Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

lunes, 9 de febrero de 2009

Comienza la despedida


Aunque era algo de lo que no hablábamos, tanto el Amo Martín como yo, sabíamos que nuestra fecha de caducidad estaba al llegar. Los dos estábamos disfrutando al máximo los días juntos: cuando por semana lo recogía de la facultad y se venía a mi casa a follarme ,y a que le sirviera la cena; así como los fines de semana, en los que se quedaba en mi apartamento a dormir el sábado, para amanecer juntos el domingo, empezando el día con una buena follada antes del desayuno.

Pero eso no podía durar eternamente, era mi última semana en la ciudad de Martín y yo ya empezaba a recoger y ordenar mis cosas, preparando las maletas para mi despedida, y el Amo lo había notado. Sin decir nada había cambiado poco a poco sus rutinas y cada día le costaba más salir de mi departamento para irse a su casa. Me empezaba a pedir que le llevara a casa, repitiéndose el protocolo de preparación de mi cuerpo para salir de casa, con las pinzas en mis pezones, mis huevos atados, el cockring alrededor de mi polla y mis pelotas, y un plug metido por las mismas manos del Amo en mi culo. Le llevaba casi hasta la puerta de su casa, dónde también se repetía el protocolo de ir a buscarlo a la facultad, saliendo del coche para abrirle la puerta. Me volvía a la mía conduciendo despacio, notando cada uno de los elementos que el Amo había colocado sobre mi cuerpo, el pequeño dolor, los hormigueos... Me los quitaba una vez llegado a casa, siguiendo las instrucciones de Martín “el plug lo último”, después de recoger toda la casa por su visita, justo antes de irme a la cama.
Además de alargar el tiempo conmigo entre semana al máximo, parecía que quería aprovechar cada segundo, y aunque se había acomodado con las cosas que me hacía, volvía a probar nuevas formas de castigarme y darle usos a mi cuerpo. Yo, muy obediente, aceptaba sin rechistar cualquiera de sus ocurrencias, disfrutando también de sus primeras dudas al comenzar a ejecutarlas, y de su satisfacción al verlas realizadas.
Hoy se le había ocurrido jugar con mis pelotas, y se lo estaba pasando en grande oyéndome gritar cada vez que les daba un buen golpe, con cualquier cosa que encontraba por la casa. Ya me había follado fuertemente a cuatro patas en el pequeño butacón del salón, con las pelotas bien atadas, y me había dejado, por supuesto sin haberme corrido, con ellas llenas a tope y la polla bien dura. Había utilizado una cuerda bastante larga y áspera, que me rasgaba la piel del escroto cada vez que me rozaba un poco, que habíamos encontrado un fin de semana en una tienda cualquiera, y que él había insistido en llevarse a casa. Quedando un montón de cuerda libre al terminar de atarme las pelotas, le había dado una vuelta alrededor de la cadena de las pinzas para los pezones, profundamente colocadas en los míos, y pasando la cuerda por un lado de mi cabeza, la sujetaba con fuerza con una mano cuando me metió su polla en el culo.
Iba tirando cada vez más de la cuerda, según su polla entraba cada vez más adentro con sus embestidas, y mientras mi culo disfrutaba de notar que su polla estaba cada vez más dura, mis pezones empezaban a estirarse por la tensión propagada a la cadena, cuando mis pelotas ya estaban bien coloradas, a punto de explotar, pegadas a mi polla dura, que se balanceaba ligeramente con la enculada que me estaba metiendo Martín.
Cuando terminó de follarme, sin haber soltado la cuerda que ataba mis huevos, me mandó que me diera la vuelta, para su ya clásica corrida en mi boca. Cuando estuve de rodillas, lo vi delante de mí, alejándose ligeramente hacia atrás, con su polla dura a punto de correrse, mientras recogía cuerda en una de sus manos. Antes de que me diera cuenta, pero con la boca ya abierta, el Amo Martín dio un gran tirón de la cuerda, sacando las dos pinzas de mis pezones, haciéndome gritar y levantar mi cabeza hacia el techo para que mi cuerpo no cayese hacia adelante. Volví a mirar al frente, manteniendo mi boca abierta entre jadeos, a la espera de la leche del Amo, pero él estaba recogiendo más cuerda en su mano, incluyendo la cadena que se había quedado enlazada en la misma.
Fue tirando de la cuerda poco a poco, tirando de mis pelotas, haciendo que me moviera hacia adelante, mientras su polla daba saltos, levantándose un poco más con cada uno de ellos. Cada tirón me arrancaba un buen gemido. Cuando él dejó de moverse hacia atrás, solo hicieron falta un par de tirones más en mis huevos para que yo llegara a la atura de su polla y me metiera su capullo dentro de la boca.  Martín se pajeo ligeramente con su mano rodeada de cuerda y yo dejé mi lengua pasear por su glande. Recibí su leche sin abrir los labios, entre los gemidos de placer del Amo Martín, pasando cada chorro de ella rápidamente hacia mi garganta, saboreándola, sin dejar de pasear mi lengua por su uretra esperando el siguiente chorro.

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