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No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

jueves, 3 de julio de 2008

Perro de Isla


Tras unos cuantos días de búsqueda, por fin había encontrado a alguien interesado en algo más que un polvo y lo iba a conocer esa misma tarde. El pequeño problema era que el chico en cuestión, lo que más le gustaba era el dog training, así que no tenía absolutamente nada en mi casa de verano para jugar tranquilamente.
No dudé mucho en salir a la capital a buscar un sex shop a ver de lo que me podía armar. No encontré lo que me hacía falta para ese día. Mi visita a la tienda de animales fue un poco mejor y al menos tendría lo básico para poder jugar. Me volví a casa en moto, bastante excitado y me preparé para recibir a mi nuevo Amo esa misma tarde.

El chico en cuestión era un chico relativamente joven, de casi 30 años de edad, con un cuerpo delgado, no muy fibrado y muy bronceado; se veía que aprovechaba el buen clima de la isla y todo su tiempo libre. Según me había contado, no tenía trabajo en ese momento y tenía plena disponibilidad, lo que me venía muy bien para ajustar mis pequeñas necesidades de trabajo de ese mes, que seguían un poco elevadas para mi gusto.
 Aunque me había dicho que tenía amplia experiencia en el tema, se le veía que no estaba muy suelto o quizás estaba igual de nervioso que yo. Le ofrecí una cerveza al llegar a mi casa y la aceptó. No se llegó a sentar, no paraba de merodear por toda la casa, hablando nerviosamente sobre lo espaciosa que era y demás comentarios, con un tono de voz que no encajaba mucho para su edad, y que me recordaba a los chicos canis de Madrid. Sin embargo, su forma de hablar era muy pausada, propia de la isla, y siempre iba acompañada de una amplia sonrisa que mostraba sus dientes blancos entre sus labios carnosos y su tez morena que junto a sus ojos azules hacía que fuera un chico realmente atractivo.
Tuve que cortar el paseo por mi casa yo mismo pues se me estaba haciendo inacabable.
-          Bueno… ¿y qué te apetece? – pregunté directamente
Él titubeo pero sonrió como siempre y se dirigió a sentarse al sofá tranquilamente.
-          Enséñame que tienes – contestó.
Me fui, con las prisas que el Amo no tenía, a buscar la bolsa en la que tenía todo lo que había conseguido. La verdad es que me dio un poco de vergüenza sacar de ella el comedero y el bebedero de perro, la correa y el collar. Eso era todo; bajé mi cabeza avergonzado. Sin embargo el chico parecía encantado solo con aquello y empezó a juguetear con la correa y el collar, sin hacerle mucho caso a mi vergüenza. Decidí dar un pequeño más y me quité la poca ropa que llevaba y me puse a cuatro patas delante de él.
-          Muy bien, perro – me dijo tranquilamente mientras empezaba a colocarme el collar alrededor del cuello.
-          ¿Aprieta mucho? – me preguntó cuando termino de cerrarlo.
La pregunta me sorprendió y negué con la cabeza. Su mano se fue rápidamente hacia mi culo y me empezó a sobar el ojete. Me había dejado los suspensorios puestos y no pareció importarle.
Casi ni noté el pequeño tirón que me dio con la correa cuando empezaba a moverse delante de mí. Se paseaba por la casa, como unos minutos antes, despacio mirándolo todo mientras yo iba también despacio a cuatro patas detrás de él. El paseo era demasiado lento y él estaba haciendo casi los mismos comentarios sobre la casa, aunque esta vez los terminaba con la palabra “perro”. Me relajé y decidí hacer el paseo como más le gustara al Amo y le seguí por la casa, moviendo mi cabeza en tono de asentimiento cada vez que su voz tenía un mínimo tono de pregunta; si era un perro, había decidido no hablar, y solo ladrar cuando fuera necesario.
Pasé entre las sillas de la mesa del comedor, siguiéndolo tranquilamente, y después me llevó hacia los dormitorios; rodeamos la cama grande hacia el lado de la mesilla de noche, dónde tuve que apretar mi cuerpo para poder dar la vuelta y dirigirme de nuevo hacia la salida. En el despacho no me dio tiempo a dar la vuelta pues casi ni entré. El Amo se asomó y dio la vuelta casi automáticamente. También visitamos los dos baños, en el pequeño igual que en el dormitorio, sin llegar a entrar, y en el baño principal, apoyando mis patas delanteras en la tapa del inodoro, intentando que mi Amo jugara un poco conmigo. Sin embargo, él siguió el tour por la casa y salimos a la zona de la piscina, allí se sentó y dirigí mi cabeza hacia él, hacia su entrepierna, pues separaba sus piernas sobre una tumbona sin terminar de recostarse hacia atrás.
Antes de sacarse la polla, me soltó la correa y me dejó el collar, comprobando de nuevo que no me apretaba demasiado. En cuanto la vi me lancé a ella; una polla de tamaño normal, gordita y bien morena. La tenía ya bastante dura cuando me la metí en la boca. Pude chupársela sin prisas, igual que el gran paseo que había dado. Él no pronunció ni una palabra, ni siquiera “perro” y dobló su espalda hacia atrás apoyando ambas manos en la tumbona y pronto empezó a soltar algunos pequeños gemidos cuando su polla ya estaba completamente dura entre mis labios.
Seguí chupándosela sin parar, metiéndomela hasta el fondo; la tenía completamente depilada, igual que el resto de su cuerpo, intentando no dejar de estar a cuatro patas, aunque ya había perdido mi sentimiento de perro, debido a la falta de estímulos. Creo que esa sensación de no ser un perro me bajó la leve erección dentro de mis suspensorios, pero seguí mamando sin parar. Sus gemidos se hacían más frecuentes, aunque no había subido el tono de los mismos; eran gemidos con la tranquilidad isleña.
Cuando él intentó incorporarse ligeramente sobre la tumbona, me la saqué de la boca y deje mis babas caer al suelo. El sol me había calentado el cuerpo durante la pequeña felación y casi no noté la diferencia de temperatura cuando su leche cayó sobre mi frente. Cerré los ojos y la sensación de ser un perro volvió ligeramente a mí, aunque no mucho.

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