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sábado, 20 de octubre de 2007

Alex en público


Llevaba varios intentos de volver a verle, pero, o contestaba que estaba fuera de la ciudad, o ni siquiera contestaba, así que lo dejé por imposible. Por eso me sorprendió tanto su mensaje, aunque también por el tipo de propuesta “¿Salimos de fiesta el viernes?”. Acepté, por liberar mis dudas sobre sus intenciones, con un mensaje rápido “Sí”. No tuve más noticias de él.

El viernes por la tarde llegó el mensaje de confirmación con la hora; pasaría a recogerlo por su casa. No tuve más paciencia para saber cuáles eran sus planes exactos, y le pregunté. La respuesta me hizo pensar que mi aceptación había sido correcta.
-          Tú invítame a una copa y hazme caso en lo que te diga.
Seguí intentando interrogarlo sobre esos planes, pero la verdad es que no me dio muchos más detalles. Parecía gustarle ese juego, en el que yo estaba intrigado intentando sacarle información y él solo diciéndome algunas cosas, con cuentagotas, también en parte, porque improvisaría sobre la marcha, como me llegó a confesar. Al menos, conseguí que me diera unas instrucciones básicas de cómo ir vestido; nada que no pudiera encontrar fácilmente en mi armario: botas negras, suspensorio, vaqueros y camiseta negra.
Llegó la hora de la “cita” y yo estaba puntual en el portal de su casa. Le esperé abajo y empezamos a andar con una conversación banal sobre el clima y su trabajo. Él me dirigía sutilmente la dirección a la que teníamos que dirigirnos. Pronto llegamos a un bar, que yo aún no conocía, y que parecía ser un bar de ambiente, especializado en BDSM. Pagué las dos entradas, que incluían una consumición cada uno; se las di las dos a él, cuando me sorprendió la conversación con el chico de la taquilla.
-          ¿Necesitáis guardarropa?
-          Él sí – contestó Alex.
Yo le miré estupefacto y él se rio mientras cogía la llave que nos ofrecía el chico. En un pequeño reservado, Alex me dijo que me dejara solo el suspensorio, mientras abría el pequeño armario en el que metería mi ropa. Sentí las miradas de la gente del bar sobre mí en cuanto pasé la primera cortina, que lo separaba de las taquillas. Alex se sentó en una esquina y me dio los tickets diciéndome lo que quería beber. Mientras pedía alguien se acercó a mí y susurró algo en mi oído, que no entendí completamente, mientras me tocaba el culo descaradamente, para desaparecer a la misma velocidad, sin tener yo suficiente velocidad de reacción, siquiera para ver quién era.
Volví lo más rápido que pude a la silla de Alex y le di su copa y el ticket de mi bebida.
-          ¿Tú no tomas nada? - me preguntó Alex
-          No, luego te tomas tú otra - contesté.
La idea pareció gustarle y, tomando su copa, me mandó que le siguiera. Me condujo hacia el fondo del local, donde pronto descubriría que estaba el cuarto oscuro, y donde estaba la mayoría de la clientela. Alex dio una vuelta por allí, despacio, y yo le seguí intentando hacer mis ojos a la oscuridad. Me crucé con varias personas, paradas cerca de distintos tipos de instalaciones, y algunos grupos de gente, que estaban claramente follando o comiéndose la polla.
Alex entró en un pequeño reservado, con unos asientos en forma de grada, y tras darme instrucciones al oído, se sentó en la parte más alta, donde posó su copa después de darle un trago más. Yo acaté sus instrucciones poniéndome a cuatro patas a su lado, en lo que sería el asiento habitual de esa grada, quedando a la altura de sus pies; bajando la cabeza comencé a limpiarle la bota que estaba más cerca de mí.
Durante unos minutos solo oía los hielos de la copa de Alex moverse sobre mi cabeza, cada vez que él le daba un trago, sobre el ruido de fondo y la música del local. Yo me centré en dejar bien limpia esa bota, que casi no veía. Poco después, más gente se unió a ese reservado y alguien comenzó a sobarme el culo, acabando por deslizar un dedo dentro de mi ojete, que me hizo gemir, sin que dejara de lamer e intentar mordisquear la puntera de la bota de Alex.
El dedo desapareció de mi ojete cuando sentí un frio tacto alargado sobre la parte superior de mi culo. El tacto pronto se convirtió en un dolor alargado, sobre mis dos nalgas, que me hizo levantar la cabeza del susto; luego sabría que Alex se había quitado el cinturón y me estaba azotando con él. Al levantar mi cabeza, descubrí que había una persona más allí, que se había colocado de rodillas en el suelo y estaba lamiendo la otra bota de Alex.
La bota de Alex desapareció de debajo de mi lengua, y no me dio tiempo de incorporarme para ver qué pasaba, cuando él, tomándome por los hombres me ayudó a colocarme, apoyando mis manos en la parte superior del respaldo del asiento, con el culo en pompa, esta vez hacía la entrada del reservado. Alex se dedicó a seguir azotándome con su cinturón y creo que eran sus manos las que de vez en cuando me sobaban el culo y aprovechaban la  lubricación anterior para ir metiéndome primero un dedo y después dos, o también soltarme unos buenos manotazos, hasta que, tras unos segundos sin azotes, Alex me llamó desde una esquina.
Le busqué levantándome y lo encontré apoyado en una pared del reservado, con el cinturón colgando en una mano, mientras se desabrochaba el pantalón. Me lancé a arrodillarme delante de él, esperando que me tocara comerle un rato la polla.
Su cinturón me rodeo la cabeza por encima de la nuca e intentó dirigirme la mamada, tirando de ella hacía él. Me obligaba a metérmela entera hasta el fondo de mi garganta y yo me esforcé en aguantar todo lo podía cada vez que la tenía dentro; sacaba la lengua al máximo, para incluso llegar lamerle la parte superior de los huevos mientras tanto. Me la sacó de golpe para correrse sin más, delante de mí apuntando a toda mi cara y no pude evitar comerle la punta de la polla cuando ya había acabado y se exprimía las últimas gotas con los dedos.
-          Ven – me dijo, mientras se abrochaba el pantalón de nuevo, y echaba a andar fuera del reservado.
Salimos del cuarto oscuro, yo detrás de él, de nuevo hacía la misma silla en la esquina, en la que él se había sentado antes. La punta de mi polla se escapaba dura de la tela de mi suspensorio, que estaba bastante mojado; mis rodillas sucias y la corrida de Alex corriendo por mi cara. Me dio el ticket que yo no había consumido.
-          Lo mismo que antes - dijo con una sonrisa de medio lado.
-          Yo necesitaría tomarme algo también… - añadí.
-          Cuando vuelvas con mi copa – contestó, mientras me mostró la llave de la taquilla.
Me la dio, junto con un pañuelo para limpiarme la cara, cuando le lleve la copa.



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