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sábado, 24 de enero de 2009

Ejercicio al aire libre



Me senté en el asiento del conductor tras abrirle la puerta del acompañante a Martín y cerrarla después de que se sentara; noté el plug clavándose en el interior mi culo, por lo que tuve que a acomodarme de nuevo antes de colocarme el cinturón de seguridad y comenzar a conducir, hacia adelante, despacio, esperando las indicaciones del Amo.
Me fue indicando calmadamente y con mucha anticipación los giros que tenía que tomar y conseguimos llegar, tras unos 15 minutos de conducción, a lo que parecía la entrada de un parque, que abarcaba todo lo que daba la vista, donde me indicó que aparcara. Contento por bajarme del coche y dejar de sentir la presión del plug, fui calmadamente a abrirle la puerta mientras observaba las diferentes zonas del parque: con árboles, plantas, paseos y edificios antiguos. Cuando Martín se bajó y cerré el coche, comenzó a andar sin decir ni palabra y yo le seguí con calma, un par de pasos detrás de él, disfrutando del paisaje y de la liberación de no tener ninguna decisión que tomar en mi cabeza, que permanecía atenta en ese momento, a cualquier orden que pudiera llegar del Amo.

Llegamos a una zona en la que había una especie de campo de juego con unas pequeñas gradas en la que jugaban un grupo de chicos de unos veintipocos años de edad, algunos de ellos sin camiseta, a un juego que no pude determinar, aunque tenía algún parecido con el rugby y tenían una serie de bates de baseball  tirados en un lateral del campo, que no parecían estar usando. Martín tomó asiento en  la parte de arriba de la pequeña grada y me dijo que me sentara. Yo obedecí, aunque “sentado”, no era mi posición favorita con el plug instalado en mi culo. Estuvimos mirando como los chicos jugaban a ese juego sin mucha suerte por mi parte en cuanto a entender en qué consistía, salvo por el descubrimiento de que los chicos que llevaban camiseta formaban un equipo, que se enfrentaba al equipo de los chicos que no la llevaban.
-          Allí detrás hay una ruta de ejercicios – dijo Martín perdiendo su interés por el partido que ofrecían los chicos, cada vez más animados.
Se levantó y comenzó a bordear el campo para dirigirse a la zona que había señalado. Yo iba de nuevo detrás de él, intentando cuidadosamente dar exactamente los mismos pasos que Martín, sin dejar de pensar en qué podría consistir una “ruta de ejercicios” en ese envejecido parque, en el que no me podía dejar de sentirme en una escena bucólica de una vieja obra de teatro. Cuando llegamos al lugar, no se trataba más que de una serie de instalaciones sujetadas por travesaños de madera sucia con unos carteles de plástico, en su mayoría rotos, que pretendían explicar el ejercicio a hacer en cada artefacto.
-          Aquí se hacen dominadas – Me dijo Martín y se quedó mirándome fijamente, mientras señalaba ligeramente una barra de hierro entre dos postes de madera, que se presentaba unos 20 centímetros por encima de mi cabeza.
-          10 – Dijo calmadamente, cuando yo comencé a acercarme a la instalación.
Entendí perfectamente lo que el Amo pretendía y me coloqué debajo de la barra para tomarla con mis manos y empezar a hacer las dominadas contando cuando volvía a descansar, con mi cabeza por debajo de la barra.
-          1, Señor – dije seriamente pese a que mis pezones habían protestado por las pinzas ante el esfuerzo de mis brazos al hacer ese ejercicio.
Cuando terminé de pronunciar “10, Señor”, me dejé caer de la barra y tome aire, ya desde el suelo, mientras vi que Martín ya estaba andando hacia el siguiente aparato, que se encontraba a poca distancia.
-          Con esas anillas, planchas. 10 – dijo mientras yo llegaba tras él a una especie de semiesfera instalada en el suelo de la que salía dos anillas de plástico blanco y sucio.
No tardé en colocarme en la postura necesaria estirando mi cuerpo paralelo al suelo, apoyado sobre las puntas de mis pies y agarrando cada una de las anillas en mis manos. Esta vez baje haciendo la plancha y volví a subir, contando el ejercicio en voz alta desde la parte de arriba. Mis pezones me dieron un descanso en este ejercicio pues la camiseta no me rozaba las pinzas para provocarme más dolor.
Cuando me incorporé seguí andando detrás de Martín que se dirigía, cruzando esa pequeña zona, hacia unos neumáticos tirados en el suelo y llenos de arena por encima, algunos de ellos, hasta con hierbajos creciendo en alguno de sus bordes.
-          Primero se pasa metiendo los pies en los neumáticos – dijo con voz divertida.
