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sábado, 21 de junio de 2008

Pequeña salida a la capital (II)


Esa polla enorme que me había tocado por sorpresa no duraría mucho más tiempo en mi boca. Menos mal que la aproveché muy bien en las buenas mamadas que le di, desde el primer momento, ahogándome yo mismo con ella, aguantando con ella en el fondo de mi garganta todo lo que podía. El chico, que unos segundos antes salía de mi reservado había intentado cerrar la puerta tras él, pero yo la había parado con mi mano, dejándola completamente abierta, lo que me daba más luz y mas opciones de que me vieran desde afuera.
La polla con la que me estaba auto-ahogando desapareció, casi al mismo tiempo que una silueta aparecía en mi puerta. Era el chico joven del principio, que me miraba, con una copa en la mano, desde el medio del estrecho pasilla que conectaba los reservados. Se giró para seguir su camino y yo me levanté para seguirle, buscando durante un segundo al dueño del pollón que me acababa de comer, a lo largo del pasillo sin éxito. Encontré al chico en una de las salas de vídeo, que no era más que un pequeño asiento incrustado en la pared en una sala vacía, salvo por el monitor que colgaba del techo en una de las esquinas, en el que se estaba proyectando una película porno.

Apartó la vista de la película durante un segundo para verme entrar por la puerta y apartó su copa, posándola a su lado sobre el asiento, llevando sus manos al paquete. No dudé nada en ponerme delante de sus piernas abiertas y arrodillarme allí en medio. Él dejó de mirar la película para sacarse la polla, que ya era conocida para mí, y siguió viéndola en cuanto me la metí en la boca, con sabor a saliva, que podría ser la mía. Esta vez, ya estaba completamente dura, y la pude chupar yo solo un buen rato, mientras él bebía de su copa. Cuando la volvió a posar, tomó mi cabeza como la primera vez y empezó a follarme la boca, siempre metiéndome la hasta el fondo, levantando su culo del asiento.
Cuando se cansó de levantar sus caderas del asiento, me agarró la cabeza con las dos manos para dirigirla él al ritmo que le gustaba. La verdad es que la primera mamada que le había hecho, no parecía haberle afectado en lo más mínimo, y seguía follándome la boca con las mismas ganas, sin que su polla perdiera ni un grado de dureza, sin casi lubricar, o al menos yo no lo notaba entre el sabor de mi saliva; y sin hacer ningún ruido que indicara que estuviera ni cerca de correrse.
La follada de boca se acabó a la vez que su copa. Yo me levanté, con las mandíbulas doloridas e hice un pequeño gesto para moverlas un poco hacia los lados. Mientras el chico se abrochaba de nuevo el pantalón, tras haberse guardado la polla en ellos de nuevo, me comentó algo sobre la mía, que ya había humedecido del todo mi suspensorio, y dura como estaba, hacía que se me notase toda la punta a través de él. Salimos los dos hablando sobre comer pollas del cuarto de vídeo, hacia la barra de nuevo. Allí se reunió otra vez con el mismo chico con el que hablaba antes, mientras se pedía una copa; yo me di la vuelta para darme otro paseo por el local, que ya se había llenado bastante de gente, o al menos, todo lo lleno que yo lo llegaría a ver.
Estaba cachondo como una mona. Al ver que había varias personas apostadas en las esquinas en la sala, bastante grande, en la que se estaba el columpio, decidí subirme a él, con un rápido movimiento, balanceándome un poco con las piernas en lo alto, antes de poder apoyarlas en las tiras de cuero adecuadas para ello. Una vez estable allí, uno de los hombres presentes en la sala, no tardó en acercarse a ella, del lado de mi culo, completamente disponible, y empezó a acariciarme el ojete, que le quedaba muy accesible, a la altura de su entrepierna.
Un rato más tarde y tras haber entrado con uno de sus dedos unas cuantas veces en mi culo, ya se había sacado la polla y la había puesto dura con una de sus manos; se estaba colocando un condón para empezar a follarme. En cuanto la tuve dentro, con un pequeño gemido por mi parte, comencé a balancear ligeramente el columpio, intentando hacer sus acometidas más profundas, pero solo se movía lateralmente, así que decidí estabilizar mis manos detrás de mi cabeza y dejarme follar al ritmo que el hombre decidiera.
Pronto teníamos un corro de gente alrededor, que intentaba tocarnos el cuerpo a ambos. Al hombre que me follaba no parecía gustarle, pues les apartaba la mano cuando alguien le tocaba a él, pero yo dejaba a cualquiera que llegara que moviera sus manos por mi torso y abdomen, y alguno de ellos por mi paquete. Me llegaron a sacar la polla del suspensorio y otro hombre, bastante mayor por lo que pude ver, se agachó para meterse la punta en la boca un par de veces. Yo no movía mis manos y les dejaba hacer a todos, gimiendo con las embestidas del hombre, que me estaba follando bastante bien, y me estaba llegando profundamente.
Uno de los observadores no se contuvo y se soltó los pantalones para sacar su polla, que se empezó a pajear a la altura de mi pecho. Era el momento adecuado para perder un poco mi estabilidad y llevar una de mis manos hacia ese pollón, para ser yo el que le hiciera la paja. Unos segundos después, dejaba caer mi mano, colgando hacia el suelo, mientras mi cabeza se giraba hacia ese mismo lado y  ese hombre me metía la polla en la boca. Fueron unos minutos fantásticos, gimiendo con la boca llena de polla, por las embestidas que otro nabo me estaba dando por el culo. Noté algo tocarme el pezón por el lado de mi nuca y llevé mi mano corriendo hacia allí, con la esperanza de animar esa mano a apretarme el pezón duramente. Me encontré para mi sorpresa con otra polla, que rozaba con su punta mi pezón suavemente; la intenté coger por la base para menearla un rato también.
Pero el hombre en mi culo acabó enseguida y tras unos segundo con ella metida, inmóvil, en el fondo de mi culo, me la sacón del tirón, dejándome el ojete palpitante, y abriendo mis labios para suspirar, todavía con la boca llena y pajeando más rápidamente el rabo de mi mano. Era el momento de rotar y los chicos lo sabían. La polla que me estaba comiendo desapareció para prepararse para entrar en mi culo, y yo giré la cabeza soltando la polla de mi mano para que ella viniera a adentrarse en mi boca.
Esta follada y esta mamada duraron bastante poco y ambos hombres sacaron sus pollas de mi boca y mi culo, casi simultáneamente para pajearse, uno desde la posición entre mis piernas y el otro al lado de mi cara. Se corrieron casi sincronizados. Un chorro de leche cayó sobre mi polla, todavía fuera de mis suspensorios, mientras otro se caía en mi pecho, deslizándose hacia mi cuello; yo le tocaba la parte de debajo de las pelotas con la mano y miraba la cara del hombre, que descargaba entre mis piernas, su segundo chorro de leche.
Me bajé del columpio mirando mi cuerpo lleno de corridas, pensando cómo me limpiaría todo eso, mientras metía mi polla dentro de mis suspensorios de nuevo, para poder sacudir después las gotas de leche de mis manos hacia el suelo. Levanté la cabeza y me encontré en una esquina de la sala al chico joven que ya me había follado la boca un par de veces esa noche, con una copa en la mano y frotándose el paquete con la otra.
Sin decirle nada me acerqué y le desabroché el pantalón, bajándoselo lo justo para poder sacarle la polla de sus calzoncillos. Le quité la copa de la mano para posarla en una de las esquinas, antes de agacharme, mientras limpiaba mis labios con el brazo.
-          La última follada de boca antes de irme a casa – pensé.

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