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lunes, 24 de noviembre de 2008

La casa del primo de Mario


Mario y yo habíamos seguido en contacto frecuente, y a veces nuestros encuentros para charlar terminaban en un polvo, a secas, pero un buen polvo. Siempre era Mario el que empezaba ese juego, después de un par de copas, y yo le seguía sin más. La cuestión es que como me adelantó una de las primeras veces que follamos, había llegado el momento de cuidar de la casa de su primo y me estaba preguntando, después de follar, si me apetecía ir a cuidar la casa con él, sin ningún compromiso más; sería tan solo una semana y podríamos visitar esa pequeña ciudad del norte de España.


La verdad es que me apetecía, pero no sé si lo que Mario tenía en la cabeza era tenerme de día visitando la ciudad y follarme por las noches, si no tenía ningún plan al respecto o sí… la verdad es que no tenía ni idea de cuáles eran sus intenciones conmigo. Decidí no darle más vueltas, de una mala, podría hacer lo mismo que en Madrid desde allí, aunque seguro que encontrar un Amo con sitio en esa pequeña ciudad iba a ser difícil… me lancé y le dije que sí. El siguiente paso fue explicarme que, por desgracia, él tenía que trabajar y solo podría estar allí 3 días conmigo. Así que el plan era que íbamos juntos y pasábamos allí 3 días, de los cuales el primero todavía estaría allí su primo y después me quedaría solo al cargo de la casa por 4 días. Aunque la situación era extraña (“¿por qué yo?”) acepté; si Mario se fiaba de mí y su primo de Mario, yo podría fiarme de los dos; esperaba.

Salimos temprano por la mañana un domingo, llevamos mi coche y yo conduje. Mario se volvería a Madrid en un avión unos días después. Aunque conducir no es mi actividad favorita, nunca me ha aburrido y pude hacer todo el trayecto casi del tirón con una sola parada para estirar las piernas, más las de Mario que las mías. Llegamos para la hora de comer y su primo nos estaba esperando en la casa. Se podría decir que su primo era más bien su hermano, por el parecido físico que los dos guardaban, aunque Mario era más bajo y más corpulento.

Ambos me enseñaron la casa con protocolo, habitación por habitación; tampoco era un piso tan grande y nunca he entendido muy bien cuál era el problema con que el piso se quedara solo durante una semana. Salvo por un par de plantas, que se podrían recolocar para que las regara la lluvia, el resto de la casa estaba en perfecto estado y no había que hacer absolutamente nada. Pero decidí no meterme en ese tipo de pregunta todavía. Más adelante se la haría a Mario sin tener una respuesta que me convenciese.

Comimos tranquilamente sentado en la amplia mesa de comedor del piso. No pude ser muy servicial como me gustaba serlo con Mario, pues no sabía dónde estaba nada y su primo se había encargado de cocinar durante la mañana. Después de la comida, los dos se pusieron una copa a modo de postre con la excusa de que era una costumbre familiar los domingos y yo les acompañé con una que era prácticamente una tónica manchada con una gota de alcohol. El primo de Mario tenía una conversación casi tan interesante como la del propio Mario y los tres hablamos largo rato sobre los temas de actualidad en España, de los que yo no sabía gran cosa y ellos me ponían al día. La primera copa llevó rápidamente a la segunda y con eso, yo ya sabía que la libido de Mario se iba a disparar; sus piernas empezaron a intentar jugar con las mías por debajo de la mesa.

Mi gran sorpresa fue cuando otro par de piernas más se unieron al juego debajo de la mesa. Mario y su primo se miraron con complicidad y medio sonrieron ante mi cara de sorpresa. Parece que esa tarde me tocaba un sexo vainilla con los dos… unas cuantas preguntas inundaron mi mente pero preferí no explicitarlas y dejarme llevar. Mi segunda copa fue mucho más cargada de la primera.

Unos minutos después los 3 nos íbamos hacia el dormitorio principal, mientras nuestras ropas se iban quedando por el camino. Yo recordaba el camino, pero dejé que ellos dos me guiaran a tirones de mi ropa y robándome morreos, que yo no iniciaba pero nunca negaba. Les deje hacer y decidir completamente, como a mí me hace falta, dejándome que decidieran por mí todo lo que yo tenía que hacer, y lo hicieron bastante bien, aunque suavemente. De rodillas, completamente desnudo empecé a chuparle la polla al primo de Mario mientras él se desnudaba a mi derecha, a la cabecera de la cama. Cuando mis ojos se pasearon por el dormitorio, sin dejar de saborear la polla del primo de Mario, de un tamaño y groso muy similar al de él, descubrí un amplio espejo a los pies de la cama en el que se proyectaba mi imagen haciendo la felación. Con una solo mirada los 3 podíamos vernos entre nosotros, independientemente de lo que estuviéramos haciendo.

Parece que Mario y su primo estaban acostumbrados a este tipo de situaciones y se coordinaban perfectamente entre ellos, sin llegar casi a tocarse, yo era el juguete con el que los dos follarían. El mejor momento fue cuando la polla de Mario se metía por mi culo, con fuerza, haciéndome gemir, despacio, hasta llegar hasta el fondo. Mis gemidos estaban amortiguados por la polla de su primo, que intentaba no sacarme de la boca, sin rozarla con los dientes. Aunque era más bien él quien se estaba follando mi garganta en el momento que Mario empezaba a follarme. Llegué incluso a tener la sensación de que la misma polla se había duplicado dentro de esa habitación para entrar hasta el fondo de mi culo a la vez que notaba su punta rasgando mi garganta para entrar un poco más con el siguiente empujón. Un autentico placer para mis dos orificios que sin lugar a duda ellos también estaban disfrutando.

Nuestros ojos se cruzaban a través del espejo. Sus dos cuerpos fibrados de vellos recortados se amoldaban perfectamente a mi cabeza y mi culo y la cadencia de sus movimientos estaba en perfecta sincronía. Mi polla estaba a punto de reventar entre mis piernas cuando por suerte fueron ellos los que reventaron primero. Casi sentí la misma leche caer a la vez sobre mi espalda y mi cara, 1 segundo después de que la última embestida terminara dejando completamente vacíos de un solo movimiento mi garganta y mi ojete. Yo gemía al recibir su leche caliente separando las piernas para que mi polla no rozara nada más, a riesgo de correrme también si lo hacía.

Por suerte me dejaron encargarme de la limpieza de la habitación mientras ellos servían otra copa y se iban a la ducha. Cuando yo salía de la ducha estábamos listos para salir a dar una vuelta y cenar fuera de casa; el primo de Mario nos invitó a los dos, pesé que a yo insistí. La noche la pasamos los 3 juntos en la misma cama, nos despertamos varias veces para pasar un buen rato, los 3 juntos o 2 a 2; yo siempre era uno de esos dos.

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