Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

jueves, 1 de enero de 2009

Nochevieja (II)


Jaime llegó el primero, como había anunciado, y tras hacerme dar una vuelta, para ver mi look, me dio dos besos y con una palmada en el culo, me dijo “¡Qué bien me lo voy a pasar hoy!”. Después se paseo por el salón impaciente, preguntando un montón de cosas sobre lo que había ido pidiendo durante los días anteriores. Yo le contesté con todo lujo de detalles y eso pareció gustarle mucho. Llevaba un traje negro, muy juvenil y una corbata roja enorme. Se sentó en el sofá y estiró las piernas en tono relajado, mientras sacaba su móvil de uno de los bolsillos de la americana. Yo le informé sobre los retrasos de sus amigos y él se quitó la americana y me la dio con un solo dedo, para volver a sentarse en la misma postura, esta vez enlazando las manos tras la nuca, y mirando el salón con cara de satisfacción. Esperó a que llegaran sus amigos para pedir la primera copa.
Cuando estuvieron todos sentados en el sofá y la silla del despacho que había sacado al salón, me fui a la cocina a preparar la primera ronda de bebidas, de las que cada uno ya me había informado. Las saqué al salón todas a la vez, usando una bandeja que había conseguido a última hora ese mismo día en un chino. Los chicos las tomaron delicadamente de la bandeja, sin quitar ojo de los equilibrios que yo iba haciendo, para que no se me cayese. Ya con ella vacía no dudaron en decir “A ver, a ver…” para que yo me diera la vuelta y verme bien el culo, que también me tocaron sin ningún reparo, sobando sus manos frías contras mis nalgas. La noche empezaba calentita y no habían ni probado la primera copa.
-          Tú tómate una cerveza – me dijo Jaime, mirándome fijamente.

