Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

miércoles, 27 de mayo de 2009

Las cosas claras


Aunque las cosas estaban ya bastante claras, al menos para mí, nos llevo unas cuantas más conversaciones, el llegar a quedar en persona; cita en la que yo me esperaba que el Amo me probase a lo largo de todas esas prácticas por las que me había preguntado.
Sin embargo el Amo empezó de una forma completamente diferente, pero con mucho sentido. Le abrí la puerta en suspensorios, y él se dirigió directamente al sofá, casi sin saludar. Yo corrí a su lado para ponerme de rodillas, cumpliendo por tanto, 2 de las reglas que me había puesto, y que él iba a repasar ahora mismo.
-          Esa es la postura que tendrás siempre que no estés haciendo nada. ¿Entendido, perro? – me preguntó.
-          Sí, Señor – no tardé en contestar.
-          Y veo que lo de los suspensorios lo tienes claro. Cuando no me guste lo que llevas, estarás desnudo. Y esos, no me gustan – dijo señalando mi paquete cubierto por los suspensorios.

Me di prisa para quitármelos, dejando al descubierto mi polla, que ya estaba bastante cachonda, y volví a ponerme de rodillas. El Amo la miró con un gesto que  aún no era capaz de interpretar.
-          Desde ahora, tienes prohibido correrte. – dijo el Amo Carlos.
-          Sí, Señor – contesté, quizás con una pequeña mueca de decepción, ya que cuando no tengo Amo, me mantengo completamente en castidad, esta frase eliminaba cualquier posibilidad de que yo me corriera en las futuras sesiones al servicio del Amo Carlos.
-          Te voy a enseñar a preparar mi bebida preferida – me dijo, dirigiéndose hacia la cocina.
Me incorporé y le seguí, completamente desnudo a la cocina. La bebida no tenía mucho secreto y tardó menos de 5 minutos en decirme el tipo de vaso que le gustaba y las proporciones correctas de cada uno de los ingredientes, que estaban todos disponibles, ya que me lo había hecho saber anteriormente, a través de nuestras conversaciones.
-          Prepárame uno – me dijo mientras salía de la cocina.
Me dediqué rápidamente a seguir las sencillas instrucciones que me había dado para crear su ron con naranja y un poco de limón y enseguida lo tenía listo. Se lo llevé al salón, donde Carlos se había sentado tranquilamente a fumar. Fui a por un cenicero y lo dejé a su lado, volviendo a mi posición: de rodillas, a su lado, esperando órdenes.
Cuando terminó el cigarrillo se dio un paseo por el salón, buscando encima de la mesa algunos de los artilugios que, en conversaciones anteriores, el me había pedido que estuvieran disponibles. Cogía algunos de ellos en las manos y les daba vueltas en ellas, observándolos con tranquilidad, y yo creo que, con desconocimiento también.
-          Iré usando algunas de estas cosas – comenzó a decirme, con voz nerviosa – pero lo primero es… ver que tal la chupas.
Se quitó los pantalones y los colocó encima del sofá, para después volver al asiento delante de mí, no sin antes dejar caer sus calzoncillos al suelo, liberando una polla enorme, que estaba todavía a medio camino de estar dura.
Me dejó empezar a chupársela casi inmediatamente; creo que ni se había sentado en el sofá cuando yo ya tenía la punta de ese maravilloso pollón entre mis labios. Una vez sentado, pude comérsela más tranquilamente y empezar mis pequeños intentos de metérmela hasta el fondo. Me llevó 3 o 4 intentos el encontrar la postura adecuada para hacer que esa buena polla entrara completamente en mi boca, rascando en mi garganta. Una vez conseguido, seguí chupándosela tranquilamente, pero pronto el Amo me informaría de otros planes.
-          Túmbate en el sofá – empezó a decirme.
Tuvo que darme un par más de frases cortas, como él las usaba, hasta que conseguí adoptar la postura que el Amo deseaba. Estaba tumbado en el sofá con mi espalda arqueada para dejarla apoyada en el reposabrazos, con la cabeza casi colgando. La sonrisa del Amo indicaba que era justo la posición que él deseaba, pero se paró para ir hacia la mesa y volver con unas sencillas esposas. Me las colocó dejando ambas de mis manos por detrás de mi espalda, que me empezaba a doler por la extraña postura.
