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martes, 24 de febrero de 2009

Esto hay que repetirlo

Risas, conversaciones, copas, fiesta, confesiones y hasta algún desmadre. Unas vacaciones excelentes pero ya estábamos los 3 juntos, vestidos casi como para ir el gimnasio, aunque lo que teníamos que soportar en ese momento eran las horas de vuelo: el mío a Madrid, el de Ronnie a Chicago y el de Nico a Nueva York.
Llevábamos gafas de sol, lo que nos daba un aire de estrellas de cine, o más bien de guiris resacosos que volvían a casa después de una enorme fiesta, aunque estábamos bien frescos. No decíamos mucho mientras cruzábamos, todos acostumbrados a ello los diferentes controles de seguridad. Esta vez yo no llevaba nada incriminatorio en mi equipaje de mano, y ellos tampoco. En ese gran aeropuerto lo pasamos todo sistemáticamente y nos dirigimos a una cafetería a esperar a que nos asignaran las puertas de embarque.

Cuando la primera de ellas se iluminó en el panel, no nos quedó otra que abrazarnos y despedirnos. Nos prometimos que lo repetiríamos pronto. Mis dos almas gemelas partían hacia mi país de origen y yo me quedaba hasta el próximo avión de vuelta al que ya era mi hogar. Estuve tentado a volverme a Chicago; creo que llegué a llorar. Para eso tenía as gafas de sol. Ronnie, Nico y yo: los 3 sumisos, desde este viaje.

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