Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

sábado, 20 de junio de 2009

Y volvieron…


Como era de esperar, después de las conversaciones que les había oído tener antes de que se fueran de mi casa, el Amo Carlos volvió después de la fiesta, en lo que en las siguientes visitas se convertiría en rutina. Pero esta vez venía acompañado por dos de sus amigos; parece que el resto no había “sobrevivido” al botellón y la discoteca, viendo que las 3 personas que tenía delante de mí, estaban bastante perjudicadas por el alcohol.
Me habían despertado haciendo mucho ruido mientras abrían la puerta, pues yo ya estaba en la cama, sólo con unos suspensorios, después de haber recogido todo el salón y limpiado el baño, tras el paso de Carlos con sus amigos durante el botellón, que habían hecho allí mismo.

Los chicos no tenían ninguna intención fija, al menos no como conjunto, pues creo que cada uno, venía a lo que venía. Uno de ellos, era el chico que me había chupado la polla en el baño unas horas atrás, habiendo quedado muy contento por haberlo hecho, y probablemente bastante cachondo, como yo, pues ninguno de los dos nos habíamos corrido. Por su parte Carlos, también estaba bastante cachondo; como sabría en el futuro, acostumbraba a salir de fiesta bien descargado, no como ese día. El otro chico era el que menos borracho parecía estar, e intentaba poner un poco de cordura en las conversaciones inconexas que Carlos tenía con el primero de sus amigos, mientras yo les observaba en suspensorios, de rodillas, en el centro del salón, sin que ellos hubieran tomado asiento aún. Identifiqué por su voz, que era el chico que me había estado metiendo los dedos por el cuelo durante un buen rato, justo antes de que se fueran de mi casa, al final del botellón.
La extraña discusión se cerró súbitamente con una ostia que Carlos lanzó directa a mi cara, por sorpresa, pero mirándome fijamente, como con una rabia contenida, incluso después de que yo recuperara mi postura inicial, sorprendido, igual que sus compañeros, con un lado de mi cara completamente colorado, de un solo golpe.
-          ¿Qué? Me apetecía darle. Puedo hacer con él lo que quiera – se justificó Carlos delante de sus amigos.
Parece que ellos, decidieron no darle mayor importancia, y desistieron de discutir con Carlos, centrándose cada uno de ellos en lo que buscaban cuando aceptaron volver a mi casa, acompañándole, en lugar de volverse cada uno a la suya, a dormir la borrachera. Carlos se sentó en el sofá y comenzó a fumar, con los ojos bastante cerrados. Yo le miré de reojo, comprobando que no estaba en disposición de dar muchas instrucciones, mientras sus amigos comenzaban a jugar con mi cuerpo.
Uno de ellos me estaba bajando los suspensorios, de rodillas frente a mí en el suelo, mientras el otro daba la vuelta a mi cuerpo, para acercarse por mi espalda.
-          ¿No te lo vas a follar? – preguntó una voz, a mi espalda.
-          Ahora no – contestó Carlos desde el sofá. Meses después descubriría que ese “ahora” quería decir “nunca”.
El chico de mi espalda decidió hundir su cabeza en mi culo, y empezó a chupármelo; mis suspensorios ya descansaban en alguna parte del suelo, quitados por el otro chico, que se tumbaba en el suelo debajo de mí, mientras yo apoyaba mis manos bordeándolo, por los empujones del chico que se comía mi culo con avidez. Pronto el chico tumbado debajo de mí empezó a comerse mi polla de nuevo, todo lo bien que lo hizo la primera vez, pero esta vez con más tranquilidad, quizás casi quedándose dormido, completamente vestido y tirado en el suelo. Carlos se había levantado a la cocina a por una lata, espero que de refresco, y volvía al sofá para seguir fumando, casi también quedándose dormido.
