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sábado, 23 de febrero de 2008

En su casa también

Estaba claro cuando el Amo me había dicho que quería exclusividad, incluso para el servicio doméstico, que era un servicio que yo tendría que darle. Y ese momento había llegado.

Recibí un menaje escueto, como siempre desde que le sirvo, con una dirección y una hora. Allí me presente tras un breve viaje en moto y conocí por fin su pequeño estudio. Me mandó que me quedara en ropa interior nada más entrar en la casa y tardé menos de 10 segundos en dejar toda mi ropa perfectamente doblada encima del sofá-cama. Al Amo le gustó que mi ropa interior fueran unos suspensorios y comenzó a sobarme el culo.


-          Pero hoy no has venido a esto – Me dijo secamente retirando su fría mano de mi nalga.
Uno de sus dedos indicaba un pequeño armario debajo de la cocina americana y fui hacia allí para abrirlo. Lo que había dentro era de suponer: cubo, lejía, estropajos usados, desengrasante y demás artículos de limpieza. Mientras yo empezaba a revolver entre los mismos, su voz tranquila se escuchó a mis espaldas.

-          Empieza por el baño.
-          Sí, Amo – contesté rápidamente, ya con un bote, un estropajo y una bayeta en la mano.

Había visto una puerta justo al lado de la puerta de entrada, que supuse que sería el baño. Me dirigí hacia ella y acerté. El baño era tan minúsculo como el resto del estudio. No me llevó mucho tiempo limpiarlo de arriba abajo, sin pausa. Llegué hasta a sudar pesé a que la calefacción no estaba encendida y no llevaba mucha ropa encima. Cuando salí del baño me encontré al Amo Óscar sentado en el sofá- cama con los pies encima de una especie de taburete bajo.

-          Si veo algo mal, la próxima vez lo pagarás – me dijo casi sin mirarme
-          Entendido Amo – respondí con la seguridad de un trabajo bien hecho.

Seguí por la cocina, que casi tuve que bañar en desengrasante. Hacía bastante tiempo que un buen estropajo no pasaba por muchas de los recovecos de la escasa encimera. Óscar continuó con su misma tarea, sin hacer ni decir nada. Con la TV encendida pero haciendo algo en el ordenador. Ni me llamó ni me volvió a dirigir la palabra hasta que me dijo que podía irme, después de hacer unos cuantos malabares para poder adecentar el salón – dormitorio con el Amo allí sentado sin molestarle mucho.



Después de vaciar el cubo en el baño y de vestirme, dejé la fregona donde la había encontrado, detrás de la puerta del baño, no sin antes pasarla de nuevo por mis últimos pisotones en el suelo aun mojado.

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