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miércoles, 18 de junio de 2008

Vida de reclusión

Me llegó una buena hornada de trabajo para realizar, justo durante mi vuelo, y casi ni me instalé en el chalet que había alquilado, cuando me senté delante de mi portátil para ponerme a trabajar sin descanso durante unas 8 horas seguidas.


Mis pequeñas vacaciones no habían empezado como yo me esperaba, quizás porque vivía en unas vacaciones continuas. Pese a mi elevado ritmo, nuevo trabajo seguía llegando, y no era capaz de bajar la carga, por lo que tuve que dedicar unos cuantos días prácticamente a eso, haciendo lo que ese momento llamé vida de reclusión, con todas las distracciones que había en mi localización de vacaciones.
Me levantaba temprano en la mañana para tomar mi moto de alquiler y pasarme casi 30 minutos conduciendo para llegar al gimnasio, que estaba bastante bien acondicionado, y en el que me pasaba un par de horas, siguiendo los ejercicios que mi entrenador me mandaba por email todas las semanas. Aunque no era lo mismo que tenerlo allí delante para decirme lo que hacer cada día, estaba bastante bien. A la vuelta del gimnasio, habiendo duchado allí, pues estaba bastante vacío, me ponía directamente en el ordenador a trabajar, sobre las 11 de la mañana, adelantando todas mis tareas pendientes.

No tardaba mucho en hacer una pequeña parada para comer, cualquier cosa por el pueblo, pues mi nevera seguía completamente vacía, por la falta de tiempo. Me daba un pequeño paseo y conseguía llegar a una pequeña playa, en la que me tumbaba bajo el sol, con una buena capa de protección. Sobre las 4 de la tarde, ya estaba de vuelta en mi casa delante del ordenador trabajando de nuevo, ya con mis compañeros de estados unidos conectados.
Hasta la 8 de la tarde no conseguía hacer una nueva parada, en la que hacía uso de la piscina de mi chalet para refrescarme y hacer unos cuantos largos, antes de volver a salir al pueblo, a buscar una cena rápida. A la vuelta, me ponía  a trabajar de nuevo.
No me encontraba mucha gente durante mis paseos por el pueblo, y mucho menos en la playa, que estaban casi desiertos, pese a ser un mes de verano, pues eran día de semana. Sin embargo, mi excitación sexual no había disminuido, y yo ya estaba planeando un poco de relax, aunque fuera el fin de semana, como la gente que trabajaba todo el año.

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