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sábado, 15 de diciembre de 2007

Una cosa llevó a la otra


Aunque estaba claro que Mario y yo no congeniábamos para una relación estable, debido a que él se mostraba completamente indiferente con el hecho de que yo fuera esclavo, nos lo pasábamos muy bien juntos. Las conversaciones eran amenas, y era capaz de hablar con él de cualquier cosa, tanto de mis últimas experiencias con Amos o dominantes, que él escuchaba divertido, interesado en conocer más detalles, quizás solo por cortesía; como de cualquier otro tema de actualidad. A él le gustaba mucho hablar de política de los Estados Unidos, que, aunque era un tema al que yo nunca le he prestado mucho atención, tenía muchos más datos que la mayoría de las personas.
Además, como nos fuimos dando cuenta poco a poco, Mario no rechazaba mis servicios domésticos. Aún no estando interesado en que yo hiciera ningún tipo de labor en su casa, se dejaba tratar extremadamente bien cuando estaba en la mía, y me dejaba servirle las bebidas, la comida y hacer que su estancia fuera, en general, lo más confortable posible.
Una cosa llevaba a la otra, y terminó intentando besarme. Yo no le había dado pie, pero no le rechacé en ese momento, ya que realmente me apetecía ver si podría darle placer sexual a Mario. Como era de esperar, el sexo fuer realmente suave, pues Mario no llegaba a tratarme como el verdadero esclavo que soy. Nos quitamos la ropa mutuamente, disfrutando de nuestros respectivos cuerpos, el suyo, atlético y con un vello corto por todo el cuerpo, incluidas su entrepierna y su culo; el mío bastante más trabajado en el gym, y sin ni un solo vello por ninguna parte.

Terminamos desnudos encima de mi sofá, con dos enormes erecciones, y fue el único momento en el que Mario verbalizó uno de sus deseos: quería hacer un 69. Accedí a su petición, aunque nunca ha sido una de mis posturas preferidas; personalmente, prefiero centrarme en chupar una polla, sin disfrutar de qué me la chupen a mí, en lugar de hacer ambas cosas a la vez. Mario se tumbó encima de mi cuerpo, completamente extendido en el sofá, y consiguió encajarme su rabo, que era bastante grande, dentro de mi boca, al mismo tiempo que comenzaba a chupar el mío.
Al estar él colocado encima de mí, yo no tenía muchas opciones para marcar el ritmo al que se la chupaba, y era Mario quien lo hacía, controlando el movimiento de sus caderas. En general, tenía su polla metida bastante adentro en mi boca, y estaba consiguiendo ahogarme con ella. Mientras controlaba mi garganta y mi respiración, tuve que mantenerme atento también a mi polla. Aunque no me importaba correrme estando con Mario, la verdad es que prefería no hacerlo, pues reservaba ese derecho a hacerlo cuando  fuera una orden de mi Amo; pero mi polla no estaba acostumbrada en absoluto a ser chupada y tuve que mantener mi mente bien fría para evitarlo, en varias ocasiones, llegando incluso a pedirle a Mario que parase de chupármela durante unos segundos.
Por suerte para mí, Mario era activo, y tras haber disfrutado de su postura favorita, como después me dijo que había hecho, con la frase “tienes una polla deliciosa”, le apeteció un poco de sexo con penetración. Yo le dije que me parecía bien, pero que no se preocupara por hacer que yo me corriera. Le sonó extraño el primer segundo, pero lo comprendió todo, recordando nuestras conversaciones anteriores, con un solo gesto que le hice con mi cara.
La verdad es que me folló bastante bien, ayudado por su polla de buen tamaño, que también era gruesa, mientras que su experiencia también le ayudó para aguantar un montón de tiempo. Me metió la polla con delicadeza, pero firmeza, con mucho cuidado de no hacerme daño, empezando a follarme, solo con la punta, desde el primer centímetro que me metió; y en cada empujón que daba, metía un poquito más. En unos 10 empujones, tenía toda su polla dentro de mi culo y Mario seguía follándome, empezando a incrementar el ritmo del polvo- Yo, gimiendo como un loco, pues el grosor de su polla me hacía sentir un ardor en mi ojete, que se unía a los empujones que daba la punta de su rabo contra mi próstata, antes de entrar incluso más allá.
Me agarraba las nalgas para separar mi culo, a cuatro patas sobre mi cama, dejando que mi jadeante cabeza reposara en mi almohada, empapándola con mi sudor, mientras Mario seguía y seguía follándome sin bajar el ritmo en ningún momento. Creo que hacía tiempo que no emitía unos gemidos como esos, sin ningún tipo de tapujos, que acompañé con gritos de “¡joder, sí!, “¡dame más!” y de “¡fóllame ostia!”; hasta creo que alguno de ellos, los grité en inglés sin darme cuenta en el momento.
Terminamos los dos completamente sudados, como si nos hubiera pillado un chaparrón, desnudos en medio de la calle. Además yo, tenía la corrida de Mario arrollando por entre mis nalgas, cuando de rodillas encima de mi cama, giré mi tronco para darle un largo y baboso morreo. Él me pidió permiso para irse a la ducha.
-          Verás, tengo una casa en el norte de España, dónde vive mi primo – comenzó a contarme cuando salió de la ducha, con una toalla arrollada a su cintura, dejando aún verle su torso velludo, salpicado por algunas gotas de agua.
-          Sí… - contesté interesado sobre lo que me iba a contar, sin saber muy bien qué tipo de conversación sería esa.
Me explicó que allí vivía su primo, pero que de vez en cuando, se iba de vacaciones, y ni a Mario ni a él les gustaba dejar la casa sola. Lo que Mario quería, era que la próxima vez que él se fuera a cuidar esa casa, yo fuera también con él, pues Mario no podía pasar más de un par de días fuera de Madrid, y así, quizás yo podría quedarme cuidando la casa el resto de los días que no estuviera su primo. La verdad, es que no me pareció mala idea, aunque quizás me pareció que pecaba de exceso de confianza conmigo. De todas formas, acepté; era una forma de estar en contacto en Mario, cosa que me apetecía mucho.

Un video de Scary Fuckers para ilustrar el caso:
video

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