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miércoles, 18 de febrero de 2009

Nico se confiesa


-          Yo os envidio – dijo Nico, balanceándose ligeramente.

Llegaba del baño y se apoyaba con cada uno de sus brazos sobre mí y Ronnie, pillándonos por sorpresa, sentados en una mesa alta de un bar de ambiente, a altas horas de la noche, discutiendo sobre si el maromo de turno tendría alguna opción de ser dominante o no. Llevábamos un par de cervezas, pero Nico ya 4 copas; ese día parecía o sediento, o simplemente necesitado de una borrachera. Durante la tarde había hecho una de sus escapadas, a ver a uno de sus contactos rápidos, encontrado con la aplicación que usaba. No nos había contado mucho más, pese a nuestro típico interrogatorio. No le dimos mayor importancia.

-          Buena polla, y nada más. – zanjó la discusión.


Pues con esta situación de fondo, volvía Nico del baño, igual que se había ido, sigilosamente, en medio de sus ligeros tambaleos por las 4 copas que se había tomado.

-          Yo os envidio – dijo apoyándose en nosotros.

Nuestra discusión se paró para prestarle completa atención; aunque no dijimos nada, le miramos para que siguiera hablando él.

-          Que sí, que yo os envido. – Repitió mientras se sentaba en el asiento libre alrededor de nuestra pequeña mesa, más o menos céntrica en el local.

Tuve que tirarle un poco de la lengua para que empezara a contarnos que tontería era esa de envidiarnos a Ronnie y a mí. Lo único que se pasaba por la imaginación era que podría ser debido a nuestro cuerpo, pero tendríamos que ser nosotros quien le envidiáramos a él, pues pese a que iba muy pocas veces por semana al gimnasio, conseguía mantener un cuerpo fibrado riquísimo, que le permitía ligarse a quien quería en cualquier momento, junto a su forma de ser, natural y divertida. Su trabajo no era gran cosa, pero tampoco estaba mal: se pasaba varios días metido en un barco, cocinando para militares sudorosos en misiones que no eran nada peligrosas; sabía que a él le gustaba. Así que no tenía ni idea de por dónde podrían llegar esas envidias. Realmente le tiré de la lengua y hasta fui a pedirle una copa más, con un par de cervezas más para Ronnie y para mí, con la finalidad encubierta de brindar juntos.

Una vez que empezó a hablar, nos dejó realmente atónitos. Nos envidiaba por nuestra condición de esclavos; por dejar nuestra vida a un lado para dedicarnos a un Amo. Nos contó que llevaba unos meses pensando en el asunto, desde que habíamos empezado a planear ese viaje, aunque en su cabeza siempre lo estuvo, incluso antes de que yo le confesara mi condición, también una noche en la que los dos estábamos borrachos, y él todavía salía con mujeres. Incluso antes de que conociéramos a Ronnie, también una noche en un bar de ambiente, después de que él se lo intentara llevara a la cama, dejándonos a los 3 pasivos en una situación muy graciosa, de la que nació una amistad eterna. Yo seguía sin entender el motivo de su envidia, pero él lo tenía claro: nuestra capacidad para olvidarnos de todo y centrar los esfuerzos de nuestras vidas en un Amo, una persona realmente importante para nosotros, que estaba por encima del bien y del mal.

-          No será que necesitas dejar de follar y empezar a enamorarte, Nico  - preguntó Ronnie, con su misticismo de siempre, aunque casi aguantando la risa.

-          ¡No! – negó Nico categóricamente, antes de empezar a reírse, cuando se dio cuenta de que la pregunta era medio de coña porque yo no aguataba la risa que Ronnie seguía conteniendo.

De ahí la conversación se volvió mucho menos seria, aunque seguimos intentando entender a Nico; que nos explicara porque decía eso y que le veía de envidiable al hecho de ser esclavo, de ser inferior al resto de los hombres, de ser tratado como un perro a veces, otras como mucho menos: un objeto, un mueble, una basura…

Al oírnos preguntar sobre cada una de las cosas, simplemente asentía y sus frases se ahogaban a la mitad de su razonamiento, mientras hacía gestos de que no era capaz a explicarse bien para que le entendiéramos, quizás por el exceso de alcohol de la noche.

-          Lo tengo claro. Os envidio – cerró nuestra ronda de explicaciones sobre la inferioridad de nuestra condición – Hasta me pongo cachondo escuchándoos.

-          Bueno pues… -empecé a decir, mientras Ronnie me mirada de reojo, como obligándome a pensar bien lo que sabía que iba a decir - ¿por qué no te haces esclavo también?

Aunque la pregunta también era medio de coña, la respuesta fue categórica.

-          En ello estoy – dijo bajando la cabeza, mientras Ronnie y yo nos quedábamos atónitos.

Llevaba unos meses quedando solamente con gente dominante en la cama, como nos explicaría pronto, siempre buscando ir un poco más allá, incluso con esos contactos rápidos que llevaba durante nuestros día de vacaciones, no simplemente hacía de pasivo, sino de sumiso: exigía que el otro tío se comportara de forma dominante antes de quedar.
A partir de ahí, no recuerdo cuantas copas más tomamos, todas brindando por los 3 pasivos, que ya eran oficialmente los 3 sumisos y Nico deseando que llegáramos a ser los 3 esclavos. Nos reímos un montón, sobre todo con el maromo del que hablábamos Ronnie y yo cuando Nico comenzó la conversación sobre el tema, que se había sentido ignorado cuando dejamos de mirarle por seguir la conversación. Fue él quién se acercó a nosotros. Una vez resuelta la duda de que no era dominante, ni mucho menos Amo, se unió a la fiesta con nosotros.

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