-          Después se pasa por dentro de ese tubo – señalo un tubo de plástico de colores a unos 3 metros enfrente de nosotros, pasando los neumáticos.
-          Y se vuelve saltando por encima de ese potro – señaló un bloque de madera ancho sujeto por cuatro patas, que no parecían muy estables.
Viendo que había acabado la explicación me lancé a hacer el circuito. No me costó nada levantar mis pies para hacerlos coincidir con los agujeros de los neumáticos, aunque tuve que apretar mi culo para asegurarme que los movimiento del plug dentro de él no significaran que se me escapara del ano. Pasar por el tubo fue un poco más difícil pues note mis pezones doloridos al estirar mis brazos dentro del mismo, que parecía más hecho para niños por su escaso diámetro, y también el ardor de mis pelotas al frotarse con mis piernas mientras me arrastraba a su través. Mi polla empezó a reaccionar a esos estímulos y se empezó a despertar, notando de nuevo la presión del cockring. Corrí desde la salida del tubo hacía mi Amo encontrándome en el medio con el improvisado potro, en el que apoye las manos a la carrera con el siguiente tirón de las pinzas en mis pezones, e impulsándome hacia arriba abrí las piernas para saltarlo por encima. Me acordé de apretar bien el culo en este último gesto para evitar la salida del plug de mi culo y llegué, no con muy buena cara y algo fatigado, al frente de Martín.
-          Para terminar se da una vuelta corriendo a todo el recinto. - dijo quedándose inmóvil.
Decidí no intentar recuperar el aliento y tomarme esto como un entrenamiento, echando a correr desde el centro, en el que se encontraba Martín, hacía uno de los extremos del pequeño recinto, que estaba bordeado por unos travesaños de madera. Salté uno de ellos para empezar a correr por fuera y cuando di la vuelta completa, volví a saltarlo sin dejar de correr, para llegar de nuevo a la posición desde la que Martín me había observado, girando su cuerpo para seguir mi carrera.
Me miró con una sonrisa comprobando que el sudor empezaba a marcar las axilas de mi holgada camiseta y me indicó un pequeño asiento de madera en el borde del recinto de ejercicio.
-          Hazlo todo seguido – dijo, mientras se encaminaba al indicado asiento.
Cuando llegué al comienzo del circuito miré a Martín, que ya estaba sentado, y esperé a que él asintiera para comenzar el circuito. Hice las 10 dominadas y a continuación las 10 planchas, contando en cada una de ellas como la vez anterior; me dirigí hacia los neumáticos, pasé por el tubo tras saltarlos introduciendo uno de mis pies alternativamente en cada uno de ellos. Corrí hacia el potro desde la salida del tubo para saltar por encima, y sin dejar de correr salí del recinto en dirección a Martín. A su lado comencé la vuelta corriendo, a buena velocidad, hasta volver de nuevo delante de él, donde me incliné apoyando mis manos sobre las rodillas para dejar el sudor de mi cabeza arroyar por mis sienes y recuperar ligeramente el aliento.
-          Ahora sin camiseta – dijo Martín calmadamente.
Le miré durante un segundo, aún jadeante, antes de quitarme despacio la camiseta frente a él, aprovechando para recuperar un poco más de aliento. Tiré la camiseta al lado del asiento en el que descansaba el Amo y bajé mi mirada hacia mis pezones, apretados por las pinzas descaradamente, mientras iba andando hacia el comienzo del circuito. Levanté mi cabeza para mirar alrededor y comprobar que no había nadie más allí salvo los chicos que en el campo cercano seguían jugando al deporte incomprensible.
Tome aire antes de mirar a Martín que asintió rápidamente para que empezara y me subí a la barra de un salto de nuevo contando las 10 dominadas una a una hasta llegar a “10, Señor”, que en ese momento gritaba por la tensión y el deseo de que Martín lo oyera claramente desde su posición. Después fui hacía las anillas para hacer las 10 planchas, contando de la misma forma, y corrí hacia los neumáticos para atravesarlos mientras la cadena que unía las pinzas de pinzas de mis pezones saltaba a la vez que yo, golpeando suavemente con tacto metálico mi pecho. Me arrastré a través del tubo sintiendo esa misma cadena rozar con el fondo, y rezando para que no se enganchase en las tocas uniones de los diferentes módulos del mismo;  corrí hacia el potro pensando en apretar mi culo por el plug cuando me di cuenta de que llevaba haciendo todo el circuito con los músculos del ano bien apretados de forma inconsciente. Tras el salto hice la carrera alrededor del recito bastante rápido, con ganas de acabar, sin dejar de apretar mi culo.
