Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

domingo, 26 de julio de 2009

Rutinas (III)



Las sesiones con el Amo Carlos volviendo de madrugada a mi casa, entrando con su copia de la llave, y llamando a su "perro" a voces para darme la primera ostia de bienvenida, se repetían todos los sábados, después de haberle, ese mismo día unas horas antes, relajado sexualmente, comiéndole su enorme polla, y recogiendo su corrida del suelo de mi salón, ante su atenta mirada, mientras él fumaba.

Y siempre empezaba con la tortura de mis pezones. Para Carlos, era como una especie de calentamiento, convenciéndose de que yo aguantaría sus torturas, antes de pasar a la fantasía que ese día tenía en la cabeza, que siempre era diferente.

Y este día, parecía ser el ejercicio físico. Me dejó las pinzas japonesas puestas en mis pezones, que ya estaban bastante enrojecidos y doloridos, después del largo castigo que me había aplicado antes, y me ordenó ir a por una escoba, lo que me extrañó.

domingo, 19 de julio de 2009

Rutinas (II)



La vuelta de fiesta del Amo Carlos no era tan predecible como sus visitas antes de salir, aunque sí que era un clásico su borrachera, que sacaba de él sus peores intenciones y cierta agresividad. Hacía mucho ruido intentando abrir la puerta, y daba un grito en el salón para despertarme, aunque yo ya estaba, la mayoría de las veces, saltando de mi cama en suspensorios, para acudir a sus órdenes al salón, y encontrármelo con un cigarro en la boca con la ceniza a punto de caerse sobre el suelo.
Me apresuraba a traerle un refresco y un cenicero, siempre habiendo recibido un buena ostia, con la que me cruzaba la cara a modo de bienvenida, al grito de “perro”, antes de sentarse en el sofá, y que yo me colocará diligente de rodillas delante de él esperando órdenes.

sábado, 11 de julio de 2009

Rutinas

Las sesiones con el Amo Carlos eran bastante predecibles, pero yo estaba feliz sirviéndole.


Prácticamente no sabía nada de él durante toda la semana, salvo algún día que me preguntaba por el móvil que hacía que llevaba puesto, y a veces me pedía que le enviase alguna foto. Solía ser ya entrada la noche, por lo que me encontraba en casa, y por tanto llevaba puestos solo unos suspensorios. Llegó a tener una extensa colección de fotos mías en suspensorio en su móvil, que algunos días me enseñaba.
Otro día por semana, normalmente miércoles o jueves, aparecía por casa a media tarde sin previo aviso. Las dos primeras veces me pilló fuera de casa, haciendo recados, y me lo encontré esperando en el sofá viendo la TV. Una vez me acostumbre a esa cadencia, hice esfuerzos para estar esos días en casa, y que no me tuviera que esperar.
Y siempre cuando salía, normalmente los sábados,  se pasaba por casa antes de salir para tomarse la primera copa que yo le servía placenteramente y también a la vuelta, con su ya típica enorme borrachera, para la que yo era el entretenimiento ideal.

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