Una vez mis manos habían sido inutilizadas, el Amo Carlo se dirigió a mi cara. Tuvo que agacharse bastante para poder empezar a meter su polla en mi boca. Pero no solo la iba a meter, la iba a meter hasta el fondo, todas y cada una de las veces que lo hiciera, provocándome arcadas. Al principio me la metía hasta el fondo y después me la sacaba, momento que yo aprovechada para coger aire; pronto me la volvería a meter, entera de nuevo. Poco a poco, comenzó a no sacarme la polla del todo de la boca, y yo cogía aire cuando solo la punta de su polla estaba entre mis labios. Desde allí la volvía a meter rápidamente hasta el fondo de mi garganta de nuevo.
Pero ese ritmo, que era bastante llevadero, salvo por la cantidad de saliva, que yo iba dejando caer cuando podía. El Amo lo incrementó un poco más. Cuando me di cuenta, me estaba follando la boca hasta el fondo, solo sacando media polla cuando la sacaba, y la estancia de su rabo en el fondo de mi garganta cada vez se prolongaba más. En un descanso para sus piernas, me la sacó para ponerse de pie, y yo dejé caer las babas acumuladas, que arroyaron hacia mis ojos y mi frente, mientras el Amo estiraba las piernas unos segundos.
Cuando sus piernas volvieron a la postura que le permitía meterme la polla en la boca, lo volvió a hacer, como siempre, hasta el fondo, y la dejó allí un buen rato. Esta vez la follada de boca consistía en tan solo un leve movimiento, quizás de no más de 1 centímetro de su polla, que entraba y salía de mi boca, por tanto provocándome continuamente un roce en mi garganta y varias arcadas. Siguió así bastante tiempo, para seguir como la vez anterior, sacando y metiendo media polla durante otro buen rato y por fin, sacármela de nuevo para dejarme respirar y mis babas salir aún más que la vez anterior, hacía mis ojos ya cerrados.
Con estos 4 tipos de follada de boca, el Amo se entretuvo largo rato con mi boca, con diferentes descansos de vez en cuando para que sus piernas no se cansaran. Alternaba las formas, siguiendo cualquier combinación, aunque la que más se daba, era en la que me tenía con la garganta completamente follada durante largo tiempo, rasgándomela con la punta de su polla.
Si se hubiera corrido en ese momento, no me habría enterado, ni siquiera la habría saboreado, me habría pasado directa al estómago. Pero el Amo tenía otra idea para su leche y tras haberme sacado su polla, mientras yo todavía seguía sacando saliva de mi boca, que ya tenía empapada babosamente toda mi cara, Carlos se pajeó durante tan solo un par de movimientos y llegó al orgasmo con un profundo gemido. Su leche se unió a las babas en mi cara, añadiendo un tono caliente a los líquidos que la manchaban; una parte me cayó en los labios. Era densa y tardaba en arrollar, así que la fui notando largo tiempo en mi cara y goteando dentro de mi boca, ya que me quedé en esa posición, por orden del Amo bastante tiempo, mientras él se vestía.
-          Ya sabes, atento a mis mensajes o llamadas – empezó a decir.
Intenté contestar “Sí, Señor” pero en esa postura no sé muy bien lo que pronuncié. Además, justo en ese momento, había un lapo del Amo Carlos que se descolgaba de sus labios, por encima de mi boca, hacia la mía, completamente abierta.
-          Si no estás atento, tendré que castigarte duro – completó el Amo Carlos.
Se encendió un cigarrillo y salió por la puerta sin decir nada más.
Me levanté para limpiarme la cara, cuando recordé las esposas en mis muñecas. El muy cabrón se había ido sin soltármelas. “Se le habrá olvidado” pensé después. Tuve que hacer malabares con la esquina de mi mesa para usar el resorte de seguridad que una de ellas tenía; por suerte había puesto las esposas de “juguete” y no las de verdad, metálicas, que solo se pueden abrir con la llave. Me puse los suspensorios para estar más cómodo y pude empezar a limpiar mi cara. Mi polla dura se acomodó dentro de ellos, pero mi mente me decía que la sesión de prueba  que acabábamos de tener, no había sido muy allá. Decidí darle una oportunidad más; de todas formas, no tenía ningún Amo más en la agenda aquellos días.

                                                  

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