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sábado, 17 de enero de 2009

¿Va a ser todo el viaje así?


Llegué agotado por el viaje y el piso que había alquilado estaba bastante sucio. Decidí dejar para el día siguiente las labores de limpieza y acomodé solamente el dormitorio principal para echarme a dormir cuanto antes. Sin embargo no dejé para el día siguiente el encender la app de búsqueda y subir unas cuantas fotos, enseñando carne, con un nick sugerente indicando claramente que soy esclavo.
Cuando me desperté descubrí que la mayoría de la gente ni se había leído mi nombre, mucho menos el perfil, y me había escrito mensajes simplemente viendo mi foto de cara. Descarté la mayoría de los mensajes pero comencé a hablar con un par de chicos jóvenes a los que les expliqué lo que buscada y dónde se paró la conversación.
Al cabo de unas cuantas conversaciones conseguí encontrar a un chico de unos 40 años de edad que era dominante con experiencia y que no tenía problema en pasarse por mi casa esa misma noche. Dediqué todo el día a hacer las compras básicas y adecentar el piso para hacerlo habitable. Cuando llegó la hora del encuentro ya estaba perfectamente instalado y con la casa lista para una buena sesión con el dominante local. Mi excitación se mostraba con una enorme erección que se marcaba en mi pantalón corto y mojaba el suspensorio que llevaba debajo.
El hombre no me dio ninguna instrucción para recibirle en casa así que decidí que el modelito que llevaba estaba bien y me propuse una actitud realmente servicial para romper el hielo al principio.
-          A ver por dónde me sale éste – pensé mientras me aseguraba que recordaba donde había guardado mis “juguetitos” durante las vacaciones.
Él llegó bastante tarde, lo que allí luego descubriría que es “a la hora”, y parecía mucho más joven de su verdadera edad, pero también mucho más tímido de lo que me esperaba. Me esforcé por ser servicial ofreciéndole una bebida de modo sugerente, que no aceptó, y comenzó una conversación superficial sobre mi corta estancia en la ciudad, que por otro lado, no tenía ninguna anécdota señalable. Decidí cambiar el tema sentándome en el suelo y ofreciéndole un masaje de pies que aceptó con timidez.
-          Si quieres… claro – me dijo.
No pintaba la cosa muy bien cuando ya terminaba de masajearle el segundo pie y él me dijo que subiera a su silla para besarle. Le di un poco más de tono al asunto quitándome la camiseta y sentándome encima de él para hacerlo. Nos besamos durante largo rato y, la verdad es que lo hacía muy bien, jugando con su lengua dentro de mi boca sin ningún miramiento, pero muy suavemente.
-          Nos vamos a la cama - me dijo en un alarde de dominación.
Le indiqué el dormitorio y le seguí hacia allí mientras dejaba mi pantalón corto caer por el camino, entrando detrás de él, que se había tumbado en la cama, solo en suspensorios. Mi cuerpo le pareció gustar en ese momento y me lo empezó a tocar sin miramientos. Yo le dejé disfrutar y hasta marqué músculos para él, lo que le pareció encantar; él todavía no se había quitado la ropa, salvo los calcetines después de mi masaje.
Decidí comprobar su calentón y dotación echándole mano al paquete mientras él seguía acariciando y besando mis músculos con verdadera admiración, profiriendo exclamaciones locales que no estoy seguro de haber entendido completamente. También fui yo el que tomó la iniciativa abriendo su pantalón y dejando al descubierto lo que había palpado, para mi sorpresa, unos segundos antes. Una bella verga de coloración oscura, de suave y tersa piel, que babeaba ligeramente en la punta. Me lancé a por ella con mi boca sin dudarlo empezando por limpiar el escaso líquido pre-seminal de la punta y él gimió exageradamente de placer.
Procuré poner  mi culo en pompa, enmarcado en las cintas de mis suspensorios, mientras le hacía una mamada tranquila y húmeda, en la que realmente me costaba hacer que me entrara su polla hasta el fondo, debido a su ligera curvatura. Él gemía en voz muy alta sin casi prestarle atención a mi culo apoyando sus manos tras su espalda arqueada.
Cuando se percató de la presencia de mi culo y comenzó a acariciarlo, yo ya estaba a mil y con su casi falta de iniciativa fui yo el que me saqué la polla de la boca para darme la vuelta después de darle un húmedo beso con las babas de su polla.
-          ¿De verdad quieres que te encule? – me preguntó dejándome casi boquiabierto.
Asentí con la cabeza mientras seguía acercando mi culo a la entrepierna y finalmente conseguí que comenzara a follarme. Lo hizo muy despacio y cada vez que gemía me preguntaba si me dolía, a lo que yo contestaba con una negación de cabeza. Cuando me la metió entera solo le duré dos embestidas antes de que dejara caer su leche con grandes gemidos y altas interjecciones, de nuevo ininteligibles para mí, dentro del condón.
-          ¿Tú no te corres? – me preguntó ya tumbado en la cama.
-          No – decidí decir secamente sin disimular.
-          ¡Ha estado genial! – dijo con excitación mientras intentaba volver a besarme.
-          Pero tú no eres dominante – le espeté en contestación
-          ¿No te ha gustado?
-          No es lo que busco – le dije con indiferencia


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