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jueves, 1 de enero de 2009

Nochevieja (III)


Lo siguiente fue una ronda de dos cervezas y dos copas, que serví de nuevo con la bandeja, pero Jaime se levantó, apenas darle un sorbo, cuchicheando algo con los chicos y se fue a mi dormitorio, mirando para mí. No hizo falta que hiciera ningún gesto; yo entré al dormitorio, mientras el sujetaba la puerta, para cerrarla tras de mí. Me mando que me quitara el delantal y que me pusiera de rodillas, mientras él se desabrochaba el pantalón.

Era obvio que me tocaba hacerle una buena mamada, así que no me demoré más y, comencé a comerle la polla, que ya estaba completamente dura, por encima de sus calzoncillos rojos. Pronto el se la sacó y me dejó chupársela tranquilamente, metiéndomela en la boca hasta el fondo sin ningún problema, ya que era de tamaño modesto. Jaime se quedó bastante quieto, mientras era yo el que decidía como comerme su delicioso rabo, juagando con mi lengua mientras aceleraba el ritmo de la mamada, cada vez más, sin dejar de metérmela hasta el fondo en casi todas las chupadas que le daba.

Fue él quien me la sacó de la boca, de repente, dejándome jadeante con la boca abierta y la lengua fuera, pidiéndole más.
-          No me voy a correr ahora – dijo, mientras se subía el bóxer.
-          Pero quédate aquí – añadió, mientras se abrochaba el pantalón, cuando yo ya había dejado de pedir más caña para mi boca.
Unas risotadas se oyeron detrás de la puerta cerrada, tras salir Jaime. La puerta se abría tímidamente de nuevo, 3 minutos más tarde, y la cabeza de unos de los amigos de Jaime se asomó sería por la rendija. Cuando me vio, giró la cabeza de vuelta al salón, y casi se deslizó dentro de la habitación, por una rendija de la puerta, cerrándola detrás de él.
Su polla era bastante más grande, pero igual de sabrosa. Me dejó también disfrutarla a mi ritmo, aguantando todo lo que podía, las veces que me la metía hasta el fondo, notando como me jodía en la garganta. Este chico se fue igual que Jaime, de sopetón, y sin haberse corrido, aunque pasé mucho más tiempo chupándosela a él, que a Jaime. Al salir, dejó la puerta abierta, y oí las risas fuera, mientras los dos que quedaban sorteaban quien sería el siguiente.
Finalmente y tras unas carcajadas más, los dos entraron al dormitorio. Uno se sentó en la cama frente a mí. Fue el otro el que se sacó rápidamente su polla dura, que me comí como las anteriores, ante la atenta mirada de su compañero.
Me la retiró de la boca a los pocos minutos, mientras el otro chico ya se estaba poniendo en pie desde la cama. Yo ya estaba chupando la cuarta polla, cuando la tercera salía del dormitorio cerrando la puerta tras de sí.
Decidí volver a ponerme el delantal, cuando comprobé a través de la puerta abierta, que los cuatro chicos estaban riéndose a carcajadas, sentados por el salón. Me tomé un minuto para limpiarme bien la cara, antes de salir de nuevo, y comprobé que se habían servido más bebidas ellos mismos, durante el rato que yo había estado haciendo de chupapollas. Recogí los restos y comprobé que todos tenían bebida para continuar.
-          Tomate una copa de whisky – me dijo Jaime desde su sitio.
Me la serví pero no le llegué a dar el primer trago, porque tuve que dar un par de vueltas para vaciar y limpiar los ceniceros y limpiar un vaso que se había derramado en el suelo, previa restitución de la bebida a su dueño. Les debió de gustar las posturas con el culo en pompa que tuve que poner para limpiar la bebida del suelo, porque aprovecharon el momento para tocarme todo el culo como les dio la gana, y las siguientes veces que se cayó algo al suelo, rápidamente me interceptaron en mi recorrido para limpiarla, diciendo entre carcajadas “límpiala como antes, eh!”.





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