Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

jueves, 1 de enero de 2009

Nochevieja (V)


Aunque Jaime había sido el primero en reconocerlo, parece que la borrachera era generalizada entre sus amigos. Se pasaron un buen rato riéndose por nada, cosa que a mí también me hacía gracia, quizás porque el poco alcohol que había bebido, a mí también me había emborrachado, debido a mi falta de práctica con las bebidas alcohólicas. Intenté ir limpiando el desastre que se estaba formando en el suelo, vaciar los ceniceros y colocar más, pero era ya misión imposible, porque la ceniza caía por todas partes con los chicos deambulando por el salón, con los cigarrillos y las cervezas en las manos, hablando de cualquier tontería, o de lo buena que era la canción que el último de ellos había puesto en la cadena.
-          ¡Todavía llevas el plug! – dijo de repente Jaime, mientras yo pasaba para recoger algo por el salón.

Paré en seco y me di la vuelta para decirle que sí y me lo encontré mirándome con una enorme sonrisa. Me hizo señas para que me fuera al dormitorio y entró detrás de mí, con ciertos problemas para cerrar la puerta, debido a su dudoso equilibrio.
Farfulló algo para que me pusiera a cuatro patas en la cama y me sacó torpe y bruscamente el plug del culo. Yo no me moví de mi postura. Unos traspiés de Jaime después, ya estaba notando algo de nuevo en la entrada de mi culo. Me iba a follar.
Fue otra vez torpe, a la vez que brusco, probablemente debido al alcohol. Me la metió de un tirón hasta el fondo, en cuanto tomó la postura correcta, con la ayuda de la dilatación que me había provocado el tiempo con el plug metido. Me dio sólo 3 o 4 embestidas, sacando completamente su polla de mí cada vez que lo hacía y se tumbó en la cama.
-          Mejor ponte tú arriba – dijo, mientras reposaba sus manos en la almohada a ambos lados de su cabeza.
No dudé en empezar a hacerlo, y a mí no me falló el equilibrio para ponerme a horcajadas encima de sus caderas, apoyando mis rodillas a los lados. Con una mano hacía atrás, localicé su polla y la dirigí de nuevo hasta mi ojete, apretando mi culo hacia atrás para que entrara. Hice dos o tres movimientos de cadera para asegurarme que estaba entrando  y saliendo bien, y con ella metida hasta el fondo, levante mis rodillas para apoyar las plantas de los pies sobre la cama. Con esta nueva postura, pude hacer unas simples sentadillas para que su polla me follara hasta el fondo, y comencé a gemir por el placer de notarla bien dentro de mí. Cuando ya estaba casi levantando las manos, masajeando mi propio abdomen, dejándome llevar por la pasión del momento, noté que su polla había perdido dureza, y casi se salía de mi culo. Casi al mismo tiempo, Jaime empezó a emitir unos leves ronquidos. Me saqué su polla y lo tape con una manta. Salí al salón haciendo un gesto de silencio, con un dedo sobre mis labios, cerrando la puerta tras de mi;  los chicos, que seguían discutiendo de cualquier cosa, no pudieron parar de reírse durante un buen rato, hasta que uno de ellos, el que yo había identificado como el que tenía la polla más grande, mando silencio para decir entre carcajadas:
-          ¡Ahora nos podemos follar a éste! - anunció.
Mientras el nuevo líder de la manada, tras el KO técnico de Jaime, me mandaba quitarme el delantal y ponerme a 4 patas, el chico que había mirado durante la mamada de su compañero, se sentó tranquilamente en el sofá con cara de disfrutar. Parece que a él, lo que más le gustaba era mirar.
La polla más grande no tardó en estar al descubierto y lista para follarme, con la misma torpeza que la de Jaime lo hacía unos minutos antes, aunque fue un poco más delicado. Empezó a follarme, como a un amante, mientras yo veía unos pantalones de traje caerse delante de mí, a los que siguió el bóxer, también rojo, de otro de los chicos, a la altura de mi cara.
