Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

sábado, 22 de diciembre de 2007

Sergio


Allí estaba puntual, al día siguiente, a la hora que me habían enviado por mensaje. Me abrió la puerta Sergio en calzoncillos, frotándose los ojos y se fue directo a tirarse al sofá del salón; de el resto de los chicos no había señal. Nunca antes había visto a Sergio con tan poca ropa, él, que siempre iba vestido como un pincel con ropa pretenciosa; si lugar a duda, su ropa ocultaba muy bien sus anchas caderas con un ligero michelín por encima y el denso vello, que siempre se veía asomando por el cuello de su camisa, era representativo del resto de su cuerpo peludo.
-          Haz el baño, que está hecho un asco – me dijo con desgana.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Preparo una fiesta


-          La semana que viene vamos a hacer una fiesta de viernes. Ven antes de las 4.
Fue la frase de Sergio antes de que me fuera de su casa la semana anterior, casi sin que me diera tiempo a responder, cerrando la puerta de tras de mí. Todavía atónito había confirmado que, lo que querían era que doblara turno, y que fuera el jueves como siempre y además el viernes. Tuve que apurar un montón de trabajo, que me llegó ese jueves a la noche, para poder estar libre a la hora estipulada pero conseguí llegar allí a las cuatro menos cuarto.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Una cosa llevó a la otra


Aunque estaba claro que Mario y yo no congeniábamos para una relación estable, debido a que él se mostraba completamente indiferente con el hecho de que yo fuera esclavo, nos lo pasábamos muy bien juntos. Las conversaciones eran amenas, y era capaz de hablar con él de cualquier cosa, tanto de mis últimas experiencias con Amos o dominantes, que él escuchaba divertido, interesado en conocer más detalles, quizás solo por cortesía; como de cualquier otro tema de actualidad. A él le gustaba mucho hablar de política de los Estados Unidos, que, aunque era un tema al que yo nunca le he prestado mucho atención, tenía muchos más datos que la mayoría de las personas.
Además, como nos fuimos dando cuenta poco a poco, Mario no rechazaba mis servicios domésticos. Aún no estando interesado en que yo hiciera ningún tipo de labor en su casa, se dejaba tratar extremadamente bien cuando estaba en la mía, y me dejaba servirle las bebidas, la comida y hacer que su estancia fuera, en general, lo más confortable posible.
Una cosa llevaba a la otra, y terminó intentando besarme. Yo no le había dado pie, pero no le rechacé en ese momento, ya que realmente me apetecía ver si podría darle placer sexual a Mario. Como era de esperar, el sexo fuer realmente suave, pues Mario no llegaba a tratarme como el verdadero esclavo que soy. Nos quitamos la ropa mutuamente, disfrutando de nuestros respectivos cuerpos, el suyo, atlético y con un vello corto por todo el cuerpo, incluidas su entrepierna y su culo; el mío bastante más trabajado en el gym, y sin ni un solo vello por ninguna parte.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Un amigo


Cuando el diablo no tiene nada que hacer, con el rabo espanta las moscas. Y algo parecido me pasaba a mi cuando no tenía nada de trabajo y mi lista de contactos disponibles estaba vacía. Había conocido hace unos días a un chico muy joven, que apuntaba maneras como Amo, y con el que había tenido una sesión completamente maravillosa, y eso había dejado relajado todo mi cuerpo; aparte de seguir sirviendo en la casa de los estudiantes todas las semanas.
Así que ante el aburrimiento y sin necesidades urgentes como esclavo, ojeé mi agenda de contactos en el móvil y encontré un nombre que no conseguía identificar. Seguía re-leyendo mensajes en las redes sociales, cuando la cabeza me hizo clic y decidí escribirle a ese chico. Nos había presentado una pareja de estadounidenses, conocidos míos, que estando en Madrid de vacaciones unos días se habían empeñado en ejercer de alcahuetes, sabiendo de mi sexualidad, pero no de mis gustos.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Antonio


Las tardes de mayordomo se desarrollaban como de costumbre, ya desde hace varias semanas sin que hubiera cambios en la rutina, salvo que yo salía de esa casa cada día más orgulloso (y caliente) de servir a ellos maravillosos estudiantes heteros.
Antonio solía llegar siempre un poco más tarde que yo. Parece que los jueves era el día que jugaba el partido de futbol con los colegas. Su ritual era siempre idéntico. Llegaba sudado con su camiseta blanca, creo que del Real Madrid, y unos pantalones cortos negros. Saludaba rápidamente a sus compañeros y se iba directo al baño, desde donde se oía la ducha durante unos largos minutos, y volvía de su habitación, con ropa de andar por casa, al salón para coger el ritmo de sus compañeros tomando cervezas. Las pocas veces que yo ya había limpiado el baño cuando él llegaba, Sergio me recordaba que revisara el baño cuando Antonio me pedía la primera cerveza.
Esa tarde la rutina cambio ligeramente, pues Antonio entró dando un portazo y se pasó un montón de tiempo dando voces en el salón que yo no comprendí muy bien pues estaba dentro del baño ensimismado en la limpieza y algo preocupado por no haberlo acabado antes de su llegada. Y así seguía yo cuando el entró a la ducha y no pude evitar dar un salto del susto cuando fui sorprendido mientras limpiaba el gran espejo que ocupaba media pared.
-          Fuera!

Le aviso si hay Novedades...

Su email: