Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

miércoles, 27 de mayo de 2009

Las cosas claras


Aunque las cosas estaban ya bastante claras, al menos para mí, nos llevo unas cuantas más conversaciones, el llegar a quedar en persona; cita en la que yo me esperaba que el Amo me probase a lo largo de todas esas prácticas por las que me había preguntado.
Sin embargo el Amo empezó de una forma completamente diferente, pero con mucho sentido. Le abrí la puerta en suspensorios, y él se dirigió directamente al sofá, casi sin saludar. Yo corrí a su lado para ponerme de rodillas, cumpliendo por tanto, 2 de las reglas que me había puesto, y que él iba a repasar ahora mismo.
-          Esa es la postura que tendrás siempre que no estés haciendo nada. ¿Entendido, perro? – me preguntó.
-          Sí, Señor – no tardé en contestar.
-          Y veo que lo de los suspensorios lo tienes claro. Cuando no me guste lo que llevas, estarás desnudo. Y esos, no me gustan – dijo señalando mi paquete cubierto por los suspensorios.

viernes, 15 de mayo de 2009

Me presento al Amo Total


-          Así que esclavo total, eh?
Así comenzaba nuestra conversación por skype después de unas cortas y típicas preguntas por el chat. De él sabía que tenía 20 y pocos años, y que era estudiante; me había empezado hablar como si nada, después de uno de mis mensajes en el chat buscando Amo, dominante o jovencito caprichoso. Enseguida se identificó como los tres y su tono al escribir inspiraba autoridad.

viernes, 1 de mayo de 2009

Salamanca


Me desperté muy temprano con un calentón impresionante, por lo que decidí ocupar mi mente en tenerlo todo preparado. Tampoco necesitaba gran cosa. Me encargué de dejar mi casa en perfecto estado para estar unos días fuera. Programe mi GPS para llegar a las señas de las que disponía y prepare dos mochilas cubriendo las necesidades básicas. Una de ellas contendría lo que suelo llevar encima, mi móvil, cartera con poco más de los doscientos euros que me iba a gastar, las llaves del coche… en la otra, necesitaba un plan de emergencia, por si había algún imprevisto: otra cartera con dinero, mis identificaciones, un móvil prepago con cargador, algo de ropa y…. nada más! “Intentaré dejarla en una consigna en la estación de autobuses?” Mande un par de mensajes, uno a mi padre para que no intentare contactarme durante los próximos días, le dije que me iba de excursión al monte y no tendría cobertura. Y otro, a un amigo en USA de confianza, con todas las señas reales que tenía del Amo. Él ya sabía lo que tenía que hacer con ello en caso de emergencia. Hable con él por teléfono unas horas antes de entrar en mi mazmorra para confirmar que lo había recibido. No era la primera vez que teníamos esas conversaciones, desde ambos lados, así que tampoco hizo muchas preguntas, aunque prometió pedirme todos los detalles en el futuro.
Era una mañana despejada pero no hacía mucho calor aun. Conduje tranquilamente saliendo de Madrid hacia Salamanca con ropa cómoda (la de deporte con la que decía acudir a la cita estaba lista en la primera de mis mochilas) siguiendo escrupulosamente las indicaciones de mi GPS. Antes de tomar la desviación necesaria, lo desconecte y me dirigí a la estación de autobuses de Salamanca pues todavía quedaban 4 horas para el inicio de mi aventura. Tiempo de sobra para dejar mi coche bien aparcado y darme un buen homenaje gastronómico antes de lo que pudiera llegar durante el fin de semana.
Después, me cambie de ropa en un baño público y dejé mi mochila en un lugar seguro comprobando que no me daría problemas el que no la recogiera hasta dentro de unos días. Ya con solo unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes y solo un tanga por debajo, el sol me permitía no pasar frio. Quedaba solo una hora para el momento en que me había citado para el Amo y todavía tenía que llegar hasta allí. Decidí tomar un taxi aunque tuve que darle algunas explicaciones inventadas cuando pedí que me dejará en una bifurcación de la carretera secundaría que llevaba a mi destino. Le corte la conversación con una buena propina y saliendo del coche como una exhalación. Espero que no notara mucho la erección que mi limitado atuendo no disimulaba desde que me lo había puesto y que ya tenía completamente mojada la pequeña tela de mi tanga y empezaba a mojar la basta tela del pequeño pantalón de correr. La mochila me ayudo a tapar esa zona en los momentos en los que notaba que no podría esquivar las miradas de la poca gente con la que me cruce desde aquel momento, incluyendo el taxista y el nada amable barista del sitio donde me cambie cinco segundos antes de beberme una coca cola de un trago y salir corriendo dejando 5 euros encima de la barra.

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