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jueves, 1 de enero de 2009

Nochevieja (IV)


La fiesta continuó con los chicos subiendo la música, aunque en ningún momento se plantearon bailar a su ritmo. De igual forma, su tono de conversación subió por encima del de la música, empezando a hacer un estruendo, que me resultaba un poco molesto. En un momento decidieron jugar a las cartas y yo se las traje velozmente, sin saber todavía que Jaime había decidido que yo juagara con ellos, mientras me tomaba el whisky que me había asignado. Me correspondió sentarme en el suelo, de frente a los chicos del sofá, con Jaime a mi izquierda sentado en la silla de mi despacho, teniendo yo que levantar bastante la cabeza para mirarle a la cara, aunque me senté con la espalda completamente erguida.

No soy jugador habitual de muchos juegos de cartas, pero explicaron las reglas escuetamente y no parecían complicadas, más por refrescárselas entre ellos, que por explicármelas a mí. Se jugaban cinco rondas seguidas, después de las que, se asignaban unos puntos de una forma que no llegué a tener clara en toda la noche. La primera partida, obviamente la perdí, con un número ridículo de puntos, y todos se chocaron las manos para celebrarlo. Jaime se puso de pie, muy serio pidiendo silencio, y anunció.
-          Y este es el castigo por ser el perdedor…. – hizo una pausa dramática.
-          Que uses un dildo durante el resto del juego - completó
Por suerte se refería a un plug. Me dirigí hacía mi dormitorio a buscar un plug, y él fue detrás de mí, apareciendo sobre mi hombro derecho, asomando su cabeza, mientras yo revolvía el cajón de la mesita de noche.
-          ¡Éste, éste! – dijo señalando uno de los plugs.
Casualmente era el más grande. No hice ni el amago de empezar a metérmelo, cuando Jaime me hizo una señal para que le siguiera fuera.
-          Ponte ahí a 4 patas – dijo, quitándome el plug de la mano.
Me coloqué en paralelo al sofá y el apareció por detrás de mí, de frente al resto de los chicos, a la altura de mi culo. Se tomó su tiempo jugando con la punta del plug en mi ojete, y tuvo que escupir varias veces, hasta que me estaba metiendo y sacando rápidamente el plug hasta la mitad, haciéndome gemir con ello. En un instante paró con medio plug metido dentro de mi culo, pero sin hacer más presión.
-          ¿Preparados? -dijo con tono de presentador de un show en Las Vegas.
-          ¿Listos? – corearon sus amigos
-          ¡Ya! – gritó Jaime
Pero su voz se ocultó con mi grito. Se había puesto detrás de mí, y con la base de la palma de su mano, empujó fuertemente el plug dentro de mi culo, hasta el fondo. Recuperé el aliento cuando mi ojete se cerró completamente sobre la base del plug y me volví a sentar. La primera ronda de la segunda partida iba a empezar ya.
Esta vez, por azar del destino, el perdedor, tras el incomprensible recuento de puntos, fue uno de los amigos de Jaime y la historia se repitió, esta vez con una sonrisa muy abierta de Jaime.
-          Y el castigo por ser el perdedor es… - de nuevo su famosa pausa dramática
-          Un chupito de whisky que tienes que beber
Y mientras yo ya estaba trayendo el chupito cargado de la cocina, llegó la sorpresa.
-          Y a ti te castigaremos como a bolsa de boxeo - completó Jaime.
Mi cara de estupefacción debió de ser un poema, porque todos se rieron abiertamente, y Jaime se lanzó a explicarme que debía ponerme de pie, y aguantar con las manos entrelazadas detrás de mi nuca. Así lo hice y fue Jaime el primero en soltarme un derechazo directo a los abdominales, con todas sus fuerzas. Le gustó que yo no moviera mis manos, aunque tuve que doblar levemente mi estomago. Detrás de él fueron el resto de los amigos, entre risas, como si estuvieran delante de una bola roja de feria compitiendo entre ellos quien conseguía mayor puntuación en el marcador, repitiendo varias veces su golpe, si a Jaime no le gustaba como lo habían hecho.
-          Eso es una mariconada de puñetazo – les decía, mientras me soltaba otro de sus derechazos.
Y le pedía que lo volvieran a intentar.
Cuando me dejaron sentarme, fue para comenzar la tercera partida de cartas, no sin antes servir una nueva ronda de bebidas para todos, incluido yo, que debía beber whisky solo, según Jaime. Esta vez no me acompañó la suerte, ni falta que hacía, porque estaba seguro que me caería un castigo de todas formas. Jaime repitió su famosa pausa dramática de pie ante todos.
-          Y el castigo para el perdedor es…
Pero parecía que no se le ocurría nada en ese momento, porque se volvió a sentar descojonándose de risa. En menos de un minuto, se dejó de reír y se levantó de un salto corriendo hacia mi habitación. Lo que sacó en sus manos, estaba puesto, hasta ahora solamente de decoración, porque tenía otros más manejables, y más útiles para ello. Se trataba de la pala de spank, de madera maciza, con las siglas de mi fraternity grabadas, que yo había comprado porque me hacía gracia. Entró en el salón, levantándola en alto como si fuese la copa del mundial de futbol y sus amigos le ovacionaron como si fueran los hinchas.
Esta vez me colocaron a 4 patas, con el culo hacia ellos, todavía con el plug bien encajado. Jaime tuvo que coger la pala con las dos manos debido a su peso, y cuando yo ya estaba esperando el azote, sus amigos empezaron a imitar con la boca un redoble de tambor.
El azote fue épico, Descargó la enorme pala de madera maciza, con mucha fuerza, sobre el centro de mi culo, marcándome las dos nalgas. Mi quejido también fue épico. Los chicos emitieron unas risotadas de asombro cuando la pala se separó de mi culo y Jaime me frotó las nalgas suavemente. Al día siguiente comprobaría los moratones que me había dejado.
El resto de los chicos dijeron que como castigo de esta ronda ya estaba bien y Jaime se llevó la pala de nuevo a la habitación, a regañadientes, pues quería que sus amigos también la probaran en mi culo. Salió de la habitación ya tambaleándose ligeramente.
-          Yo ya empiezo a estar muy borracho, ¡eh! – dijo mientras, se sentaba en el suelo a carcajada limpia.



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