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domingo, 15 de febrero de 2009

Salimos de fiesta


No nos levantamos muy temprano y aunque estoy seguro que los 3 nos acordamos de ello, no mencionamos el visitar un gimnasio ese día; eso eran las verdaderas vacaciones. Nos preparamos rápidamente, entrando por turnos al baño, hasta que llegó un momento en el que los 3 estábamos allí dentro, haciéndonos un hueco delante del espejo a codazos, todavía en ropa interior. La charla ya era animada desde por la mañana y en cuanto estuvimos vestidos salimos a ver la ciudad mientras buscábamos un buen desayuno tardío.

Pasamos el día viendo edificios que nos iban saliendo al paso, siguiendo levemente las instrucciones de una guía que Nico había comprado, intentando ver algunas de las tiendas que nos apetecían, sobre todo a él. Ronnie como siempre, estaba muy callado, observando todo despacio, como desde fuera de este mundo, y disfrutando de la gran ciudad de Buenos Aires. Pronto me contagié, simultáneamente, de sus dos diferentes formas de disfrutar la ciudad y me sentí automáticamente de verdad de vacaciones: Me uní a Ronnie en las silenciosas observaciones de todo lo que me llamaba la atención, pero también compartí la pasión de Nico por encontrar la siguiente tienda, la siguiente parada.  Pero en las vacaciones también había hombres; y en una ciudad con esa cantidad de gente era bastante fácil cruzarse con alguien que nos hiciera girar la vista, aunque por lo general, eran los demás los que se giraban para mirarnos; a veces por nuestra visible alegría por estar allí y a veces por nuestro cuerpo, que no tapábamos mucho, pues el calor empezaba a apretar.

Después de la comida, recordamos nuestra declaración de intenciones del día anterior y Nico comenzó a buscar los mejores lugares a los que podríamos ir. La verdad es que estábamos muy perdidos y aunque teníamos una lista de sitios, ninguno de ellos nos terminó de convencer en principio. Terminamos en una puerta pequeña, de lo que se supone que era una discoteca, pero que no estaba abierta aún, pese a que nos parecía la hora adecuada. Tuvimos que sentarnos en una terraza cercana a beber algo; desde allí casi veíamos la entrada, esperando una apertura inminente.

No lo estábamos pasando mal en aquella terraza, pues veíamos pasar a unos cuantos chicos, de varias edades, que sin lugar a duda se fijaban en nosotros y probablemente tenían el mismo destino; una pequeña cantidad de ellos se empezaron a acumular entre la entrada y una pequeña boca de metro cercana. Estábamos casi seguros de que abriría pronto y así fue. Dejamos la multitud entrar antes de movernos y a través de una escalera llegamos a una amplia sala de baile, sin mucha gente, tras pagar una pequeña entrada.

Viendo la animación del local, los 3 consensuamos en consumir nuestra entrada en forma de un buen cocktail, que se convirtió en un algo con coca cola tras hablar con el camarero, de unos 18 años a nuestra vista, que nos dirigió unos cuantos piropos, que no entendimos muy bien, por el ruido y su origen local. La discoteca se iba llenando y nos dimos cuenta de la presencia de un pequeño escenario en una de las esquinas de la pista de baile, en el que había una pequeña pasarela que contenía una barra de striptease… esa discoteca nos estaba sorprendiendo ligeramente. Tomamos asiento en unos viejos sofás mientras unas drags comenzaban unos playbacks bastante malos de canciones que no estábamos seguros de haber oído antes. Al ver que la discoteca se llenaba, decidimos ir a por un segundo combinado durante el espectáculo y esperamos allí sentados, algo atónitos, a que acabara.

El chico que salió, casi al final del supuesto espectáculo, vestido solo con unos bóxers hizo un pequeño número subiéndose a la barra, que nos encantó y aplaudimos mucho. Nosotros no teníamos ni puta idea de hacer equilibrios en esa barra, aunque no me pareció difícil en ese momento. Ya con la discoteca medio llena de gente, muy pocos de ellos bailando, nos fuimos a por una tercera copa que nos animó a ir acercándonos al barullo y llegar a esa barra en la que cada uno intentamos lo que podíamos. Yo llegué a dar una vuelta intentando una sensualidad extraña, más haciendo el tonto con Ronnie y Nico, que provocando a nadie. En unos segundos teníamos alrededor unos cuantos chicos dispuestos a llegar a más con cualquiera de los 3, indiferentemente. Nos defendimos como pudimos diciendo que no hablábamos español. Nico no tardó en irse con uno de ellos a uno de los raídos sofás donde los vimos más que hablar durante un buen rato.

Ronnie me habló al oído para indicarme un hombre con unos pantalones de cuero que parecía despistado por el medio de la pista. Ninguno de los dos teníamos ninguna esperanza de encontrar a un Amo o Dominante allí, no porque no los hubiera, sino por la imposibilidad de localizarlos, pero Ronnie decidió probar suerte con ese hombre, de mediana edad, que por su forma de vestir, quizás estuviera interesado. La conversación no duró más de 10 minutos en los que me quedé solo en la pista de baile hablando con un chico joven, que llevaba moviéndose a mi alrededor de forma sexy, quizás un poco afeminada, durante algunos minutos.

Ronnie volvió negando con la cabeza, aunque tenía el teléfono de ese hombre, no estaba convencido de que le fuera ningún tipo de dominación, aunque el cuero fuera uno de sus fetiches. Le presenté a ese chico joven que tanto bailaba y al rato Nico volvía con una sonrisa en la cara cuando nos íbamos los 4 hacia la barra a pedir una última copa.

Llegamos de vuelta al hotel en un taxi, yo con una considerable erección, sin saber el motivo. Le pedí a Nico que me buscara algo por las redes sociales que él usaba, aunque ya no hubo suerte para esa noche. Ronnie se tumbó en su cama desnudo con un pequeño folio de papel en el que escribió algo antes de quedarse dormido.


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