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miércoles, 10 de octubre de 2007

Los Estudiantes


La verdad es que creo que le echaron 2 cojones. Sólo tardaron un par de semanas en llegar a un acuerdo, con los puntos obvios que me esperaba y que me hicieron llegar a través de Samuel. Y allí estaba yo, en un piso del barrio de Moncloa delante de los 3 chicos, de nombres Sergio, Antonio y David y que ahora mismo mi mente mezcla en su cabeza sobre quién es quién.
-          ¿Por dónde quieren que empiece?


Fue todo lo que llegué a articular después de verles a todos juntos en el amplio salón, que en ese momento me pareció extremadamente sucio.

Uno alto y delgado, muy bien vestido y con un peinado a la moda. Otro, todavía con el pelo mojado, con una camiseta y pantalón de futbol y unos calcetines cortos de dudoso color blanco. El tercero, el menos atlético respecto a su cuerpo, sentado en una silla al lado de una mesa camilla, con cara de enfadado, y que fue el que contesto.
-          Por el baño.
Era un miércoles de otoño a las 19:00 de la noche. Mientras oía unos murmullos en otra habitación, yo buscaba los enseres de limpieza en el baño y miraba a mi alrededor preguntándome por dónde empezar, ya que el único baño de la casa estaba atestado de toallas, botes e incluso ropa tirada por el suelo. Tardé más de 40 minutos en dejarlo “decente” para mí, lo que ellos calificaron de “excelente” y con la frente sudada, me dirigí de nuevo al salón a proponerles un par de cosas sobre cambiar las toallas y demás. 10 minutos más tarde estaba poniendo una lavadora que tardaría casi una hora y media en acabar mientras miraba el montón de ropa sucia que quedaba en medio de la estrecha cocina para la segunda tanda. Ese día salí de allí pasadas la medianoche y los chicos ya tenían claras las reglas del juego: las suyas.

Sobretodo Sergio.



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