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jueves, 14 de febrero de 2008

Última vez que no limpiaba


Llevaba varios días dándole vueltas en la cabeza y la respuesta siempre era la misma. Servir de mayordomo a los chicos era algo extraordinario que me hacía realizarme como esclavo. Simplemente iba allí a ver qué podía hacer por ellos, haciéndoles la vida más fácil, sin esperar nada a cambio y encantado de que me humillaran de alguna forma; eso me ayudaba a recordar mi sitio en el mundo. Sin embargo, el hecho de tener un Amo “completo” no les igualaba de ninguna de las formas.

La única opción que tenía en ese momento era el Amo Óscar, al que todavía no había conocido en persona debido a que me exigía exclusividad total, incluida en el servicio doméstico. Así que, con la decisión tomada, lo único que faltaba era intentar no quedar mal con los estudiantes y sobre todo, no dejarles con el culo al aire, teniendo ellos que encargarse de la limpieza de su casa.
La solución apareció ese mismo día delante de mis narices, cuando llegó el chico que tenía contratado para limpiar mi propia casa. Le pedí que se sentara tranquilamente y le ofrecí un té para explicarle todo. Por supuesto llegamos a un acuerdo. Él iría todos los jueves a la casa de los estudiantes a hacer la limpieza, colada, recogerles la cena, servirles la cerveza y demás, pero no estaba dispuesto al resto de los entretenimientos que ellos tenían conmigo, por supuesto. Ya que sería engorroso hacerme cargo de todos los gastos de las cenas y cervezas, más el precio de las horas de limpieza, que él me había subido bastante ante esta situación, acordamos que le pagaría 100 euros cada vez que fuera y que se los pagaría por adelantado. Como era de esperar, el chico también me pidió un extra por esto.
Cuando se fue de la casa, tenía mi ojete empapado por sus babas, pues se había pasado un largo rato comiéndomelo en diferentes posturas. Hasta se llegó a tumbar en el sofá ,y me hizo ponerme de cuclillas encima de su cara, para que me lo comiera con calma. Pero también lo tenía abierto, porque esta vez aguantó un montón de tiempo follándome, después de darme la primera la clavada del tirón, metiéndomela hasta el fondo, solo usando como lubricante las babas que había dejado antes. Quiso esta vez también pajearme y en principio le dejé, pero le aparté la mano cuando estaba cerca de mi orgasmo, pues le había explicado antes de empezar, que no quería correrme. Junto con los 100 euros de adelanto, y el pago de ese día de no-trabajo en mi casa, se llevó los suspensorios que yo llevaba puestos ese día. Salió de casa oliéndolos, apretados contras su nariz, antes de metérselos en el bolso de su chaqueta.
Arreglada la forma de solucionar la limpieza de la casa de los chicos, solo me faltaba hacérselo saber. Pensé en ello durante una ducha fría y concluí que no tendría cojones de explicárselo cara a cara, especialmente a Sergio. Utilizar a Samuel para esto tampoco sería una opción, aunque había sido él quien nos había puesto en contacto. La única solución que me quedaba era hacerlo por mensaje telefónico, con el único de sus tres números que tenía, que no tenía claro a cual de ellos pertenecía.
Escribí y re-escribí el mensaje varias veces hasta que creí que no podría explicarlo de mejor manera. “Lo lamento mucho”, terminé. Después de enviarlo, les pasé el contacto de mi chico de la limpieza y les dejé claro que el chico iría a su casa todos los jueves, si ellos querían, que era un profesional, no alguien como yo, y que yo me encargaría de pagarle por anticipado; que podía echar todas las horas que fueran necesarias.
Pasé todo el día muy nervioso pendiente del móvil, esperando una contestación de ellos. La verdad es que esperaba que se pusieran furiosos. Ya cerca de la media noche recibí un sencillo “OK”.

                         

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