Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

sábado, 20 de junio de 2009

Podrías dejarmelo un rato...


Después de un breve silencio de sorpresa, se produjo el descojone general. Los chicos empezaron a reír a carcajadas y le hacían preguntas incompletas a Carlos, interrumpidas por nuevas carcajadas. Carlos se reía con ellos hasta que sentenció.
-          Os dije que hace todo lo que yo le mando
-          ¿También te lo… follas? – preguntó uno de sus amigos, intuyendo la respuesta, que se quedó sin contestar mientras yo seguía de rodillas delante de ellos con la cabeza agachada.
-          Tiene un cuerpazo… - dijo otro de los amigos.
-          Podemos hacer con él lo que nos de la puta gana – volvió a sentenciar Carlos
Las carcajadas volvieron a ser generalizadas hasta que alguien insinuó que hacían falta bebidas para todos, por lo que me levanté rápidamente para ver que faltaba y traer una ronda de bebidas para todos. Me quedé de nuevo de rodillas delante de ellos.

-          A cuatro patas – dijo Carlos entre risas.
Bajé rápidamente mis manos hacia el suelo y me giré, para colocarme en paralelo al sofá, dejando mi culo hacia el lado de Carlos, y separando mis rodillas antes de quedarme quieto, en la nueva posición ordenada. El Amo comenzó a sobarme las nalgas y darme unas palmadas secas en ellas, mientras se reía e invitaba a los demás a que me tocaran también.
-          Podías dejármelo un rato – dijo una de las voces de sus amigos.
-          ¿A ti? – contestó otra, y todos rieron a carcajadas
Entre las risas se escuchó la voz del Amo Carlos “pero te lo llevas al baño” y la primera voz también contestó entusiasmada “que se quite eso”.
-          Ya has oído – me dijo Carlos, mientras me daba una palmada en el culo de nuevo.
Me puse de pie y me quite los suspensorios, pues era lo único a lo que podían referirse que me tenía que quitar. Uno de los chicos estaba de pie a mi lado, y se iba al baño mientras los demás seguían riéndose con exclamaciones de “¡qué suerte!”, quizás refiriéndose a la enorme erección que liberé al quitarme el suspensorio delante de ellos. Seguí al chico al baño, cerrando la puerta tras de mí, y él se había sentado en el retrete con la tapa bajada.
Me atrajo hacía el llamándome con un mano, hasta que pudo agarrarme los muslos, y antes de que pudiera darme cuenta, se había metido mi polla en la boca, y me la estaba chupando con muchas ganas. Yo me quedé de pie sin decir nada, dejándole hacer, hasta que empecé a sentir demasiada excitación y me atreví a decirle.
-          No me debería correr si Carlos no…
-          ¡Mejor! – me contestó sacándosela de la boca durante unos segundos, y volviendo a chupármela más despacio.
Tuve que separarlo de nuevo un par de veces, para evitar mi eyaculación, aunque seguro que se tragó bastante de mi lubricación, hasta que por fin se levantó, y salió del baño dando la cara a sus amigos.
-          ¡Deliciosa! - gritó en voz alta, entre risas.
Todos se rieron con él.
-          ¡Tranqui, Carlitos! Que no se ha corrido - añadió el chico, ya sentándose en el sofá.

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