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martes, 6 de noviembre de 2007

Un año más tarde


Para mí era una fecha especial. Cumplía un año viviendo en Madrid y me sentía como si fuera mi cumpleaños de nacimiento, como si fuera, no un año más viejo, pero sí un año más esclavo. Como si ese primer año en Madrid me hubiera hecho crecer solamente como esclavo y no me hubiera envejecido.

-          ¿Será que mi vida se ha detenido durante este año? – llegué a pensar.


Pasé toda la mañana con ese pensamiento en la cabeza, mientras iba al gimnasio, despacio y sonriente, como casi siempre, con un chándal abrigado que estrenaba ese día. Hice mis ejercicios casi de forma mecánica en el orden en el que mi entrenador los había establecido, sin cuestionarme su objetivo o si eran los más adecuados. Solamente los hacía, concentrándome completamente en la postura de mi cuerpo y mi respiración. La verdad es que siempre me ha relajado mucho hacer máquinas en el gym, no porque dejara mi mente en blanco sino porque, todo lo contrario, me sirve para saber cuál es mi pensamiento de fondo, cuando no tengo nada del día a día en mi pensamiento. Mi momento de reflexión mientras cultivo mi cuerpo para que lo disfruten mis Amos.

Llegué a la ducha completamente agotado después de un par de horas y no pude evitar comenzar a repasar mis experiencias durante este año, que empezaba a ser el único en mi mente. Me acordé de mi primer Amo Español, de los dominantes que más o menos me había usado y de Samuel y Los Estudiantes que ocupaban, prácticamente al completo, toda mi dedicación durante las últimas semanas. Tuve que salirme rápido de debajo del agua, pues mi polla había comenzado a reaccionar a aquellos pensamientos. La dejé salir libremente, ya casi en erección completa, cuando dejé caer mi toalla sobre la puerta de mi taquilla, mientras mi mente seguía prestando atención a otras cosas.

-          Llevo… ¿cuánto? – pensé, ahogando mi voz en la garganta – 7 meses sin correrme.

Volví a lo que estaba haciendo al notar la mirada de un par de chicos que estaban en el vestuario conmigo. Sin lugar a duda pensarían de mí que era un maricón. Me apresuré a sacar los suspensorios limpios de mi bolsa y me los puse rápidamente, acomodando mi polla dentro, dando el problema por zanjado, aunque probablemente a ellos no se lo pareciera, al estar mi culo al aire todavía.

Volví a casa, aún más sonriente. Tenía claro que mi año en Madrid estaba siendo casi perfecto. Mi vida no se había parado, simplemente se había dirigido hacia donde tenía que dirigirse.

-          Si solo he avanzado como esclavo – empecé a pensar en voz alta – es que es n esclavo lo que soy.

Me detuve en una pequeña librería y pregunté por las tarjetas de cumpleaños. Elegí una cualquiera, sin perder mi enorme sonrisa, que contagie a la dependienta de la tienda. Antes de abrirla al llegar a casa, me quite la ropa y me quede solamente con el suspensorio limpio, blanco, que me había librado de las miradas en el vestuario del gym unos minutos antes. Eché las cuentas detalladas, no llegaba a 7 meses sin correrme, ni llegaba a los 200 días.

Me senté, orgulloso de haber conseguido lo que quería: vivir completamente como un esclavo, pero mi pensamiento me echó para atrás automáticamente.

-          No está bien que un esclavo se sienta orgulloso – corrigió mi mente.

Pero era algo distinto, es orgullo por ser esclavo, por saber obedecer, por no importarme nada más que complacer a mis Amos, Dominantes y Activos. Un orgullo diferente. Desenvolví la tarjeta de cumpleaños y deseché el sobre. Un dibujo infantil se veía en la portada.

-          Adecuado para la ocasión – pensé – solo cumplo 1 año.

Abrí la tarjeta y busqué el hueco para las dedicatorias. Escribí con letra cuidadosa de un bolígrafo rojo.

1 AÑO de ESCLAVO TOTAL

De pie en medio de mi salón, en suspensorios, la miré. Orgulloso.

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