Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio en...

sábado, 21 de junio de 2008

Pequeña salida a la capital (II)


Esa polla enorme que me había tocado por sorpresa no duraría mucho más tiempo en mi boca. Menos mal que la aproveché muy bien en las buenas mamadas que le di, desde el primer momento, ahogándome yo mismo con ella, aguantando con ella en el fondo de mi garganta todo lo que podía. El chico, que unos segundos antes salía de mi reservado había intentado cerrar la puerta tras él, pero yo la había parado con mi mano, dejándola completamente abierta, lo que me daba más luz y mas opciones de que me vieran desde afuera.
La polla con la que me estaba auto-ahogando desapareció, casi al mismo tiempo que una silueta aparecía en mi puerta. Era el chico joven del principio, que me miraba, con una copa en la mano, desde el medio del estrecho pasilla que conectaba los reservados. Se giró para seguir su camino y yo me levanté para seguirle, buscando durante un segundo al dueño del pollón que me acababa de comer, a lo largo del pasillo sin éxito. Encontré al chico en una de las salas de vídeo, que no era más que un pequeño asiento incrustado en la pared en una sala vacía, salvo por el monitor que colgaba del techo en una de las esquinas, en el que se estaba proyectando una película porno.

Pequeña salida en la capital


Conseguí llegar al final de la semana, a base de duchas frías, y con el trabajo más o menos controlado, permitiéndome poder dedicar a mí mismo unas cuantas horas y tener tiempo para dormir después, antes de seguir trabajando al día siguiente.
No tenía ni idea del tipo de ambiente que habría en la ciudad, así que tuve que hacer unas cuantas búsquedas por internet antes de meterme en la ducha para preparar mi cuerpo delicadamente, repasando mi depilación, aunque no estaba mal todavía, y limpiándome bien completamente, por si acaso.
Salí en mi moto hacia la capital, directo a la zona de la discoteca, que se supone que era el centro de la noche gay en la isla. La verdad es que estaba llena de gente, y por esta vez no me agobiaba, pues estaba necesitado de ver más gente que los tenderos que me vendían la comida y la cena cada día. Dejé mi chaqueta en el guardarropa y me quedé solo con la pequeña camiseta de tirantes, que me había puesto debajo, con mis pantalones vaqueros bien apretados.

miércoles, 18 de junio de 2008

Vida de reclusión

Me llegó una buena hornada de trabajo para realizar, justo durante mi vuelo, y casi ni me instalé en el chalet que había alquilado, cuando me senté delante de mi portátil para ponerme a trabajar sin descanso durante unas 8 horas seguidas.


Mis pequeñas vacaciones no habían empezado como yo me esperaba, quizás porque vivía en unas vacaciones continuas. Pese a mi elevado ritmo, nuevo trabajo seguía llegando, y no era capaz de bajar la carga, por lo que tuve que dedicar unos cuantos días prácticamente a eso, haciendo lo que ese momento llamé vida de reclusión, con todas las distracciones que había en mi localización de vacaciones.

miércoles, 11 de junio de 2008

Trámites


Conseguí hacerlo todo a través de internet y usando mi móvil nuevo. Había recibido una buena cantidad de fotos de la casa y los exteriores; ya había enviado toda la documentación y hecho la transferencia, pagando el total del verano. Sólo me faltaba reservar los vuelos y acordar la entrega de llaves.
Bajé un grado más la temperatura de mi aire acondicionado y me senté, como siempre en suspensorios, con las piernas cruzadas apoyando el portátil encima. No tardé mucho en encontrar unos vuelos adecuados para mi gran escapada. La alegría me hizo ponerme en pie casi de un salto, dejando el pequeño portátil a un lado del sofá.
-          ¡Me voy todo el verano a Mallorca! – se me escapó en voz alta.
Tenía una casa para los próximos 3 meses en las afueras de un pequeño pueblo. Muy discreta, con un enorme jardín, completamente oculto por un tupido seto. Las 3 habitaciones y los 2 baños eran lo de menos, considerando que tenía piscina.
-          ¡Voy a necesitar una moto! -pensé.
No aguantaba más el maldito calor de Madrid, y quedaban 5 días para la salida de mi vuelo.
      -          Voy a tener que entretenerme hasta entonces... - hablé conmigo mismo.



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