-          4 minutos 20 segundos – dijo Martín mirándome fijamente a los ojos.
-          Lo quiero en 3 minutos – completó con una sonrisa mientras yo mantenía mi postura de recuperación.
Medio me fui corriendo al comienzo del circuito pensando en si podría rebajar el tiempo en más de un minuto. Cuando Martín asintió comencé a correr y esta vez no me paré a contar las dominadas ni las planchas que hacía, acelerando el intervalo entre las mismas todo lo que pude. Me fui corriendo también hacia los neumáticos y apreté el paso, aun a riesgo de caerme al meter los pies entre ellos, casi lanzándome a la entrada del túnel desde el último neumático por el que me arrastre literalmente sin cuidado, rascándome la espalda con su parte superior al levantarme demasiado rápido para correr a saltar el potro y empezar a dar la vuelta a una velocidad elevada, que me hizo llegar a la altura de Martín realmente fatigado y sudando, con un buen dolor en mis pelotas, mi polla dura marcada en el pantalón corto, los pezones realmente irritados y mi culo aun apretado, para mantener el plug dentro de mí.
-          ¿Y eso? – preguntó Martín retóricamente, primero señalando la silueta de mi polla en mis pantalones, y después sobándola sin pudor por encima de la fina tela del mismo.
-          Quítate los pantalones -continuó.
Dude unos segundos mientras miraba alrededor, pero la única presencia eran los chicos del campo, que nos ignoraban completamente. Me bajé los pantalones y los dejé encima de mi camiseta. Mi polla se marcaba dura dentro de la tela de mis suspensorios y una mancha de leche se unía al sudor que llegaba desde mis ingles.
-          3 minutos 8 segundos – dijo Martín, sin dejar de mirarme el cuerpo
-          Lo puedes mejorar aún – completó.
Fui respirando despacio hacia el comienzo del circuito mirando al suelo, concentrado en mejorar mi tiempo, y tras respirar profundamente miré a Martín para que me diera la señal de comienzo tras la que salí disparado a asir la barra para las 10 dominadas. Las 10 planchas no me dieron problema y salí corriendo hacia los neumáticos, en los que esta vez solo metí las puntas de los pies acelerando el proceso lo más posible. Las prisas me hicieron tropezar en uno de ellos haciéndome caer de bruces, parado solo por mis rápidas manos que impidieron que me golpeara la cara, pero no que entrara arena en la boca.
Me levanté con cara de desesperación, escupiendo, y sacudí mi cabeza antes de volver a empezar a correr hacia el comienzo de los neumáticos, haciéndolos de nuevo de la mismas forma,  esta vez de manera satisfactoria, para poder saltar a la boca del tubo donde se me enganchó la cadena que unía las pinzas de mis pezones haciendo que una de ellas se soltara. Grité dentro del tubo con el consiguiente eco que oí volver, ya con mi cabeza fuera de él, rasgándome de nuevo la espalda al salir, antes de correr a saltar el potro. Cuando acabé la vuelta, con la espalda ya bien rasgada, el suspensorio completamente húmedo, mis glúteos al aire bien apretados, una sola pinza en uno de mis pezones de la que colgaba la cadena con la pinza que había dejado mi otro pezón dolorido, haciéndome olvidar la presión de mis pelotas y la cara llena de arena, el Amo Martín casi me miró con pena. Se levantó para colocarme de nuevo la pinza liberada en mi pezón y con una palmada en la espalda me dijo:
-          Esta vez lo harás mejor.
Me dirigí, furioso por mi fallo, al comienzo del circuito y tras la señal del Amo comencé a toda velocidad teniendo en mente mis anteriores fallos. Terminé el circuito sin incidentes y llegué al lado de Martín sin aliento esperando a que me cantara el tiempo.
-          3 minutos… - me miró mi cara de desesperación.
-          menos 3 segundos – terminó con tono jocoso.
Creo que salté de alegría al entender que había mejorado el tiempo estipulado, olvidando mi semi-desnudez, y me dejé recuperar el aliento descansando mi torso sobre el asiento ocupado por mi ropa, poniéndome en cuclillas.
-          ¡Bien hecho, esclavo! – se rio Martín
Cuando ya casi estaba recuperado tomó mi ropa de debajo de mi cabeza y comenzó a andar. Le seguí orgulloso, aunque sentí algunas miradas de los chicos del campo hacia mi vestimenta, o más bien a la falta de ella, y tuve que bajar la cabeza un par de veces cuando nos cruzamos con un par de parejas que paseaban, apuradas al cruzarse con nosotros, de camino de vuelta al coche. Martín hasta les dio las buenas tardes, verdaderamente orgulloso de tenerme siguiéndole los pasos.

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