Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

miércoles, 28 de enero de 2009

Las cosas se ponen serias


La semana se iba desarrollando como la anterior, con las mismas rutinas con el Amo Martín, sin que las cosas hubieran cambiado mucho después del desenlace del primer fin de semana juntos. Sin embargo, ese día era especial y nunca llegué a saber cuál fue el desencadenante; supongo que Martín empezó a entender que realmente estaba siendo un Amo conmigo, y yo no solo iba a cumplirle algunos caprichitos, sino que era lo que se entendía de siempre como un esclavo, como en la antigua Roma.
Ese día le recogí de la facultad, como siempre, y me preparé para servirle la cena al llegar a casa, pero él se sentó en el sofá pensativo.

domingo, 25 de enero de 2009

Pasando la Noche


-          ¿Llegarás a casa? – Me preguntó Martín, mientras miraba mi cuerpo magullado y dolorido, a la puerta del coche, ya abierta.
No sé si lo sentía con tono irónico o con verdadera preocupación, pero asentí con la cabeza y continué vistiéndome. Antes de volver a casa, paramos con el coche donde Martín indicó, para coger algo típico de la zona para la cena. Él me dijo lo que tenía que pedir y se quedó en el coche mientras yo recogía el pedido. Me decía que a la cena invitaba él, alargándome un billete desde el asiento del acompañante del viejo coche de alquiler; yo le hice caso omiso, y salí del coche, repitiendo el pedido en mi cabeza.

sábado, 24 de enero de 2009

Ejercicio al aire libre



Me senté en el asiento del conductor tras abrirle la puerta del acompañante a Martín y cerrarla después de que se sentara; noté el plug clavándose en el interior mi culo, por lo que tuve que a acomodarme de nuevo antes de colocarme el cinturón de seguridad y comenzar a conducir, hacia adelante, despacio, esperando las indicaciones del Amo.
Me fue indicando calmadamente y con mucha anticipación los giros que tenía que tomar y conseguimos llegar, tras unos 15 minutos de conducción, a lo que parecía la entrada de un parque, que abarcaba todo lo que daba la vista, donde me indicó que aparcara. Contento por bajarme del coche y dejar de sentir la presión del plug, fui calmadamente a abrirle la puerta mientras observaba las diferentes zonas del parque: con árboles, plantas, paseos y edificios antiguos. Cuando Martín se bajó y cerré el coche, comenzó a andar sin decir ni palabra y yo le seguí con calma, un par de pasos detrás de él, disfrutando del paisaje y de la liberación de no tener ninguna decisión que tomar en mi cabeza, que permanecía atenta en ese momento, a cualquier orden que pudiera llegar del Amo.

Descubriendo la calma



Martín no tenía ningún plan en especial o eso parecía. En la calle actuaba como en mi departamento, con mucha calma y caminando despacio bajo el calor del sol con una gafas de sol. Me dirigía por las calles de la ciudad, para él bien conocidas, con sencillos gestos, diciéndome cuando tenía que cruzar y decidiendo donde se paraba a mirar un escaparate o entrar en una tienda. Yo le seguía también pausadamente aunque un poco preocupado por algunas miradas de la gente con las que nos cruzábamos, que a veces se fijaban en la tira de cuero que apretaba uno de mis bíceps y otras, o al menos así me pareció a mí, en el extraño bulto que generaban las pinzas de mis pezones bajo mi camiseta.

