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sábado, 21 de junio de 2008

Pequeña salida en la capital


Conseguí llegar al final de la semana, a base de duchas frías, y con el trabajo más o menos controlado, permitiéndome poder dedicar a mí mismo unas cuantas horas y tener tiempo para dormir después, antes de seguir trabajando al día siguiente.
No tenía ni idea del tipo de ambiente que habría en la ciudad, así que tuve que hacer unas cuantas búsquedas por internet antes de meterme en la ducha para preparar mi cuerpo delicadamente, repasando mi depilación, aunque no estaba mal todavía, y limpiándome bien completamente, por si acaso.
Salí en mi moto hacia la capital, directo a la zona de la discoteca, que se supone que era el centro de la noche gay en la isla. La verdad es que estaba llena de gente, y por esta vez no me agobiaba, pues estaba necesitado de ver más gente que los tenderos que me vendían la comida y la cena cada día. Dejé mi chaqueta en el guardarropa y me quedé solo con la pequeña camiseta de tirantes, que me había puesto debajo, con mis pantalones vaqueros bien apretados.

Me paseé por la pista de baile, con una copa de refresco en la mano, mirando unos chicos muy guapos, y ya con un delicioso bronceado, sin muchas expectaciones, pues parecían más chicos delicados que dominantes duros de los que yo necesito en mi vida. Antes de pedirme un segundo refresco, decidí irme al otro local que había seleccionado desde casa. Fui hasta allí en moto, pesé a un chico que me paró en la puerta cuando ya estaba por salir, intentando retenerme con una conversación muy interesante.
El segundo local no tenía nada que ver con la primera discoteca. Estaba mucho más apartado de la zona de fiesta y su entrada ya presagiaba lo que me iba a encontrar dentro. Un local bastante desarmado y oscuro, pero con muchas más opciones de juego que la discoteca de moda. Tras darme una vuelta por las instalaciones, de las que el 90 % eran zonas oscuras, decidí hacer uso de las taquillas, pidiendo una llave en la barra.
Ya solo vestido con mis suspensorios, y tomando un refresco que incluía la entrada al local, me día otra vuelta por las instalaciones más tranquilamente. Había una serie de pequeños cuartuchos, algunos de ellos con agujeros para meter la polla, y una sala con un columpio, en los que uno se tumba uno de espaldas y se levantan las piernas para que te follen. Por desgracia, no había mucha afluencia de gente en el local y me volví a la barra a preguntarle al camarero por las expectativas de que mejoraran.
El camarero no me dio mucha conversación, ni mucha información sobre la gente que podría venir, pero en el rato que aguante en la barra, vi pasar unas cuantas personas que llegaban, casi todas ellas, bastante más mayores que yo. Decidí darme otro paseo, ya sin ningún vaso en la mano, dejándome ver por los nuevos clientes del local.
Localicé, o más bien me localizó a mí, un chico bastante joven, y nos perseguimos un rato a través de las diferentes salas oscuras, hasta que llegué a la zona de los reservados cuando él venía detrás de mí, y metí en uno de ellos, dejando la puerta abierta y agachándome delante del agujero de gloryhole que apuntaba al reservado de al lado. Vi una sombra pasar a mi lado y pronto apareció una buena polla delante de mí, a través del agujero. No me contuve para metérmela en la boca hasta el fondo.
La hice crecer dentro de mi boca mientras la chupaba suavemente, notando cada uno de los centímetros con mi lengua y saboreándola hasta el fondo. Cuando me la saqué un segundo de la boca, pude verla, completamente dura, como un fantasma en medio del muro de madera negra que tenía delante de mí. Cerré los ojos y seguí chupándola, acomodando mis rodillas en el suelo, sin miedo a que se mancharan en un frío suelo, que no se distinguía muy bien de que estaba hecho.
Unos ruidos me distrajeron de mi misión de comerme la deliciosa polla, haciéndome abrir los ojos, seguidos de una mano sobre mi hombro. Levanté la vista sin dejar de chupar, manteniendo la punta del rabo entre mis labios, para ver quién me estaba perturbando. Mi sorpresa fue llegar a distinguir en la puerta del reservado, que yo había dejado abierta, al chico joven al que había estado siguiendo por el local unos minutos atrás.
-          Entonces… ¿de quién es la polla que me estoy comiendo? – pensé.
Al ver que el chico joven parecía complacido por mi actitud, y que se quedaba de pie en la puerta de mi reservado, desabrochándose sus pantalones, decidí girarme 90 grados, sin levantar mis rodillas del suelo, para dejar que la polla que estaba en mi boca desapareciera por el agujero, igual que apareció, y dedicarme a comerle la polla al chico joven que tenía delante. Su polla era ligeramente más pequeña que la que me estaba comiendo antes, pero estaba completamente dura desde el primer segundo que salió de los calzoncillos del chico. Casi no me dio tiempo a metérmela 4 o 5 veces en la boca, haciendo que me entrara hasta la garganta, cuando el chico tomó la iniciativa y me empezó él mismo a follar la boca, agarrando mi cabeza con las dos manos.
Me pasé un largo rato dejando que me follara la boca, sin tocar mi enorme erección debajo de mis suspensorios. El chico parecía insaciable y sin intención de correrse. Dejó de follarme la boca y yo me la saqué, para limpiar mis babas en uno de mis brazos y respirar un rato tranquilamente.
-          Me voy a tomar algo. Luego seguimos. – Me dijo muy bajo, inclinando ligeramente la cabeza hacia mí.
Coloqué mi polla en de mis suspensorios antes de salir de la zona oscura, hacia la barra, en la que el chico estaba revolviendo con una pajita un copa de un color oscuro. Yo pedí un refresco a su lado.
-          ¿Te ha gustado? – decidí preguntarle, sin mirarle a la cara.
-          Mucho. Cuando me tome la copa quiero más. – Me contestó.
La corta conversación fue interrumpida por otro chico, más o menos de mi misma edad, que se acercó a la barra por mi lado, pidiendo algo para beber y poniendo una de sus manos en una de mis nalgas, simplemente posándola.
-          Que fresco vas tú, ¿no? – me dijo el chico.
Yo le miré a la cara y le sonreí. Volví a mirar para el otro lado, pero el chico joven estaba hablando ahora con alguien que debía de ser un conocido, pues se estaban dando dos besos. Así que volviendo la cara al nuevo chico, le guiñé un ojo y empecé a andar hacia la zona oscura de nuevo, despacio, y moviendo mi culo al aire.

