enfocar mi cara, al otro lado. Seguía diciendo que no pagaba cuando le interrumpí bruscamente, mientras deslizaba un billete de 20 euros por el agujero.
-          Por esta mamada, pago yo- le dije.
Cerré esa noche con una cuenta en mi bloc de 26 mamadas; todavía me quedaba la noche grande del sábado, que sin embargo se produjo sin anécdotas reseñables, hasta casi las 4 de la mañana, probablemente, con gente que repetía de los días anteriores acompañada por varias personas, a las que se habían atrevido a contárselo. La cuenta ascendía en ese momento a 38 y sería despertado de nuevo en torno a las 7 de la mañana por un timbre en mi portal de un grupo rezagado de 3 borrachos que no consiguieron consumar, aunque se pasaron, más de una hora turnándose en el agujero, y a los que por supuesto, dediqué mi boca sin descanso hasta que decidieron marcharse, porque uno se estaba quedando dormido en el suelo del recibidor.



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