Empezando el fin de semana con calma



Martín ya empezaba a conocerme y yo a conocerlo a él. Creo que los dos teníamos el mismo sentimiento de excitación por ver cuál sería el siguiente paso en nuestra fantástica relación e íbamos despacio, pero sin parar, ya que tenía fecha de caducidad clara: el día que yo tenía mi avión desde su ciudad hasta Buenos Aires para encontrarme con mis amigos. Yo estaba excitado por saber cuál sería el próximo fetiche al que Martín le daría salida con su voz calmada en forma de orden dubitativa y él, intuía, estaba excitado por ver si cumpliría cada una de sus órdenes, cada vez más extremas; por ver como mi cuerpo reacciona a ellas, para descubrir un paso más, basándose en mi experiencias anteriores, que él no tenía.
Llegó un poco antes de la hora de comer a mi apartamento perfectamente recogido, pese al pequeño caos de ropa sucia que iban generando mis vacaciones, con una pequeña mochila que dejó en la habitación encima de la cama. Iba a pasar más de 24 horas seguidas sirviendo a ese joven chico local que había servido los días anteriores…

viernes, 23 de enero de 2009

Conociendo a Martín


-          Me llamo Martín – me había dicho antes de irse la primera vez de mi apartamento.
No coincidía con el nombre con el que se había presentado anteriormente en nuestras conversaciones pero no le di mayor importancia. Llevaba ya 3 días pasándose por mi departamento a cenar e iba, poco a poco, aumentando su nivel de exigencias, con lo que yo continuaba el ritual todos los días, esperando con ansia el siguiente paso que Martín daría.
Martín daba las órdenes de manera tranquila y con voz suave y lenta, que se volvía firme cuando ya me las había dado anteriormente y, por tanto, ya había comprobado que yo las cumplía. Sin embargo, en las nuevas órdenes que daba percibía una ligera duda en su tono de voz, más que por su necesidad de verla cumplida, por si yo me atrevería a hacerla; o al menos, esa era mi intuición. Martín parecía encantado una vez yo cumplía la nueva orden y a partir de ese momento entraba a formar parte de las órdenes que ya daría sin titubear en cualquier otra ocasión.

miércoles, 21 de enero de 2009

Sirviendo de Vacaciones


Después de la anterior experiencia, no tan buena como me esperaba, estuve un par de días haciendo vida tranquila de vacaciones y buscando un gym cerca de mi apartamento de alquiler. Seguía utilizando la misma aplicación pero ahora dejaba claro que era esclavo y que lo único que buscaba era Amo, nada de solo activos o solo Dominantes. La verdad, no estaba encontrando a nadie con experiencia, ni dispuesto a algo así.
Hasta que apareció el chico perfecto, de tan solo 19 años. Por supuesto sin nada de experiencia, pero loco por tenerla y, aunque demasiado dulce, dispuesto a tener a alguien servicial a sus pies. Decidí darle una oportunidad ya que también estaba muy interesado en algo a largo plazo, al menos las 3 semanas que me quedaban allí.

sábado, 17 de enero de 2009

¿Va a ser todo el viaje así?


Llegué agotado por el viaje y el piso que había alquilado estaba bastante sucio. Decidí dejar para el día siguiente las labores de limpieza y acomodé solamente el dormitorio principal para echarme a dormir cuanto antes. Sin embargo no dejé para el día siguiente el encender la app de búsqueda y subir unas cuantas fotos, enseñando carne, con un nick sugerente indicando claramente que soy esclavo.
Cuando me desperté descubrí que la mayoría de la gente ni se había leído mi nombre, mucho menos el perfil, y me había escrito mensajes simplemente viendo mi foto de cara. Descarté la mayoría de los mensajes pero comencé a hablar con un par de chicos jóvenes a los que les expliqué lo que buscada y dónde se paró la conversación.

jueves, 15 de enero de 2009

Balance antes de viajar


-          ¡Joder, ya llevo 2 años aquí! – pensaba en voz alta en suspensorios delante de las puertas abiertas de mi armario con una enorme maleta abierta de par en par encima de la cama.
Me senté unos segundos a pensar en esos dos años. Realmente estaba siendo feliz y llevaba una vida de esclavo muy buena. Ahora mismo no tenía Amo fijo pero tampoco me faltaban dominantes a los que complacer. Y mi familia… aún no habían preguntado si ya volvía… quizás es el momento de definir mi estancia en Madrid como… ¿¡indefinida!?

