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No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

sábado, 7 de agosto de 2010

Aventura en provincias


Era la tercera vez que Mario me pedía que fuera a cuidar su casa en una pequeña ciudad del norte y por tanto ya me conocía como funcionaban las cosas allí.

Con la esperanza completamente perdida y habiendo estado chateando con varias personas sin ninguna conclusión comencé mis andaduras con las aplicaciones móviles basadas en la proximidad.  Mario hacía ya varias horas que me había dejado al cargo del piso, completamente solo.
La persona adecuada tardó en aparecer e irónicamente bastante lejos pero mi gran predisposición a incluso ir a recogerle con el coche para traerle hasta el piso donde podríamos hacer lo que hiciera falta tranquilamente consiguió que la conversación continuase. Intercambiamos un par de fotos sin camiseta y el chico no estaba nada mal: delgadito, joven y con cara de chico malo. Además, yo ya sin esperanzas de encontrar Amo para una sesión, estaba encantado con la actitud del chico al que parecía gustarle el hecho de que yo fuera sumiso y complaciente.

Inicialmente su único objetivo era poder follarme la boca con tranquilidad sin que me importara atragantarme. Le gusto mucho el hecho de que me hubiera traído incluido en mi pequeña maleta un abrebocas con el que le ofrecí que me follara la garganta como más le gustase también usando las esposas que también había traído y el rollo de cinta americana que había encontrado en el despacho de Mario minutos atrás.

Sin embargo, me costó un poco más el que chico se animara a ir más fuerte conmigo y decidí ofrecerle que me pegara unas cuantas hostias. Rápidamente le gustó la idea  de darme en el culo y yo le alenté para  que me las diera donde quiera. Aceptó en soltarme un buen bofetón nada más entrar en casa para que fuera cogiendo práctica y bien que la cogió porque me soltó luego unos cuantos intercalados en las varias folladas de boca que me fue metiendo a lo largo de la tarde y noche que pasamos juntos.

Sí, conseguí que la tarde se convirtiera en noche después de mi ofrecimiento a hacerle algo de cena mientras él se tumbaba un rato en el sofá y yo le llevaba unas cervezas  mientras fumaba. No hubo necesidad de animarle para que yo acabara cocinando en suspensorios y me saltara la cena que había preparado ya que me la pase íntegramente bajo la mesa entre sus piernas.

He de decir que la noche fue mucho más interesante que la tarde. Ya con sus necesidades más básicas cubiertas, el chico se dedico simplemente a entretenerse con mi cuerpo. Utilizo ampliamente el rollo de cinta americana ensayando diferentes posibilidades de tenerme inmovilizado que arrancaba firmemente de mi piel cuando le molestaban dejando un buen enrojecimiento y sacando un gruñido de mi boca.

Cuando encontró la postura adecuada con la ayuda también de las esposas se dedicó durante un largo rato a mi culo, al que ya le había prestado mucha atención al poco de llegar mojándolo con su boca con lo que sería el único lubricante para la primera follada de la tarde. Esta vez jugaban con sus dedos y la palabra jugar no era exactamente la correcta. Muy de vez en cuando dejaba caer una minúscula gota de lubricante justo sobre mi abertura que rápidamente era empujada por uno o varios de sus dedos que entraban de golpe y hasta el fondo para salir un segundo después con la misma brusquedad dando un giro sobre si mismos. No tardó más de 20 minutos en estar metiendo y sacando todo su puño de mi con largos soplidos que arrancaba gemidos por mi parte. Estos parecieron molestarle cuando iban acompañados del movimiento de mi cabeza buscando algo con lo que llenar mi boca para aliviar el ardor de mi parte trasera y me acerco con su pie una de sus zapatillas que tuve que morder en varias ocasiones.

Cuando me soltó y me levante mi cara estaba recorrida por enormes gotas de sudor que caian desde mis sienes y mi cabello y mi suspensorio estaba completamente empapado de sudor y de las poluciones que me había arrancado todavía marcando mi miembro duro a través del blanco mojado. Se fijo en este efecto que había conseguido y me sugirió que me diera una ducha. Lo hice vaciando antes el cenicero y dejándole una nueva cerveza en el reposabrazos del sofá.



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