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viernes, 18 de enero de 2008

La lista de Samuel


Me costó toda una semana ir sacándole vía mensajes que le había parecido y si tenía más cosas que no pudiera hacer antes, que quisiera probar conmigo.
-          Pero, ¿lo vas a hacer todo, no? – fue su última pregunta.
Obviamente le contesté que sí y esta vez quedamos directamente en mi casa durante la tarde, previo acuerdo de 40 euros para los taxis de ida y vuelta, que yo dejé en la mesa del salón después de conectar el porno en la TV y de dejar el cenicero y la cajetilla de tabaco listos para cuando él llegase.
Esta vez se desnudó completamente nada más llegar a casa tras haberle yo recibido en suspensorios, negros esta vez. Su primera petición fue un masaje de pies que le hice despacio, acomodándome en el suelo sobre un cojín con las piernas cruzadas, habiendo retirado la mesa. Por supuesto el masaje seguro que se lo habían hecho antes pero también quería que terminara con una buena lamida, así que, al terminar con cada pie, posé mi lengua despacio sobre la planta y empecé a lamer con ganas. Me dediqué primero a las plantas dejándolas bien húmedas sin olvidarme de los talones para terminar lamiendo despacio los dedos de los pies por todas partes antes de ir metiéndomelos uno a uno en la boca para chuparlos con ganas. Como traca final abrí bien la boca para intentar meterme el pie entero en ella antes de seguir con el masaje en el otro pie.

Mientras tanto, Samuel se relajaba en el sofá y disfrutaba de probar lo que siempre había querido con su polla dura reposando sobre su abdomen que solo se tocaba de vez en cuando mirando la TV.
Lo siguiente que estaba en la lista de Samuel era que le comieran el culo. Se colocó en una postura un poco extraña en medio del salón para poder estar cómodo viendo la TV mientras yo sentado en el suelo separaba sus nalgas con las manos para empezar a meter mi lengua en la raja peluda de fuerte olor. Cuando lo tuve todo perfectamente mojado, los pelos ya se le pegaban a los lados de su culo, y yo me separaba unos instantes para ver su precioso ojete, cerradísimo, sobre el que soplaba levemente antes de volver a enterrar mi lengua allí intentando metérsela un poco hacia adentro. Una de sus manos hizo un giro hacia atrás para agarrarme la cabeza y hundírmela con fuerza en su culo mientras el flexionaba un poco las rodillas clavándose mi nariz encima de su agujero.
-          Vamos a follarte, esclavo – dijo separándome de su culo y dándose la vuelta para que viera su enorme falo en perfecta erección.
Me colocó a cuatro patas apoyado en el suelo con las rodillas y los codos estirados; mis manos se apoyaban todavía solo por las puntas de los dedos cuando él me agarró las caderas y me metió la polla de una gran embestida que me hizo gritar. Cuando llegó al fondo me soltó un azote con la mano abierta en la nalga derecha con bastante fuerza y volvió a sacar la polla completamente de mi culo haciéndome gemir.
-          Quieres rabo, ¿eh puta?

-          ¡Contesta puta! ¿Quieres nabo? – repitió mientras volvía a  dejar caer la palma de su mano abierta sobre mi culo

-          Sí, macho – dije cuando él ya estaba otra vez dándome una embestida en la que volvía a meter su polla entera hasta el fondo de mi culo.

-          Pídeme polla, ¡zorra! – dijo al sacarla de nuevo con un buen azote a palma abierta

-          Encúlame, ¡por favor! – casi grité por la siguiente embestida de su pollón.

-          Me vas a suplicar polla o te voy a dejar el culo bien rojo – me dijo mientras empezó a follarme con ganas, esta vez, sin sacarla por completo en cada embestida.
No pude parar de gemir, ya apoyando las palmas enteras en el suelo mientras ponía mis pies de puntillas, intercalando lo que Samuel me pedía: “dame más”, “fóllame”, “soy una zorra”, “necesito más rabo”… y aún así me dejó el culo bien rojo porque no paró casi en ningún momento de dejar caer las palmas de sus manos sobre mis nalgas con fuerza, salvo para agarrarse a ellas fuertemente dejándome las marcas de sus dedos.
-          Tu lefa – dijo de repente sacándome la polla de golpe.
Me incorporé de un salto casi a la vez que me daba la vuelta y caía de rodillas delante de él. Esta parte del día anterior le había encantado y sabía perfectamente que quería lo mismo hoy. Volví a abrir mi boca y sacar la lengua para recibir un buen chorro de leche directo a la boca y esperé a que limpiara la última gota en la punta de mi lengua antes de cerrarla para tragar, asegurándome que él me miraba cuando lo hacía. Samuel sonrió y me dejó limpiarle un poco la polla metiéndomela en la boca un rato para chupar la punta antes de volverse al sofá.
Se tomó una cerveza más y se fumo un cigarrillo antes de empezar con el penúltimo objetivo de su lista. Habiendo acabado el cigarrillo y con media cerveza bebida se levantó para ir al baño y me hizo un gesto con el cuello para que le siguiera. Me coloqué de rodillas en el plato de ducha y él se colocó de pie enfrente de mí con una mano en la cintura y otra cogiéndose la polla por la base.
Samuel solo quería mearme encima pero en cuanto su chorro empezó a salir directo a mi cabeza yo me recoloqué y abrí la boca para que me cayera dentro. Él se quedó flipado al verme tragar sin cerrar la boca y no desperdiciar ni una gota más de aquella cerveza de segunda mano con la que me estaba premiando. Cuando acabó volví  a limpiarle la punta de la polla chupándole la punta.
-          Así casi ni hace falta que te duches – me dijo con satisfacción.
Yo me quite los suspensorios en la ducha y me fui al dormitorio para cumplir la última de las peticiones de Samuel. Él me esperaba sentado en el sofá, fumando de nuevo, preparado para el show.

Volví al salón sujetando mi mayor dildo con una mano y frotándolo con lubricante con la otra, completamente desnudo con una enorme erección. Samuel me miraba como si yo fuera un mago de circo a punto de hacer mi mejor truco. Coloqué la ventosa del dildo en el suelo, me aseguré que estaba bien fijada y me coloqué de lado a Samuel poniéndome en cuclillas para dejar la punta del dildo justo en la punta de mi ojete antes de comprobar que Samuel veía perfectamente.
Con la máxima atención de Samuel apoyé una de mis manos en el suelo y empecé a pajearme brevemente con la otra mano. En el momento que solté mi polla dejé caer mi culo hasta el suelo metiéndome el dildo hasta el fondo, que desgarró mi ano mientras yo soltaba un enorme gemido y un enorme chorro de leche que voló parabólicamente por el salón.
Di un par de botes sobre el dildo mientras exprimía dos chorros más de lefa que salieron a presión de mi polla todavía dura y Samuel no podía dejar de mirar.
-          ¡Menuda zorra eres!
-          Esclavo para todo, como tú dices - le contesté.



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