Me levanté de un salto y continué haciendo mi maleta decidiendo delicadamente que ropa iba metiendo en la maleta.
-          Allí es verano – pensé.

jueves, 1 de enero de 2009

Nochevieja (V)


Aunque Jaime había sido el primero en reconocerlo, parece que la borrachera era generalizada entre sus amigos. Se pasaron un buen rato riéndose por nada, cosa que a mí también me hacía gracia, quizás porque el poco alcohol que había bebido, a mí también me había emborrachado, debido a mi falta de práctica con las bebidas alcohólicas. Intenté ir limpiando el desastre que se estaba formando en el suelo, vaciar los ceniceros y colocar más, pero era ya misión imposible, porque la ceniza caía por todas partes con los chicos deambulando por el salón, con los cigarrillos y las cervezas en las manos, hablando de cualquier tontería, o de lo buena que era la canción que el último de ellos había puesto en la cadena.
-          ¡Todavía llevas el plug! – dijo de repente Jaime, mientras yo pasaba para recoger algo por el salón.

Nochevieja (IV)


La fiesta continuó con los chicos subiendo la música, aunque en ningún momento se plantearon bailar a su ritmo. De igual forma, su tono de conversación subió por encima del de la música, empezando a hacer un estruendo, que me resultaba un poco molesto. En un momento decidieron jugar a las cartas y yo se las traje velozmente, sin saber todavía que Jaime había decidido que yo juagara con ellos, mientras me tomaba el whisky que me había asignado. Me correspondió sentarme en el suelo, de frente a los chicos del sofá, con Jaime a mi izquierda sentado en la silla de mi despacho, teniendo yo que levantar bastante la cabeza para mirarle a la cara, aunque me senté con la espalda completamente erguida.

Nochevieja (III)


Lo siguiente fue una ronda de dos cervezas y dos copas, que serví de nuevo con la bandeja, pero Jaime se levantó, apenas darle un sorbo, cuchicheando algo con los chicos y se fue a mi dormitorio, mirando para mí. No hizo falta que hiciera ningún gesto; yo entré al dormitorio, mientras el sujetaba la puerta, para cerrarla tras de mí. Me mando que me quitara el delantal y que me pusiera de rodillas, mientras él se desabrochaba el pantalón.

Nochevieja (II)


Jaime llegó el primero, como había anunciado, y tras hacerme dar una vuelta, para ver mi look, me dio dos besos y con una palmada en el culo, me dijo “¡Qué bien me lo voy a pasar hoy!”. Después se paseo por el salón impaciente, preguntando un montón de cosas sobre lo que había ido pidiendo durante los días anteriores. Yo le contesté con todo lujo de detalles y eso pareció gustarle mucho. Llevaba un traje negro, muy juvenil y una corbata roja enorme. Se sentó en el sofá y estiró las piernas en tono relajado, mientras sacaba su móvil de uno de los bolsillos de la americana. Yo le informé sobre los retrasos de sus amigos y él se quitó la americana y me la dio con un solo dedo, para volver a sentarse en la misma postura, esta vez enlazando las manos tras la nuca, y mirando el salón con cara de satisfacción. Esperó a que llegaran sus amigos para pedir la primera copa.
Cuando estuvieron todos sentados en el sofá y la silla del despacho que había sacado al salón, me fui a la cocina a preparar la primera ronda de bebidas, de las que cada uno ya me había informado. Las saqué al salón todas a la vez, usando una bandeja que había conseguido a última hora ese mismo día en un chino. Los chicos las tomaron delicadamente de la bandeja, sin quitar ojo de los equilibrios que yo iba haciendo, para que no se me cayese. Ya con ella vacía no dudaron en decir “A ver, a ver…” para que yo me diera la vuelta y verme bien el culo, que también me tocaron sin ningún reparo, sobando sus manos frías contras mis nalgas. La noche empezaba calentita y no habían ni probado la primera copa.
-          Tú tómate una cerveza – me dijo Jaime, mirándome fijamente.

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