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sábado, 2 de febrero de 2008

Presentaciones


-          ¿Qué tipo de esclavo eres? – Me preguntó al poco de iniciar nuestra conversación por Skype.
-          Soy pasivo, sumiso y esclavo. Esclavo total. – contesté.
-          Define esclavo total – Volvió a insistir.

Hasta aquí nada fuera de lo normal. Tuve que explicarle clara y explícitamente que para mí, esto no es un juego ni una forma de ser que tengo delante de ciertas personas, si no que me gusta que sea mi modo de vida. Que me siento necesitado de tener a alguien al que obedecer en todo, dentro y fuera de la cama, y que cuando así sucede, no pongo límites de ningún tipo, en ningún momento, ni en ningún lugar. Soy un simple esclavo con el único objetivo de servir de alguna utilidad al ser superior que tengo delante de mí.
Por supuesto, hubo varias preguntas debido a esta explicación y tuvimos una conversación muy clarificadora. Entre esas aclaraciones, se encontraba por supuesto, que aunque como esclavo pierdo mi voluntad completamente, no pierdo mi iniciativa; y no soy un mueble, a no ser que se me ordene serlo. Todo indicaba que yo era el tipo de esclavo que él siempre había querido y la verdad, es que yo también pensaba que podría serle de bastante servicio, por todas las cosas de él que me estaba contando.
El siguiente paso fue hablar de nuestras disponibilidades. Por mi parte no había gran problema, salvo que hubiera un ataque de trabajo, que recibo con suficiente antelación como para poder organizarme. Acordamos que el despacho de mi casa sería para intocable y que si estoy allí dentro, significaría que estoy trabajando y que él no tendría ningún derecho a nada en esa estancia. Aunque me resulto un poco extraño, me pareció buena forma de asegurarme que podría continuar trabajando las pocas veces que me hacía falta.
Él me contó que trabajaba unas horas por las tardes, más hacia la noche, así que le vendría bien poder quedar por las mañanas. Yo no tendría ningún problema en asistir al gimnasio por la tarde y en ese momento me acordé y se lo dije claramente; me quedaría sin ir al gimnasio los jueves por la tarde, pues estaba ya sirviendo de mayordomo en un piso de estudiantes.
Esto le abrió un mundo para él completamente desconocido. Cuando en un principio había solo considerado el hacer uso de mi casa, debido a mis buena disposición de juguetes e instalaciones, ahora se planteaba también que podría serle de gran utilidad yendo yo a la suya, que era un pequeño estudio en el centro, aunque no muy cerca de mi apartamento. Y también le abrió otra caja de Pandora; me explicó que me quería en exclusividad y que si lo nuestro avanzaba, tendría que dejar de servir en la casa de esos chicos para centrarme solamente en él.
-          O a quién yo decida – añadió.
Le explique que no me gusta dejar tirado a nadie y que tendría que explicarles a los chicos la nueva situación. Le pareció bien. Casi le supliqué que me dejara continuar yendo a servirles, que no quedaría bien como esclavo dejándolos colgados en medio del curso universitario, pero él fue inflexible. Le tuve que explicar detalladamente todo lo que pasaba, y había pasado, en el piso de los estudiantes y que no incluía ningún tipo de servicio sexual; pero la respuesta fue la misma. Finalmente, acordé en hacerme cargo de la situación sin dejar tirados a los chicos y a él le pareció bien.
No quiso conocerme en persona hasta que eso no estuviera solucionado.

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