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jueves, 30 de abril de 2009

Mazmorra


Tras una semana buscando a medias en los pocos ratos libres que tenia debido a un encargo de trabajo de mi padre, estaba ya cerrando el ordenador a las 4 de la mañana cuando vi un perfil que me llamo la atención, todavía no sé porque motivo. Todas las fotos eran evidentemente sacadas de internet y las descripciones no eran especialmente detalladas pero hacían referencia a una finca en Salamanca en la que un Amo disponía de una mazmorra y aceptaba esclavos para estancias cortas.
La semana de búsqueda no se había dado muy bien y la verdad estaba un poco cansado de tener los encuentros de siempre, en los que yo me preparaba para lo peor y se quedaban en dos mamadas y cuatro enculadas rápidas, quizás con suerte aderezadas de un poco de humillación, juego de pies o algunos azotes. Envié un mensaje rápido sin pensarlo mucho sin tener mucha esperanza en obtener una respuesta.
Un par de días más tarde, ya casi sin recordar ese mensaje, y con mis tareas de trabajo completadas dedicándome a la búsqueda de Amo completamente, apareció en mi skype la notificación de un nuevo contacto que acepté. Era el Amo que había contactado con la mazmorra en Salamanca.

La verdad es que no me corte ni lo más mínimo en hacer todo tipo de preguntas y aclarar todo lo que fuera necesario. Él contesto a todo sin dejar ni un solo cabo suelto:
·         Estancias mínimos de 2 días
·         A disposición de las peticiones del Amo, pactando limites.
·         Privación sensorial e inmovilizaciones prolongadas.
·         Posibilidades de que otras personas aparezcan en escena a decisión del Amo.
·         Incomunicación con el exterior.
Además la lista de prácticas que le gustaban al Amo parecía bastante extensa. Miré el calendario y era jueves. Le comunique al Amo mi intención de pasar allí un fin de semana largo, quizás de Viernes medio día a Lunes por la noche y le pareció bien, excepto por un fleco del que no habíamos hablado. Se trataba de la manutención. Aunque el Amo tenia claras intenciones de mantenerme en su mazmorra como un autentico animal y probablemente la comida y bebida proporcionada no fueran a ser precisamente de la mejor calidad, exigía el pago por parte del esclavo de la manutención de los días que pasara allí. No era momento de volverse atrás y acepte su sugerencia sin regatear: 200 euros.
Repase por internet mis conocimientos de geografía española y comprobé que Salamanca no estaba tan lejos. Cerré con el Amo los últimos detalles y me preparé para mi partida al día siguiente. Cuando tenía el ordenador apagado, mi mente se dio cuenta de que n siquiera había visto una foto del Amo. Él me había visto a mí a través de la cam, pero no yo no le había visto a él todavía. De todas formas, decidí continuar con el plan. Me di una ducha fría para eliminar mi excitación y me fui a la cama.





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