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domingo, 9 de noviembre de 2008

La había hecho él mismo


El chico, que no era exactamente un chico por su edad, no me importaba mucho físicamente, y tampoco la actitud que se deprendía de nuestra conversación de skype me llamaba especialmente la atención. No obstante, su proposición me resultaba atractiva, porque yo nunca había usado ese tipo de artilugios y... tampoco tenía mucho más que hacer, para que me voy a engañar. Además me vendría bien recuperar algo de entrenamiento en ello. Así que, sin darle más vueltas al asunto, me encontraba subido a mi moto, con dirección fija a un lugar donde podría aparcar, para presentarme en su casa.
El saludo no fue nada ceremonial sino más bien informal, pero como habíamos hablado, tampoco lo alargamos mucho. Él vestía solamente unos suspensorios de cuero y me preguntaba qué tal el tráfico, mientras yo me desnudaba por completo y buscaba por su salón con mis ojos, a la protagonista de la sesión.

Una seña del Amo disipó mis dudas, cuando ya estaba completamente desnudo. Procedí a acercarme, tumbarme y meter la cabeza en el lugar adecuado, no sin antes echarle un buen vistazo desde arriba. La verdad es que para ser una creación casera, estaba muy bien finalizada. Sitúe mi cabeza justo en el centro del agujero y utilicé un especie de cojín para acomodarla, dejando mi boca muy cerca del culo de aquel hombre, que ya había aparecido por el otro lado de la silla. Tuve que ajustarme ligeramente a su altura, pero pronto, solo con sacar mi lengua, le estaba lamiendo el ojete.
Tenía un ojete bastante peludo, igual que el resto de su cuerpo, y de momento no se había quitado el suspensorio, porque veía una de las tiras desde mi posición. En el resto de la sala no se oía absolutamente nada y decidí cerrar los ojos para dedicarme, en cuerpo y alma, a lamer ese culo y dejar que mi lengua decidiera como comérselo mejor. A los pocos minutos, el dolor en mi cuello me hizo darme cuenta que había levantado aún más mi cabeza, para poder comerle el culo con toda mi boca;  mi lengua intentaba penetrarlo dejándome un sabor agrio en la boca, las pocas veces que volvía dentro de ella.
Continúe con los ojos cerrados, oyendo los jadeos del Amo, hasta que noté un cierre total de su ojete, durante el que me dediqué a pasar mi lengua por encima, muy suavemente. Sus jadeos se habían convertido en gemidos; estaba claro que se estaba corriendo. Cuando dejó de gemir, cambió de postura, subiendo sus pies descalzos a encima de mi estomago y yo me recoloqué, para acercarme de nuevo a su ojete, que ahora se estaba abriendo mucho más que antes. Al moverme, me di cuanta de la enorme erección que tenía, pero decidí no pensar en ella mucho más, y seguir comiéndome su culo, que era casi lo único que podía ver delante de mí.
Hubo un buen rato en el que el Amo puso la TV y yo oía de fondo algo, que parecía una serie de comedia antigua, por las risas enlatadas. Seguí lamiendo y comiéndole el culo, sin prestarle mucha atención, y sé que se corrió otras tres veces, por las contracciones de su ano, después de las cuales, se dilataba de nuevo mucho más que la vez anterior, dejando que mi lengua fuera cada vez más adentro. Unos minutos después de la cuarta corrida, cuando yo ya me estaba adentrando de nuevo en exceso con mi lengua dentro de su cuerpo, su culo desapareció y me él me llamó desde fuera.
Salí de mi sitio y el hombre me informó que se había terminado la sesión, mirando fijamente mi polla dura.
-          No se te ha bajado ni un momento – dijo, impresionado.
-          ¿Cuánto tiempo ha pasado? – pregunté algo mareado.
-          Casi 4 horas.





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