Me dediqué a recibir bien las embestidas del enorme pollón que me estaba follando, mientras el otro chico marcaba el mismo el ritmo al que yo se la chupaba, sujetando como podía mi cabeza en movimiento, por las embestidas desde mi culo. El chico de la enorme polla aguantó bastante tiempo follándome, suave pero firmemente, hasta que comenzó a dejar caer sus puños cerrados sobre mi espalda, bajando la cadencia de sus embestidas y, dejando finalmente caer su cuerpo sobre mí, haciendo que mis brazos temblaran ligeramente. Salió de mi culo y se dirigió al baño.
-          Ahora me toca a mí. – oí mientras la polla que tenía en mi boca se retiraba.
Con lo cachondo que estaba ya el chico por la mamada, no tuvo delicadeza ninguna en metérmela hasta el fondo de un solo golpe, y su ritmo fue rápido desde la primera follada, mientras yo jadeaba intentando empujar mi culo hacía él, y dejando mi cabeza casi apoyarse en el frío suelo. Me sobresaltó un movimiento a mi derecha, y vi para mi sorpresa que el chico que estaba sentado en el sofá se estaba levantando.
Se colocó casi en la misma posición que su compañero minutos antes, pero sin haberse quitado la ropa. Agarraba mi cabeza contras sus piernas, flexionadas en el suelo, y pronto dejó sus manos pasear entre mi cuello, hacia mi torso, deteniéndose en mis pezones, que tocó con suavidad, haciendo que mis gemidos aumentaran en intensidad, y mi cabeza se levantará jadeante para apretarse sobre su camisa, humedeciéndola.
Su compañero no tardó mucho en acabar, con una sola embestida profunda, mientras sujetaba mis dos caderas fuertemente con las manos, para que no me retirara. Yo intenté apretar mi culo al máximo hasta que noté que su polla empezaba a salir de mí. Se levantó del suelo para desplomarse sobre el sofá, justo cuando el primer chico salía del baño.
-          ¿Y tú no quieres? – miraba al chico que aún sostenía mi cabeza jadeante entre sus piernas.
-          Sí…. pero… - contestó él.
Levanté mi cabeza para mirarle y vi que señalaba la puerta de mi despacho, que había permanecido cerrada toda la noche.
Me incorporé tomándole una mano y él me siguió hacia el despacho, dónde se aseguró que la puerta estaba bien cerrada, mientras yo tomaba la iniciativa, inclinando mi torso sobre la mesa del ordenador, y abriendo mis piernas, flexionándolas bastante, pues el chico era el más bajo de todos los amigos de Jaime.
A solas y a oscuras, el chico no era tan tímido como parecía. No tardó nada en estar empotrándome, literalmente, contra mi escritorio. Daba firmes pero lentas embestidas, sacando casi completamente la polla de mí, para meterla de nuevo hasta el fondo, como si no tuviera ninguna prisa. Y efectivamente, así era, ya que se pasó un largo rato con ese mismo ritmo, usando sus manos para arañar mi espalda suavemente, cada vez que empujaba su polla hasta el fondo de mi culo de nuevo. Yo me dedicaba a gemir suavemente, con la cabeza aplastada contra la mesa, dejándome follar a su ritmo. Cuando la levantaba ligeramente, eran sus manos las que la aplastaban de nuevo, provocando una mueca extraña en mi boca, pero llena de placer, que a él parecía gustarle, pues la siguiente embestida venía más cargada de fuerza tras hacerlo, y parecía que me llegaba, incluso un poco más al fondo de mi culo.
Acabó el polvo y tal y como lo empezó, con folladas profundas y largas, esta vez acompañadas de unos profundos jadeos, que parecían casi suspiros. Yo dejé mi cabeza apretada contra el escritorio, y dejé mis gemidos salir libremente, subiendo de tono, hasta que, esperando una nueva follada, su polla salió y no volvió a entrar por mi ojete.
El chico encendió la luz para vestirse y al ver un sofá a su izquierda, se sentó tranquilamente allí sin mirarme. Lo que interpreté como gesto de “quiero quedarme solo”. Salí de la habitación sigilosamente, apagando la luz antes de irme.
Al salir al salón encontré a los otros dos chicos acomodados en el sofá grande, más bien desparramados, y durmiendo, ya casi con la baba colgando. Decidí dejar la limpieza para el día siguiente, y busqué un hueco en mi cama, al lado de Jaime.
Cuando desperté a la mañana siguiente, encontré una nota posada en el sofá del salón, de letra temblorosa.
“Nos hemos llevado la bebida, porque tú no bebes.
Llámame.
Jaime.”




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