La lengua en mi culo no duró mucho tiempo y el chico se levantó para sacar algo de sus bolsillos. En pocos segundos se había puesto un condón y me estaba metiendo su polla, sin lugar a duda más pequeña que la del Amo Carlos, aunque esa no la había tenido en el culo nunca. El otro chico seguía chupando mi polla desde el suelo, despacio y suavemente, sin metérsela entera, tirando de ella con sus frías manos para poder dejársela en la boca sin mover mucho su cabeza.
El chico me estaba follando duramente, al igual que la primera embestida con la que me la había metido, sin tener ningún cuidado, haciéndome gemir, ayudado por la mamada que estaba recibiendo, y de lo cachondo que yo ya estaba antes de que se fueran; me follaba con fiereza, cuando el mechero de Carlos sonó en un sitio diferente del salón.
Giré mi cabeza, y sin verlo en el sofá, la levanté, sin poder dejar de gemir, cuando lo encontré de pie delante de mí, con el cigarrillo recién encendido.
-          Eres una puta – me dijo, casi gritando.
Me soltó otra ostia, del mismo lado que la vez anterior, y creo que con la misma o más fuerza, girando mi cabeza completamente, mientras su amigo, justo en ese momento, estaba llegando con su polla al fondo de mi culo en una de sus embestidas. Mi polla se salió de la boca del otro chico, pero él la llevó sin tardar de nuevo dentro, forzándola en la dirección necesaria. Mi cara volvía, entre gemidos, cada vez más roja, aunque solo en una de mis mejillas, a buscar al Amo Carlos. Una lágrima me rodaba por el ojo del lado en el que había recibido las dos ostias, creo que debido a los golpes pero no al dolor, intentando volver a mirar a mi Amo, mientras mantenía unas relaciones sexuales, que él no había permitido explícitamente, con gesto de desesperación, pues no podía hacer gran cosa para evitarlas. Llegué a mirarle justo en el momento adecuado, cuando la ceniza de su cigarro, empujada por uno de sus dedos, se caía por encima de mí, muy cerca, con el tiempo exacto para abrir la boca y recibirla en mi lengua.
Pero yo no podía parar de gemir mucho tiempo. Embestida, mamada, embestida, mi polla que entraba un poco más en la boca del otro chico y… ¡zas!, golpe a mano abierta, que Carlos me soltaba en la cara, que yo no tardaba en volver a subir hacia él, con la boca abierta, esperando de nuevo la ceniza, y casi gritando por el ritmo de mamadas y embestidas que seguía, ignorando el entretenimiento de mi Amo en mi cara.
En una de estas elevaciones de mi cara hacia mi Amo, el cigarrillo estaba demasiado cerca y aunque la cantidad de ceniza era elevada, ya se estaba acabando. ¡Ah!, gemí por una de las embestidas del chico en mi culo, con el tiempo justo a pensar rápido, y conseguir llenar mi lengua de saliva, para el cigarrillo, que seguía acercándose rápidamente hacia mi boca. “Si tengo suficiente saliva, no me quemará la lengua” pensé cerrando los ojos, ahogando los gemidos en mi garganta, para mantener la boca abierta. Y acertaba, pues la quemadura fue bastante leve, ya que mi saliva apagó el cigarrillo antes de que los dedos del Amo Carlos lo frotaran contra mi lengua y lo dejaran allí. Se volvió al sofá para sentarse y encendió otro cigarrillo.
Con mi boca abierta y la lengua fuera, sosteniendo la colilla de mi Amo, las embestidas no me dejaban casi pensar en que estaba soltando un montón de líquido pre-seminal en la boca del otro chico, que sin embargo seguía mamando, aunque solamente la punta de mi polla, debajo de mi cuerpo, a cuatro patas en el medio del salón. Mis gritos se taparon por los gemidos a mi espalda y el chico me dio un par de embestidas completamente brutales; mi polla se salió de la boca del otro chico por ellas, y él la dejo fuera por esta vez. Noté la corrida del chico hinchar el condón con el que me follaba dentro de mi culo y la colilla de Carlos se me cayó de mi boca.

                                                  

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