Cuando volví de la cocina con la cerveza en la mano, los chicos hablaban acaloradamente dos a dos, en paralelo, ya empezando a subir su tono de voz. Observé la escena apoyado en el quicio de la puerta de la cocina.
Se fueron cambiando de sitio, levantándose al baño, cruzando conversaciones a 3 mientras otro escribía en el móvil, conversaciones dos a dos... mientras yo, desde el quicio de la puerta de la cocina, estaba atento al momento en el que ellos posaban el vaso de tubo en la mesa, para correr a buscarlo y llevármelo a la cocina, volviendo en menos de un minuto con él relleno de la bebida adecuada. Cuando tenía que sacar más de un vaso, lo hacía con la bandeja, cosa que les gustaba mucho, y siempre recibía algún sobeteo en mis nalgas cuando la llevaba o traía vacía. Uno de los amigos me dijo después de la tercera copa, mientras posaba su mano en mi culo.
-          A partir de ahora yo cervezas
-          Yo también – añadió Jaime
Después de eso, Jaime empezó a hablar uno a uno con ellos, al oído con una sonrisa picarona, mientras él ponía cara de incredulidad, mirándome de reojo. Yo los observaba desde la puerta, tomándome la segunda y última cerveza de la noche, siguiendo las instrucciones de Jaime. Me imaginaba cual de los requerimientos de Jaime me iba a tocar a continuación. Cuando él se levanto a decírmelo de cerca, yo ya casi iba de camino a mi dormitorio.
Tardé menos de dos minutos en estar listo, ya que lo tenía preparado tal y cómo le había explicado a Jaime al llegar. Salí de mi dormitorio vestido con pantalones negros, camisa blanca, fajín, pajarita y chaqueta negra y me fui directo al equipo de música, que ellos ya habían apagado. Busqué la pista  y presioné play en menos de 10 segundos, para ir tranquilamente al centro del salón.
La canción elegida era un clásico para estas cosas. Me fui quitando poco a poco la chaqueta, mientras bailaba lentamente, moviendo sobretodo mis caderas y mis hombros, y la lancé hacia los amigos de Jaime, que estaban los 3 sentados en el sofá. De un golpe de dedos, desenganché la pajarita en mi nuca y mordí un extremo, mirando fijamente a Jaime. Hice el amago de tirársela, pero la deje caer al suelo, dejando de bailar durante un par de segundos. Continúe moviéndome lo más sensualmente que pude, mientras desabrochaba los botones de mi camisa de arriba abajo. Me sitúe de espaldas a los chicos y me acerqué mucho a ellos, hasta que uno entendió que tenía que soltar el fajín en mi espalda. Lo sujeté con una mano, mientras bailando, dando vueltas, lo desenrosqué de mi cintura y lo lancé hacía atrás, con fuerza. Me di la vuelta, de espaldas a ellos, para desabrochar el resto de los botones de mi camisa  y la bajé hacia atrás, mostrando mis hombros, antes de ponerme de nuevo de frente a mi público. En este  momento, lo que hasta ahora eran risitas amortiguadas entre los chicos, se convirtieron más bien en bufidos de excitación.
Me acerqué al sofá, por el lado de la silla de Jaime, y bailando, me lancé de rodillas hacia ellos, con mi cara a la altura de las rodillas del chico sentado en el sofá. Fue él quien estiró bien el brazo, para pasear solamente un dedo por mis pectorales y mi abdomen, pero yo me levanté rápido, pues la canción estaba a punto de terminar. Me puse de nuevo de espaldas a ellos, con las piernas abiertas, y bajé mis manos hacia mis tobillos, haciendo unos rápidos movimientos con mis dedos allí. Levanté mi espalda recta y sujeté mi pantalón por la cinturilla con ambas manos. De un solo tirón conseguí quitarme todo el pantalón, bajando de nuevo mi torso hacia el suelo, y alargando mis manos hacia la pared, donde deje caer el pantalón de stripper. En ese momento se acaba la canción y los chicos jaleaban, con sus caras levantadas hacia mi culo desnudo, que asomaba a piernas abiertas, entre las cintas de mi suspensorio rojo.
Me quedé quieto en esa posición hasta que empezó la siguiente canción, mucho más actual, y también movidita. Me incorporé despacio y me di la vuelta, para empezar a mover mi cuerpo como un loco intentando, seguir el ritmo de la canción, haciendo que mi paquete se meneará fuertemente dentro de la delgada tela que lo cubría; me fui acercando a los chicos. Me paré delante de cada uno de ellos, bailando con mi paquete muy cerca de ellos, para luego darme la vuelta, y menear mi culo prácticamente delante de su cara. Empecé por la esquina más cercana a la puerta, para acabar haciéndoles eso mismo a Jaime, con la excepción de que, me senté delicadamente encima de él, mientras me abrazaba, paseando sus manos abiertas sobre mis abdominales, hasta que acabó agarrándome el paquete, consiguiendo que mi polla pasara de su estado de media asta, hasta el de la completa erección.
Me levanté de encima de Jaime, ya sin bailar, para ir despacio, casi de puntillas, hasta el centro del salón. De espaldas a ellos, tomé las cintas de mi suspensorio y me lo bajé hasta los tobillos, con las piernas muy juntas. Lo deslicé por debajo de mis pies para tomarlo en la mano y taparme el paquete con él, empujando mi erección hacia abajo, y dándome la vuelta de cara a los chicos, que entre el calor, las bebidas y el baile, tenían ya la cara bastante roja.
Levanté mis manos para entrelazarlas detrás de mi cintura dejando mi suspensorio enganchado, por una de las cintas traseras, a mi miembro duro. Comencé a bailar, sin mover mis pies, moviendo mis caderas y mis hombros, hasta que conseguí que el suspensorio se cayera, justo en el momento en el que terminaba la segunda canción.
Los chicos se pusieron en pie para aplaudir, liderados por Jaime, y yo saludé inclinando mi cuerpo, como los artistas de teatro, llevando mis manos a la espalda. Me acerqué a ellos para darle dos besos a cada uno, mientras sus manos aprovechaban cualquier momento para tocarme el culo, el torso, las pelotas y hasta alguno, le dio un par de meneos a mi polla, agarrándola firmemente con toda la mano. Volví a saludar en el medio del salón, recogí la ropa y me volví al dormitorio, saliendo de allí 2 minutos después, todavía acalorado, con rubor en mis mejillas, esta vez vestido con el suspensorio rojo con el que acababa de bailar y el delantal negro, ya sin la pajarita.



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