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lunes, 13 de abril de 2009

Servicio de visitante




Volvía de hacer la segunda sesión de gym, en un día muy aburrido, y tras una ducha bien fría para intentar bajar mis deseos, que tampoco era la primera del día. Me conecté a las redes sociales para ver si aparecía algo decente. Tenía todas las intenciones del mundo de encontrar un buen Amo esta vez, pero lo que apareció fue un chico bastante perdido, que no hablaba nada de español. Era asiático y su inglés era lo suficientemente bueno para que nos entendiéramos sin problema; tenía experiencia dominando, pese a ser bastante joven.
Nuestra conversación fue bastante larga, sobre lo que él entendía por sumisión, y yo estaba de acuerdo en todo. Tenía una habitación en alquiler, en un piso compartido de estudiantes, y esa noche estaba sólo, necesitando "un mueble" para entretenerse en su habitación. Me planté en la puerta de su casa 25 minutos después de cerrar el Skype.

Tal y como me había explicado, le fascinaban los cuerpos occidentales, especialmente si eran musculosos como el mío y, aunque él prefería que tuviéramos vello, le gustó mi cuerpo. Me hizo desnudarme completamente nada más entrar en la habitación, y me acarició todo el cuerpo despacio, parándose en cada uno de mis músculos, y haciéndome flexionarlos para él, con sencillas ordenes. Empezó por la espalda, hombros y brazos, para seguir por el pecho y abdomen. Se paró largo tiempo en mis pezones, acariciándolos de diferentes maneras, pellizcándolos con dos de sus dedos, muy despacio, y metiéndoselos en la boca para mojarlos con su lengua, hasta que llegaba a morderlos fuertemente con sus dientes.
Me hizo abrir las piernas para sentarse tranquilamente en el suelo y acariciar mis piernas, haciéndome también flexionarlas para él; las tocó con ambas manos, desde los pies hasta la rodilla y desde la rodilla, subiendo por mis muslos, hasta llegar a mi entrepierna. Allí sopesó mis pelotas y las acarició por todas partes, cogiéndolas con ambas manos, e intentando estirarlas hacia abajo, pues estaban ya demasiado duras, al igual que mi polla después de tanto magreo.
Me mando girarme para continuar el toqueteo por mis nalgas, todavía quedándose él sentado en el suelo, siempre con las dos de sus manos, hasta abrírmelas y mirar mi ojete en detalle, en el que llegó a hundir su cabeza unos segundos paseando su lengua por él. Terminado el disfrute con mi cuerpo, se sentó con calma en la cama y se descalzó con ceremonia. La siguiente orden fue que le lamiera los pies.
Me dejó bastante rato dedicándome a sus pies desnudos, al igual que él había dedicado tiempo a mi cuerpo. Puede lamerle la planta, el empeine, los dedos uno a uno, y aprendérmelos de memoria con diferentes posiciones de mi cabeza y mi lengua, que intentaba humedecer de vez en cuando, frotándola con mis labios, dentro de mi boca, antes de seguir lamiendo, cuando notaba su punta muy reseca. Me fue dirigiendo con sus movimientos, hasta que terminé completamente tumbado en el suelo de la habitación, con uno de sus pies apoyado en mi pecho, mientras el otro se paseaba por encima de mi boca abierta, con la lengua fuera para poder seguir lamiéndolo.
Se apoyó con los dos pies sobre mi pecho y se puso completamente de pie, mirándome a los ojos mientras se mantenía en equilibrio. Con lentos movimientos, consiguió bajarse el pantalón y la ropa interior sin bajarse de encima de mí, llegando a apoyarse completamente sobre mi abdomen con un solo pie, para pasar sus prenda por debajo de sus pies. Descubrí entre sus piernas una pequeña polla en completa erección, rodeada de una buena cantidad de pelo muy negro, que me sorprendió por la casi ausencia de vello en el resto de su cuerpo, especialmente en sus piernas.
Sus lentos movimientos continuaron, para bajar sus pies de encima de mi abdomen, y posarlos en el suelo, muy en silencio, entre mis brazos y mi cuerpo, apretando mis costillas entres sus tobillos. Desde esa posición se inclinó, como si fuera a sentarse, hasta que su culo quedó abierto a la altura de mi cara y yo empecé a lamer, sin esperar la orden, su ojete casi sin vello, que se abría ante mí con un olor fuerte.