El chico me siguió, como yo pretendía y pude meterlo en uno de los reservados, en los que él cerró la puerta. Pronto le estaba levantando la camiseta para poder acariciar su torso, que tenía una pequeña manta de vello corto, mientras el acariciaba el mío, que al contario que el suyo, no tenía ni un solo pelo. Intenté que el chico jugara con mis pezones, acariciando yo los suyos y tomando la iniciativa empecé a chupárselos, mordisqueándoselos ligeramente, pero a él no pareció importarle. Sus manos se fueron rápidamente hacia mis nalgas, estaba vez tocándolas seriamente. Me lancé a desabrocharle los pantalones y poco después estaba apoyado contra la pared, sintiendo la polla del chico frotarse con mi culo. Cogía su polla con la mano y la golpeaba ligeramente contra mis nalgas, poniéndola un poco más dura, para prepararla para follarme.

Lancé unos cuantos gemidos mientras él me follaba suavemente, metiéndomela despacio y disfrutando, masajeando mis hombros, mientras empujaba para que me entrara hasta el fondo, en ese antro, sin más lubricante que un poco de saliva. Yo abría mis piernas un poco más y levantaba mis brazos para sujetarme en los laterales del pequeño reservado, mientras aguantaba las suaves embestidas de la polla del chico, que no era muy grande, pero me estaba haciendo gemir.  Mi polla mojaba mis suspensorios.

Una nueva polla apareció a mi izquierda; ese reservado tenía también un agujero de gloryhole que lo conectaba con el de al lado. No me dio tiempo a intentar ajustar mi postura para empezar a comérmela, el chico que me estaba follando se deshizo en un largo gemido, sujetando las cintas de mi suspensorio con las dos manos, y pegándome unas buenas folladas en el fondo de mi culo. Se había corrido; enseguida sacó su polla de mi culo y empezó a subirse los pantalones. Buscó su copa en el altillo de madera, en el que la había posado al entrar, después de abrir la puerta pata que hubiera más luz.

Creo que se quiso despedir de mí, pero yo ya estaba de rodillas de nuevo, esta vez chupando la polla, sin vello y larga, que había aparecido a mi lado.

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