Me dediqué a comerle el culo todo lo que me dejaba en cada momento, ya que no levanté en ningún momento mi cabeza, y era él quien regulaba la altura que lo hundía en mi cara, subiendo o bajando sus nalgas, desde solamente dejarme rozarle el ojete con la punta de mi lengua, completamente extendida, hasta hundir toda su culo en mi cara, dejándome casi sin respiración durante unos segundos, en los que intentaba meter mi lengua lo más profundo posible,  intentando morderlo con mis labios.
Hubo un momento en el que su culo se levantó hasta conseguir separarse lo suficiente de mi cara, para que la punta de mi lengua no llegara casi ni a rozarlo, y creo que fue la única vez que me habló, con un acento macarrónico.
-          Keep it open now
“Mantenla abierta ahora” me había dicho, traducía en mi cabeza al español, pensando que pasaría y abriendo mi boca sin dudar ante su orden, dejando que mi lengua descansara dentro por unos segundos. El olor fuerte aumentó ligeramente mientras veía que su ojete se dilataba ligeramente. Cuando me quise dar cuenta, el chico asiático que tanto había adorado mi cuerpo hace unos segundos, estaba literalmente cagándome en la boca, que mantuve bien abierta, cerrando los ojos y aguantando el fuerte olor que me llenaba la boca y la nariz. Casi no me dio tiempo a reaccionar desde el momento en que me di cuenta de que por su culo salía la cagada, hasta que caía en mi boca y segundos después, su ojete se volvía a acercar a mi culo empezando a apretarlo cada vez más profundo hacía mi garganta. Intenté mover la lengua para volver a lamerle el culo pero me di cuenta que no podría con la boca llena y las arcadas que estaba aguantando.
Por suerte el chico levantó su culo de mi cara y dejó de presionar, para colocarse de pie a mi lado, con su polla casi oculta en su vello púbico, ya fláccida, y mirándome fijamente a los ojos, mientras yo  mantenía mi boca abierta con su regalo dentro, con una mirada, probablemente de asco. Permaneció así durante unos segundos, con cara sería pero complacido, y sus ojos recorrieron mi cuerpo de un vistazo, para volver a mirarme fijamente a los míos. Hizo una señal con un único dedo, indicando hacia abajo, en dirección a mi boca.
No llegaba a entender su gesto completamente, o eso quería creer, pero cerré mis ojos pensando en que otra cosa podría significar. Aguantando las arcadas, cerré mi boca y no pude aguantar un gesto de asco, mientras sentía una pequeña lágrima rodar de uno de mis ojos. Haciendo de tripas corazón, tragué rápidamente y abriendo la boca de nuevo, con mucho asco tomé una gran bocanada de aire, que me pareció también lleno de mierda, para recoger con mi lengua, aún con los ojos cerrados, lo que había quedado fuera, y volver a tragar, esta vez, con menor esfuerzo.
Cuando abrí los ojos, todavía con la boca muy abierta, pero intentando no respirar profundamente, para que el olor no se me metiera más adentro, vi al chico asiático con una sonrisa, en la misma postura que antes, inmóvil. No recuerdo muy bien si me llegó a hablar o también lo hizo con gestos, pero había llegado el momento en el que quería que me fuera de su habitación.
Me vestí rápidamente, sin decir nada y salí de su casa limpiando mi boca con la mangas de mi fino jersey, rogando porque no hubiera signos externos del olor que todavía sentía dentro de mi boca y de mi nariz, produciéndome todavía alguna arcada, especialmente si recordaba el momento en cuestión. Llegué a casa y puse toda mi ropa a lavar antes de meterme largo tiempo debajo de la ducha, con agua muy caliente, donde me cepillé los dientes varias veces, después de haberme lavado la boca hasta con jabón.
Cuando ya me sentía mejor, tuve que cambiar el mando de la ducha al lado frío para bajar mi erección. Había hecho un buen servicio a un visitante del extranjero.






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